Perros de caza
Veterinaria
Texto y fotos:
Juan José GARCÍA ESTÉVEZ
Última actualización 01/11/2007@00:00:00 GMT+1
En esta tercera entrega sobre el nuevo cachorro y su educación, vamos a tratar su introducción en la caza. Recordando lo que expusimos en los artículos anteriores, lo primero es haber elegido un buen cachorro con una buena genética para la caza, realizar una buena crianza con ayuda del veterinario, y una educación básica para poder controlarlo debidamente. Ahora llega el momento de salir al campo y empezar a disfrutar enseñándole a cazar.
Si hemos hecho correctamente los pasos previos a la introducción en la caza, llegados a este punto tenemos un joven perro plenamente desarrollado, sano y fuerte, con ganas de “comerse” el campo –y todo lo que se le ponga por delante–, y deseoso de aprender todo lo que le enseñamos.
Perros de pluma. En los perros de pluma, dedicados principalmente a la caza de la perdiz, la distancia de caza tiene una gran importancia. En condiciones normales la perdiz salvaje no aguanta la muestra por lo que llevar el perro a corta distancia y controlado es muy importante. En este momento es cuando las lecciones aprendidas de educación básica cobran su importancia, ya que estas primeras lecciones en el campo son especialmente importantes porque quedarán profundamente grabadas en su mente.
Personalmente utilizo los cotos de caza intensiva, donde se puede organizar todo para que esté a favor del alumno y que podamos controlar la situación lo mejor posible. Desde mi punto de vista no existe ningún problema porque las primeras salidas al campo sean con caza sembrada, no va a perjudicar al cachorro y vamos a obtener muy buenos resultados en poco tiempo. Pero no todo el mundo opina así. Hay cazadores y adiestradores a los que no les gusta la caza sembrada para perros que van a trabajar con caza salvaje, ya que creen que la caza huele de manera diferente y que el trabajo se convierte en algo muy sencillo para el perro. No comparto esta opinión. El primer punto es muy sencillo de solucionar. Metiendo las aves en jaulas grandes, con baja densidad de animales y comida en grano, en unas semanas huelen como las salvajes, y además adquieren una magnifica capacidad de vuelo, evitando que los perros las capturen y aprendan a romper la muestra. Referente al segundo punto, que los perros se vuelven vagos por la facilidad de la caza, depende de nosotros y de cómo enfoquemos la lección del día. Si todo está bien planteado, con abatir tres piezas en una sesión es más que suficiente, y espaciándolas y sembrando en zonas difíciles podemos complicar bastante la caza. Lo que supere este número de piezas, no está orientado a educar al perro, sino más bien a darle gusto al gatillo y al cazador. Con la disminución de la caza menor, la caza sembrada es casi imprescindible para poder educar a un perro, sólo hay que utilizarla bien y con sentido común.
En las primeras lecciones utilizo una traílla o correa extensible, y siempre llevo al joven perro bajo control, para poder corregir cualquier defecto o error. Un pequeño tirón de la correa bastará para “insistirle” que cumpla la orden que le damos. Este método es especialmente efectivo para inculcarle al joven cachorro la distancia de caza, y muy efectivo para corregir problemas de muestra, especialmente los perros que tienen muestras dubitativas y tienen a romperlas e intentan coger la caza.
Perros para becada. Existe el caso contrario, es decir, perros que queremos que cacen largos, para que la búsqueda sea lo más amplia posible. Perros que concursan en caza práctica, y especialmente en pruebas de búsqueda y gran búsqueda necesitan ésta cualidad, que nos interesa especialmente en los perros dedicados a la becada. La zona de densa vegetación donde se caza esta especie necesita de ejemplares de gran recorrido que les permita llegar a las zonas donde se localiza la pieza, ahorrando un agotador trabajo al cazador.
En estos casos funciona bien iniciar a los perros en zonas de campo abierto con pequeñas manchas de monte o vegetación más densa. En estos puntos sembraremos la caza. En cuanto el perro localice las piezas en estos lugares en varias ocasiones, aprenderá que la caza está en estos lugares e inmediatamente irá a buscarlas allí, y nosotros le daremos libertad para que se aleje. Nada más soltar al perro, saldrá corriendo a buscar estos puntos, fomentando desde el principio que se alargue en la búsqueda.
Sabuesos. Desde muy pequeños, los sabuesos bien enrrazados tienen un fuerte instinto de de rastreo, no levantando la cabeza del suelo y olisqueándolo todo. Además ya poseen todas las cualidades necesarias para el trabajo que van a realizar: testarudez e independencia. No suele ser necesaria una gran dedicación para la educación en cuanto al manejo, ya que no importa que se alejen, de hecho esto es beneficioso, ya que “mueven” más caza, que a la postre es su objetivo final, desalojar la caza del monte para que el cazador puede abatirla.
Personalmente espero a que finalice su desarrollo físico para que puedan aguantar el duro trabajo sin que se resientan. En torno a los seis meses para las hembras y ocho para los machos –depende mucho de la raza y la constitución individual– comienzo a sacarlos al campo. Su instinto hará el resto. Sacarlos a zonas donde se mueve la caza es el mejor sistema de educación de un sabueso, pero éste se acelera con un par de pequeños trucos. Hay diferentes estudios que indican que los perros aprenden por imitación, por lo que sacarlos con perros experimentados, y que saben el oficio, acelera el aprendizaje. Si es la madre del cachorro, o un perro con el que esté hermanado –con el que convive en le perrera, por ejemplo– mucho mejor. Confían en ellos y se esfuerzan en imitarlos. Pasadas unas salidas al campo, y cuando el cachorro ha aprendido lo necesario y “sabe de que va el tema”, hay que empezar a sacarlo solo, para que coja confianza en sí mismo, y no se convierta en un segundón acostumbrándose a seguir a un perro experimentado.
Otro tema interesante que ayuda a despertar el instinto cazador del cachorro –especialmente si no tenemos un perro experimentado para iniciarlo– es sacarlo de noche a zonas donde la caza se mueve. Por la noche, los rastros son vivos y frescos. Además el grado de humedad es mayor y la temperatura más baja, lo que ayuda a los perros a captar mejor los efluvios. Leon F. Whitnay, maestro de sabueseros, montaba a los jóvenes perros que estaba educando en un coche por la noche, mientras “carrileaba” hasta encontrar una pieza. Una vez que la localizaba, se bajaba inmediatamente y los ponía sobre el rastro encendido, casi a la vista. Pocos sabuesos se resisten a ésta prueba. Otro tema es la legalidad del método…