Hemeroteca :: 01/11/2007
48/48
Opinión

Desde mi postura Eduardo COCA VITA Cazador y escritor

La espera tiene de gratificante ser la forma más sublime de espiar a la naturaleza (Antonio Miralles)

Última actualización 01/11/2007@00:00:00 GMT+1
“El término esperas en blanco lo aplico a las que hago sin ánimo de matar, sólo con el de observar la vida animal de cualquier tipo, condición y tamaño”
Sé que el título es algo cursi. Y muy forzado. Está copiado de “ojeos en blanco”, más común en algunas fincas de perdices, sin escopetas en las posturas, con el único afán de evaluar el comportamiento y reacciones de las aves y aprender sus querencias. Yo lo aplico a las esperas que hago sin ánimo de matar, sólo con el de observar la vida animal de cualquier tipo, condición y tamaño. Pero con rifle, por si entra el cochino (hipótesis improbable, por presentimiento y por falta de disposición de espíritu, uno y otra más necesarios que la pólvora en lance como el soñado). Aprovechando las previsiones del plan técnico del coto CR-11525, el pasado verano (mes de julio, sobre todo) me puse varias tardes a esperar con ese planteamiento en la finca donde cazo la mayor. Siempre a su caída, antes de esconderse el sol y hasta que llegaba la noche. A veces rebasando ese momento mágico crepuscular, para contemplar la naturaleza a la luz de la luna y bajo las estrellas, aunque no por mucho rato, no más de las 12 nunca. Sentado en el estratégico peñón que allí hay, a la altura y distancia convenientes, me sitúo enfrente justo del pantanillo que la alianza entre una mina abandonada y la energía solar me permiten tener activo, con agua más que suficiente en una zona tórrida y completamente huérfana de abrevaderos, donde ya para los santos Pedro y Pablo la calorina se ha sorbido hasta la última gota de los pocos que haya. Una gran suerte esta solución de la bomba sumergida y la placa solar permanente, sin mantenimiento ni tarifas de consumo. Y sin preocupación ni trabajo alguno, que es como de verdad puede decirse que se han arreglado los problemas, y no con esas soluciones que te acarrean gastos periódicos y obligaciones de conservación. Desde que llegas al paraje de marras, compruebas la atracción que esa tabla de agua, renovada por las filtraciones del culo del pantano, tiene sobre todos los bichos, sabandijas, animales, bestias y bestezuelas. Infinidad de pájaros y aves revolotean buscando mosquitos, se acercan a las frescas riberas circundantes para sestear y descansar, aterrizan en sus bordes para beber y revolcarse, se posan en las ramas de los fresnos caídos o secos… Cuando es algo más tarde, surgen de las entrañas de la tierra las ranas (que se oyen y no se ven, esa es la verdad). Otros vivientes, particularmente insectos, moran o merodean por allí a cobijo de un hábitat húmedo tan minúsculo, pero oro puro en mitad del llamativo secarral. Algún pequeño mamífero, cinegético o no cinegético, también prueba del líquido con habitualidad o esporádicamente. Y hasta una garduña vi una vez saciando su sed en esa lagareta, donde casi todos los días se deja caer algún pato en solitario, emparejado o gregario de grupos más nutridos. Los arrendajos, rabilargos y mirlas que allí se revuelan pasan muy cerca, en ocasiones casi rozándote la cabeza. Y no hablo en lenguaje figurado, que los he tenido tan encima como para darles con el cañón. Pero lo que más me seduce y de verdad me atrae es la contemplación de las ciervas y sus crías que, todavía moteadas de pintas en las fechas de referencia, cabría apelarlas “salineras” o “berrendas en colorado”, para usar términos del pelaje de los toros. Cautiva verlas asomar por la umbría o la solana: precavidas y recelosas, pero diligentes. Con el incesante meneo de orejas, con ese constante estiramiento y viraje del larguirucho pescuezo, con esa permanente mirada estable de telescopio que apunta a todas partes, escudriñando en todos los ángulos y por todos los rincones. Y con la nariz en funciones de periscopio de olores, para no desperdiciar ni un efluvio de peligro. Y hacen muy bien, porque no están libres de ningún riesgo viviendo entre cazadores, agricultores y pastores o vaqueros motorizados, muchos incluso armados. Con el refuerzo añadido, por si no hubiera bastante, de los extraños y ocasionales fareros y furtivos, de fáciles recorridos en busca del cegamiento que asegure el balazo terrorista. Y junto a los cembos del carril siempre, no vayan a herniarse arrastrando la res o cargando con el trofeo.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
48/48
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaza.com, web oficial de la revista Trofeo, decana del mundo cinegético
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.