Reportajes
Conservación
Carlos del Álamo Jiménez
Ingeniero de Montes
Última actualización 01/12/2007@00:00:00 GMT+1
El cambio climÁtico, que en estos momentos se evidencia por un aumento acelerado de las temperaturas en todo el planeta, está provocando cambios en la flora y en la fauna de nuestro país.
El asunto del cambio climático se ha convertido en una de las preocupaciones de la sociedad mundial. Aunque es cierto que no hay unanimidad en su diagnóstico y en el alcance de sus efectos, sí es verdad que se ha constatado una elevación de la temperatura media del planeta de 0,6 ºC durante el siglo XX y que el nivel de los océanos ha subido 10-12 cm. a lo largo del siglo pasado.
Los científicos que informan al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas estiman que de continuar aumentando las concentraciones de CO2 en la atmósfera se llegaría a un incremento de 1,4 a 5,8 grados de temperatura a final del siglo XXI.
El cambio climático inducido tiene su origen en la emisión de los llamados gases de efecto invernadero: metano, óxidos de nitrógeno, anhídrido carbónico que son, entre otros, los principales causantes de esta situación. Para no aburrir con cifras y datos diremos que la concentración de CO2 en la atmósfera ha pasado de 280 ppm en los tiempos de la Revolución Industrial a 400 ppm en la actualidad y que existe una relación lineal entre incremento de la concentración de anhídrido carbónico y de la temperatura.
Las consecuencias de la modificación rápida de los parámetros del clima sólo se pueden prever a través de modelos de predicción que estiman la situación climática en un territorio determinado en un plazo también concreto. Son hipótesis, pero con grados de certeza derivados de su rigor.
¿Qué pasará con nuestra fauna? ¿Qué va a ocurrir con nuestros bosques y con nuestras especies de caza o de fauna salvaje? Hay varias hipótesis para España. Las Islas Canarias, Baleares y la Península, en la mitad sur, tendrían una calentamiento generalizado. En la mitad norte de la Península la situación sería muy similar a la actual.
La falta de lluvias sería el principal problema, no tanto para la naturaleza, que se adapta siempre a las situaciones del entorno, como para nuestra economía, que depende del clima.
¿Afectará el cambio climático a la caza? Desde luego. Nadie que conozca la biología de las especies de caza puede pensar que éstas van a quedar fuera del alcance de los efectos que el cambio climático va a producir en nuestros ecosistemas y en los sistemas agro-silvo-pastorales, que vienen aprovechando la tierra de una manera muy parecida, con más o menos maquinaria, agua o fertilizantes, desde el final de la última glaciación.
El cambio climático que se está produciendo es fundamentalmente observado a través del calentamiento global, que durante el siglo XX, y es cierto que también con altibajos durante el mismo, ha anotado una subida de 0,6 grados celsius de temperatura media.
Hay una serie de indicadores identificados durante el siglo XX que avalan un cambio climático:
– Retroceso de los glaciares no polares de montaña.
– Disminución en dos semanas de la duración de la cubierta de hielo en ríos y lagos, en latitudes medias y altas durante el siglo XX.
– Subida del nivel máximo global del mar a razón de 1-2 mm. por año durante el siglo XX. Esta tasa de elevación es 10 veces mayor que en los 3.000 años anteriores.
– Aumento de la época de crecimiento de los árboles de 1 a 4 días por década en nuestras latitudes.
– Desplazamiento de aves, insectos y mamíferos a altitudes más elevadas.
– Adelanto de la floración, llegada de las primeras aves migratorias, época de cría y aparición de insectos en hemisferio norte.
Estos son algunos ejemplos de un cambio que se ha podido percibir por una generación en nuestro propio país, visibles para muchas personas que viven una relación continua y directa con la naturaleza.
Cambios que, por haberse producido en pocos años, no significa que no sean válidos e indicadores de una tendencia, que precisa de más tiempo para confirmarse, pero a los que la humanidad no puede esperar para tomar decisiones, pues en ese momento ya no tendrían solución y España, por su situación geográfica, está en una posición muy vulnerable.
Ante esta situación cabe, o eliminar inmediatamente las emisiones, lo que socioeconómicamente es imposible, o tratar de reducirlas, mitigar los efectos y fomentar los sumideros de gases.
Cambios según regiones. En España los efectos del cambio climático serían distintos en la región Atlántica, donde hay agua y humedad relativa elevada, que en la región Mediterránea donde hay temperaturas más elevadas y sin embargo, faltan el agua y la humedad.
En definitiva se producirá un desplazamiento de las especies vegetales, en función de los cambios de humedad y temperatura, que llevará acompañado un cambio de las especies de fauna asociadas, incluidas las cinegéticas.
La complejidad del fenómeno es tal que las predicciones a escala global no tienen tampoco por qué traducirse en cambios a nivel local, sobre todo en un país como España, con una enorme diversidad de ambientes, consecuencia de su situación geográfica, de la orografía y de la influencia marina, entre otros factores.
Por ejemplo, un cambio en las relaciones entre predador y presa, en las migraciones o en los períodos de reproducción puede alterar completamente el panorama de la caza. No digamos un cambio en las especies de uso agrícola o ganadero.
Los desplazamientos hacia el norte, acompañando a los bosques que también se desplazarán, buscando más humedad, cambiará las especies de fauna de lugar, siendo más acusado el cambio en las áreas de hábitats específicos como el caso de la montaña, donde la fauna asociada no tiene capacidad de migración o adaptación. El caso del urogallo en la Cornisa Cantábrica o del bucardo en el Pirineo, ¿podrían ser anticipos de este cambio climático? No hay respuesta única, pero es cierto que estas especies no pudieron desplazarse hacia hábitats más favorables.
Un plan nacional para frenarlo. En España, el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático dedica un apartado a la caza y pesca continental, reconociendo que son “actividades económicas que conciernen a numerosas personas y mueven importantes capitales, además de afectar a crecientes territorios gestionados fundamentalmente para su práctica. La caza y la pesca son servicios que los ecosistemas terrestres y acuáticos prestan a la sociedad, y las especies cinegéticas y objeto de pesca deportiva se van a ver afectadas por el cambio climático igual que las demás especies con las que comparten hábitat”.
El Plan Nacional de Adaptación recoge cuatro líneas principales de actuación para evaluar los efectos del cambio climático sobre la caza y la pesca continental:
– Cartografía de impactos por especies y poblaciones cinegéticas y piscícolas, bajo los distintos escenarios de cambio climático.
– Evaluación de potenciales medidas de adaptación al cambio climático en la gestión cinegética y piscícola, analizando sus efectos no deseables sobre la fauna y flora protegida.
– Evaluación de las especies foráneas de peces objeto de pesca deportiva bajo los distintos escenarios de cambio climático, e interacciones con los endemismos de peces españoles.
– Evaluación de medidas adecuadas para controlar los agentes portadores de las especies invasoras –renovación de los aparejos de pesca, limpieza de embarcaciones al trasladarse de cuenca, etc.–.
Estas medidas, que en este momento no conozco su grado de ejecución, tendrán que llevarse a cabo en el marco de una acción amplia. No será sencillo, pues hay mucha incertidumbre, pero hay que estar muy atentos pues el cambio va a afectar a los ecosistemas naturales y a los mantenidos por las actividades humanas.
El clima es un fenómeno complejo, la temperatura es una variable entre otras muchas, y es la única que está medida con más o menos precisión durante el pasado siglo y es muy definitoria del clima de un lugar. Habrá que empezar por analizar, en concreto con respecto a la caza, qué ocurre en los lugares más próximos al nuestro, donde la temperatura media sea tradicionalmente superior en 0,5 -1 o más grados y concluir el cambio que se producirá en caso de incremento de la temperatura en esa cuantía, en nuestro entorno . Es simple pero muy clarificador.