Reportajes
Ojeo a la investigación
Última actualización 01/12/2007@00:00:00 GMT+1
CientÍficos del Irec han demostrado lo que se intuía: los galgos capturan con más facilidad a las liebres parasitadas.
Desde que el perro fuera domesticado, a finales de la época paleolítica, ha constituido una ayuda inestimable para el ser humano. Entre las numerosas labores que se le han encomendado está la de “colaborar” con el hombre en gran parte de las modalidades venatorias. En la caza de la liebre con galgo el protagonismo del perro es absoluto, relegando al hombre a la condición de mero espectador de un acto de depredación, en el que tanto la liebre como el galgo desarrollan una lucha de poder a poder.
El galgo español es una raza autóctona, de origen africano, forjada en la orografía de la Meseta. Sus características morfológicas le otorgan la estructura perfecta para ser un veloz corredor con relativa resistencia. La conformación de esta raza es el fruto de una intensa selección para conseguir un depredador especialista de la liebre, su única presa.
Velocidad y mimetismo. La liebre ibérica –Lepus granatensis–, especie endémica de la Península Ibérica, es un prodigio de la naturaleza y presa de numerosos depredadores. Para poder defenderse de éstos posee numerosos recursos y estrategias. Se trata de una especie de pequeño tamaño perfectamente diseñada para la carrera. Su gran corazón –mucho mayor de lo que correspondería a un animal de su tamaño– y su conformación atlética le permiten alcanzar elevadas velocidades de hasta 60 Km./h., con una gran capacidad de aceleración y de realización de quiebros.
Su otra gran arma frente a los depredadores es su perfecto mimetismo, que le permite pasar desapercibida. Quizás ésta sea la primera estrategia seleccionada por la liebre para evitar el gasto energético ocasionado durante la huida. Además, su estado de alerta y su posición dentro del “encame”, con los cuartos traseros más bajos que la cabeza para conseguir una perfecta propulsión al comenzar la carrera, le otorgan los reflejos necesarios para pasar del camuflaje a la huida con gran rapidez.
Una vez conocidos los dos protagonistas de esta modalidad venatoria, verdaderos portentos de la naturaleza, se puede entender un poco mejor la gran pasión que esta caza despierta entre sus practicantes, verdaderos enamorados de esta raza de perro.
Una vez que la liebre es levantada del “encame” empieza el espectáculo. La collera de galgos que posea el turno realiza una carrera detrás de la liebre con el propósito de darle alcance. En ese momento se establece una persecución donde ambas especies ponen a prueba su calidad biológica. Según la estrategia y velocidad de ambos, la resolución de la carrera será una u otra.
La influencia de los parásitos. En el interesante trabajo que hoy presentamos existen además otros protagonistas, los parásitos. Los parásitos son organismos dependientes de otros organismos superiores, de los cuales se benefician y a los que causan un cierto perjuicio. Este daño oscila según varios parámetros, como son la virulencia, el número de parásitos o la localización de éstos en el organismo. Normalmente no existen signos clínicos hasta que no se produce una gran invasión del organismo parasitado, pero se producen efectos nocivos indirectos. Estos efectos pueden incluir consecuencias sobre la reproducción, condición física, comportamiento o susceptibilidad a la depredación.
¿Quiere esto decir que los individuos más parasitados son seleccionados negativamente en la naturaleza? ¿Que los individuos más parasitados pueden suponer individuos de peor “calidad”?¿Está en juego por tanto la “calidad” genética?
Vanesa Alzaga, Joaquín Vicente, Diego Villanua, Pelayo Acevedo, Fabián Casas y Christian Gortázar, en colaboración con cuadrillas de galgueros de la S. D. C. de Miguelturra (Ciudad Real), intentaron dar respuesta a todas estas preguntas empleando la caza de la liebre con galgo como “modelo” de depredación y analizar las interacciones de la relación depredador-presa-parásitos. Los resultados obtenidos serán publicados en breve en la prestigiosa revista científica Behavioral Ecology and Sociobiology.
Los investigadores del IREC acompañaron a los galgueros de Miguelturra durante un par de temporadas con el objetivo de recoger datos sobre los lances cinegéticos realizados por los galgos, así como muestras de las liebres capturadas. El objetivo era comparar la condición física y la distinta carga parasitaria, en función del tiempo de duración de la carrera para los animales capturados ya que, lógicamente, no pudieron comparar estos animales con los que consiguieron escapar.
Además de los parásitos consideraron también otros factores importantes, tanto en la liebre –sexo, edad, biometría o el estado reproductivo–, como en el galgo –número de collera, la distancia de salto o el número de carrera–, así como de la climatología u otros factores externos.
Encontraron en las liebres cazadas varias formas parasitarias, todos ellas relativamente frecuentes en las poblaciones de liebre ibérica. Fundamentalmente se trató de parásitos intestinales: cestodos –de la familia Anoplocephalidae–, nematodos –géneros Nematodirus sp., Nematodirella sp. o Trichostrongylus sp.– y coccidios del género Eimeria sp.
Frecuente fue la presencia de cisticercos de Taenia pisiformis en la cavidad abdominal: una especie de bolsas transparentes con puntos blancos en su interior que suponen las formas inmaduras de la tenia adulta y que se alojará en el carnívoro que deprede a esa liebre o se coma sus vísceras.
Principales hallazgos. Los principales hallazgos fueron que cuanto mayor era la abundancia de cisticercos de Taenia pisiformis o de coccidios, o cuanto mayor era la diversidad parasitaria –formas parasitarias presentes–, más corta fue la carrera soportada por la liebre, antes era alcanzada por los galgos. Lo mismo sucedió con las liebres de menor condición física, si bien este parámetro se relacionó de manera significativa únicamente con la abundancia de cisticercos y no con el resto de parásitos.
Es decir, las liebres más parasitadas –dentro de todos los grupos de edad y sexo– son alcanzadas antes por los galgos, por lo que resisten una carrera más corta. Esto puede tener por tanto implicaciones a nivel evolutivo y ecológico de la especie y propone a la caza con galgos como una caza selectiva, donde los individuos más parasitados –a priori, de peor “calidad”– son eliminados con anterioridad.