Hemeroteca :: 01/12/2007
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Reportajes

Caza menor Uno de sus mayores practicantes analiza a fondo esta modalidad

Gonzalo Domecq

Última actualización 01/12/2007@00:00:00 GMT+1
El autor es un empedernido cazador de ojeo y una de las mejores escopetas de España. En este artículo analiza a fondo el ojeo de perdices salvajes, desde la propia organización del mismo hasta cómo tirar a las perdices. Aunque se trata aquí el ojeo en estado puro, muchas de las cosas que se dicen en estas páginas pueden servir a muchos cazadores para mejorar su rendimiento y en cualquier caso conocer a fondo esta apasionante modalidad.
La caza de la perdiz tiene muy variadas formas de llevarse a cabo, siendo las principales al salto, en mano, ojeo o caza con reclamo. En nuestra zona, la de Jerez, la más generalizada ha sido la modalidad de ojeo, y en ella nos vamos a centrar, aunque seguro que las otras tienen también todo su encanto y belleza. Por supuesto, cuando hablo de perdices, me estoy refiriendo siempre a perdices salvajes, nacidas en el campo. Un día de ojeo, como toda actividad que concentra a un número elevado de personas y que además se centra en factores difíciles de controlar –si estarán o no los pájaros, hacia dónde volarán, cómo lo harán, etc...– necesita, para que sea un éxito, de una adecuada planificación, y ello implica tener en cuenta a los siguientes participantes: Los ojeadores. El éxito de un día cacería está en función de que éstos sean conocedores de su cometido: su colocación en cada momento, ritmo de movimientos, agitación de banderas que deben portar, vocerío, proximidad entre ellos, etc... Es de suponer que van siempre coordinados y dirigidos por el director del ojeo y sus ayudantes, pero a veces la intuición propia de cada uno de ellos resulta trascendental. Su número depende de las características del terreno a batir: orografía, estado vegetativo de los cultivos en su caso, zona de monte o arbolado, olivar, etc... y también de si van a caballo o a pie. Siempre se dice que un ojeador a caballo vale por dos a pie, lo cual si bien es cierto, si el jinete es buen conocedor de su cometido, su valía se puede incluso incrementar. El número medio de ojeadores suele oscilar entre 30 ó 40. Director del ojeo y sus ayudantes. El director del ojeo normalmente es el guarda responsable del acotado que se ojea, aunque no necesariamente, pero sí tiene que ser un conocedor del terreno y sobre todo de las querencias de los pájaros, así como de la densidad de pájaros de cada ojeo y superficie a batir. De él depende casi todo y volveremos a hablar de él al comentar los aspectos teóricos. Aspectos técnicos. La fecha de celebración es muy importante. No todos los cotos se pueden ni se deben cazar en las mismas fechas. O mejor dicho, cada acotado tiene su fecha idónea por sus propias características y por su logística. Pero debe imperar el criterio cinegético. Por ejemplo, en un coto de monte-arbolado quizá sea mejor cazar más tarde. Si es un viñedo, antes de la caída de la hoja, etc. Conteo-aforo. El organizador debe saber y tener su propio convencimiento sobre lo que espera –y por supuesto lo que conviene– cazar y su plan técnico permite. En ello, desde luego influyen factores exógenos –climatología del mismo día y previa– y también la calidad de los cazadores, ojeadores y jefe. En esto a veces también se puede influir. Cuando no se quiere matar mucho, se puede batir más deprisa, colocación más difícil, etc... Pero desde luego el nivel de presión debe ser sostenible y desde luego sostenido para que la gestión se pueda considerar satisfactoria. Corte de los ojeos. Aquí lo primero es tener claro el objetivo que debe imperar. Por ejemplo, si se quiere matar más, buscar una colocación con buena “matadera”, o si se quiere menos, complicar el tiro por altura, visibilidad, etc. También es muy importante tener en cuenta siempre colocaciones alternativas porque nos podemos encontrar con el factor exógeno que puede determinarlo: el viento. Contra él no se puede batir con carácter general, aunque puede haber excepciones. En cuanto a la superficie de un ojeo medio, éste puede ser de 150 has, aunque ello pueda variar enormemente en función de las características del propio terreno, pudiendo variar desde 20/25 has. –muy raro– hasta las 300/350 has. Lo que sí es muy conveniente es que el terreno a batir y la colocación permita que se pueda hacer una “remetida”, es decir, batir en falso una parte haciendo que las perdices de esa zona entren en el ojeo para luego pasar la línea de los cazadores. Esto tiene la ventaja de hacerlo más dinámico y regular, ya que esas perdices entran antes, y luego aquéllas que se encontraban en el mismo terreno a batir. De no hacerlo así y llevarlo a cabo siempre de la otra manera –batiendo un terreno al tope– se matan siempre las perdices de esa zona y aquéllas de las partes más alejadas no se matan nunca, pues no llegan a las escopetas. La “remetida” debe ser 1/3 del total del terreno del ojeo. Otro aspecto importante para el corte del ojeo es la orografía del terreno. Lo conveniente es que la dirección de la batida se lleve a cabo cuesta abajo, lo que facilita tener “el pájaro dominado” y que tenga un buen “cierre” por los laterales, de forma que por las alas los batidores tengan una posición dominante. Dirección de la batida. Éste es un factor clave del que depende gran parte del éxito o fracaso. Debe contarse con un buen equipo de ayudantes-ojeadores, deben conocer el terreno y la querencia de los pájaros. Creo fundamental que el director de ojeo vaya a caballo, que por otra parte mejora enormemente la estética de la batida. Un instrumento importante es la corneta y saberla manejar. La belleza de una batida es un compuesto de elementos en que los sonidos y su ritmo tienen mucho que ver. El director de la batida tiene que tener muy estudiado cómo va a llevar a cabo el tema y en ello tendrá una incidencia trascendental el viento –hay que tener en cuenta las predicciones, que hoy son muy fiables y exactas–. Pero al final, en el momento exacto, por muy estudiado que esté el tema, es clave la sensibilidad del jefe de ojeo para saber maniobrar con rapidez y eficacia ante las reacciones inesperadas del pájaro y las circunstancias cambiantes, una sensibilidad que puede llegar a convertirse en arte: bajarse del caballo al asomar a un cerro, hacerlo poco a poco, volverse atrás y volver a asomar, usar la corneta en los momentos justos y con el ritmo adecuado, batir gran parte andando, incluso agacharse batiendo un llano cuando se levanten pájaros, etc.. Otra función que tiene es, con un toque largo de corneta, dar el ojeo por acabado y que se inicie la cobranza. La colocación de los puestos. Es otra parte clave en la organización y fundamentalmente tiene dos fases. En primer lugar hay que decidir lo que es el propio corte del ojeo, dónde va a ir colocada la línea de escopetas, midiendo previamente si caben todas las que se van a colocar. La cartografía digital actual simplifica enormemente este trabajo. En este apartado, lo fundamental a tener en cuenta es que la línea de escopetas quede por debajo del nivel medio del terreno a batir, es decir, colocada en un declive del terreno –arroyo, desnivel, etc.– de forma que los pájaros no vean la línea de escopetas hasta que estén encima de ellos. Y no olvidar la parte trasera, la “llamada” ni el viento dominante. Una vez decidida esta fase, en la segunda hay que ser todavía más minucioso al colocar puesto por puesto decidiendo su ubicación exacta y midiendo la separación entre ellos. En esta fase, lo que hay que buscar principalmente es la belleza de cada sitio concreto, y tratar de independizar los tiraderos de cada uno. El puesto ideal es aquel que esté en desnivel, con monte por delante y un tiradero independizado por arboleda o declives del terreno. La línea de escopetas no tiene por qué ser continua. Es algo que vemos muchas veces y que obliga a colocar algún puesto “muy feo” y que no toman los pájaros. Es decir, que es muy conveniente muchas veces dejar espacio sin puestos –se puede aprovechar para dejar los vehículos– y dividir la colocación en dos o tres “armadas” diferentes. Horario y orden. Dentro de la planificación del día es clave el orden de los ojeos, cazando cada cual a su horario adecuado. No sólo es importante el criterio de que los pájaros estén a cada hora en cada sitio a batir, sino que hay que tener en cuenta otro factor, en relación con el punto anterior del corte de los ojeos, que es la colocación del sol en cada momento, lo que puede convertir un ojeo maravilloso en un suplicio y dar al traste con todo el éxito. Armas a utilizar. Si bien en el ojeo se puede utilizar cualquier arma legalmente autorizada, en nuestra zona, la tradición y la forma de entender esta práctica, y así lo entiendo yo, es hacerlo con paralelas. Es lo más deportivo, estético y creo que son las normas del juego, aunque respeto, pero no comparto, otra forma de hacerlo, aunque se obtengan, que así será, mejores resultados. En cuanto al calibre, lo normal es el 12. Hay quien utiliza el 20, aunque creo que no tiene otra ventaja más que la mayor facilidad de manejo –por menor peso– ya que el retroceso del tiro se puede reducir utilizando en el 12 igual o menor carga que en el 20. Últimamente hay quien utiliza las superpuestas que, si bien es igual en cuanto a lo deportivo, no es ni estética ni tradicionalmente lo que se ha hecho en nuestra zona. En cuanto a las características del arma, longitud de cañones, chokes y encare, no se puede establecer un modelo exacto a seguir y depende de cada cazador en concreto y de su nivel de habilidad-experiencia en su manejo. Lógicamente, alguien que se inicie o tenga poca habilidad, debe usar cañones más cortos y chokes más abiertos. Respecto a los chokes, a diferencia de otras modalidades en las que siempre o casi siempre se tira el segundo tiro cuando la pieza está más alejada –de ahí que casi todas las escopetas paralelas tengan el segundo tiro con un chokes más cerrados–, en el ojeo pasa más bien al contrario, de ahí que haya escopetas específicas de ojeo con los chokes “cambiados”. Pero tampoco es estrictamente esto cierto en el ojeo, ya que gran parte de los pájaros entran de forma muy variada, de ahí el encanto de esta modalidad, por lo que yo me inclino, y así lo tengo, por el mismo choke en los dos cañones. Este tipo de arma, con idénticos chokes fijos, desde luego no existe en el mercado normal y se tienen que hacer por encargo. Lo que sí es importante es que la pareja de escopetas sean idénticas en todo, y sobre todo en la presión de los gatillos, pues como luego veremos, gran parte del éxito del tiro está en la velocidad de cambio y no se debe notar la diferencia entre ellas. Concretando, la longitud de cañones puede variar en función de lo antes comentado, desde 67 cm. hasta 71/72 cm. Lo estándar, que entiendo ideal con las ventajas de rapidez y de mejor puntería, sería 70 cm. Y en cuanto a chokes hay que tener en cuenta que es una modalidad en que la mayoría se matan cerca, a menos de 25 metros que, dicho sea de paso, es el campo de tiro lateral con los vecinos, por lo que no debemos irnos a chokes muy cerrados, lo que permite más rapidez de tiro al tener que apuntar menos, aunque es verdad que en los atravesados se “rebaña más” con chokes cerrados. Pues bien, atendiendo a las características del tirador y su forma-habilidad-experiencia de tiro, los chokes pueden variar desde 0,3 mm hasta 0,8 mm, que en la terminología de estrellas –menos exacta porque implican una escala y no una exactitud– sería de 3 –casi 4– a 2. Si vamos a lo ideal, el paradigma es conseguir tirar muy rápido –y acertadamente, por supuesto–, y hacerlo con un arma lo suficientemente cerrada como para matar también los pájaros largos. Está claro que es difícil. En cualquier caso no hay que olvidar que a la larga, si matas en un día de ojeo todos los que te pasen a tu distancia –en tu campo de tiro a menos de 25 metros–, serás siempre el que mejores resultados obtengas. Una última observación sobre los chokes, y es no hacer totalmente caso de lo que pone. Hay que medirlo y a veces nos llevamos algunas sorpresas. Y otra observación: que sepamos qué chokes manejamos para tirar en consecuencia. Hay veces que nos sorprendemos de que alguien de buen nivel no sabe qué chokes está manejando. Los cartuchos. En cuanto a los cartuchos, no cabe duda que la evolución ha sido importante en los últimos tiempos y que hoy día es difícil encontrar un cartucho que no cumpla nuestras expectativas y satisfacciones. Pero siempre habrá alguno que se ajuste más y mejor al gusto personal y además, dentro de la calidad y nivel general, uno puede ser mejor que otro. Ante todo hay que buscar la regularidad. Por ello es bueno, si vamos a practicar la caza con asiduidad, no sólo en ojeo sino en cualquier otra modalidad, adquirir el mismo lote para toda la temporada, ya que a veces cambian cualquier componente –pistón, pólvora, taco, o hasta la vaina, que puede no ajustarse igual y cambiar la presión– y el resultado no es el mismo. No está de más hacer pruebas en planchas de plomeo para ver cómo se adapta el cartucho a nuestra escopeta y estudiar también su penetración. En ojeos se pueden utilizar cartuchos desde 24 hasta 34 gramos, aunque creo que lo correcto es utilizar 30 ó 32, siendo mi particular preferencia de 30. Una carga demasiado fuerte reduce la velocidad entre disparo y disparo. En esto sí influye mucho el lugar donde habitualmente cazamos, pues creo que tiene más importancia la temperatura que la propia carga y nuestras temperaturas en octubre suelen ser muy altas, no siendo raro alcanzar los 30-32 grados. El diámetro del perdigón puede variar en función del cazadero y del puesto en concreto, y más que nada de la época. Si sabemos que el cazadero o el puesto es fundamentalmente de pájaros largos y altos, pájaros fuertes, sería más indicado el plomo 7 –106 perdigones por cada 10 gramos–, siendo la alternativa el 8 –145 perdigones en 10 gramos–. Pero algo que influye todavía más es la época. No es lo mismo principios de octubre, cuando la mayoría de los pájaros –los nuevos– tienen 5 meses de edad que diciembre, cuando tienen un aumento de dos meses que suponen un 40 por ciento de más edad, lo que influye enormemente en su fortaleza y resistencia. En nuestra zona en concreto yo recomendaría el plomo 8 en octubre y el 7 a partir de noviembre. El resto del equipo. El equipo no difiere en general de otras actividades de caza, aunque sí tiene sus propias particularidades. Hay que distinguir dos partes bien diferenciadas: En primer lugar el equipo humano, ya que esta modalidad se ha entendido siempre con paralelas y cargador, por lo que se necesita la colaboración de una persona para este fin, y además, dado que a veces se tira muy rápido, hay que tener otra persona de marcador-cobrador. Por otro lado, además del equipo habitual de caza, se necesita un “avispero” para facilitar la cogida de cartuchos al cargador, una zoleta para arreglar el suelo –incluso una esterilla de esparto–, fundamental para el buen asentamiento de los pies y poder tirar bien, sobre todo si el suelo está embarrado, y básico, desde la seguridad y la legislación, el uso de pantallas. Hay que destacar aquí, que además de que son obligatorias –siempre que los puestos estén a menos de 50 metros–, son totalmente recomendables. Pero ojo, si no están bien colocadas no sirven para nada, y tenemos que colocarlas pensando, más que en protegernos, en impedir tirar en dirección a los puestos que tenemos junto a nosotros. Como equipo adicional no está de más –a veces es una extraordinaria ayuda– una pantalla para protegernos del sol cuando lo tenemos de cara, que puede ser un poco más pequeña que las otras y con un mástil que se pueda levantar un poco más. Y volviendo al equipo humano, decíamos que el papel del cargador es fundamental. Antes que nada, lo primero es colocarlo correcta y adecuadamente. Su mejor posición para un diestro –para zurdos sería el lado contrario– es sentado a la derecha del cazador y mirando en sentido contrario. Esto permite que cierre las escopetas hacia donde no hay nadie y un manejo mucho más seguro en el cambio. Otra medida de seguridad en el cambio, que me parece importante destacar, es que se produzca con el seguro puesto en ambos sentidos. Esto me parece fundamental pues la mayoría de los accidentes en ojeos han sucedido precisamente por no hacerlo así. Y además creo que se puede demostrar que con el seguro en buenas condiciones y un sistema adecuado, no se pierde tiempo ninguno. Cogiendo el arma adecuadamente se monta por el camino y se gana enormemente en seguridad. Volviendo al cargador, su función le exige estar concentrado en ella al cien por cien, y a veces se dice que un cargador de primera es bueno que no sea muy aficionado para que no se distraiga en ver los pájaros y esté pendiente exclusivamente del tirador y sus reacciones que a veces son rápidas e imprevistas. La coordinación y conocimiento entre tirador-cargador es básica para alcanzar un elevado nivel y siempre, si no es el habitual, ensayar el cambio varias veces antes de empezar el ojeo. Lo ideal es que el cargador –cuando ya hay buena coordinación– prácticamente nos quite la escopeta de la mano y nos ponga la otra casi en posición de tiro. La diferencia entre un “profesional” y uno no habituado es abismal. En cuanto al marcador, lo importante es su efectividad y su capacidad de retener en la memoria el lugar exacto donde cayeron los pájaros. Tirar las perdices. Como toda actividad deportiva, cada uno la afronta y la practica como le apetece o le gusta. Claro que lo normal es que a todo el mundo le gusta hacer las actividades deportivas lo mejor posible. Y para desarrollar esta modalidad al mejor nivel hay que atender a una serie de principios que seguidamente comentaremos, aunque sin olvidar previamente que es básico partir de que contamos con todo el equipo material y humano antes comentado. Dando esto por supuesto, un alto nivel exige en primer lugar un elevado grado de atención y concentración. En segundo lugar, una importante cualidad es la rapidez que tiene varias vertientes: rapidez en apuntar, tirar y doblar y sobre todo rapidez en el cambio de escopeta y tirar de nuevo. Y rapidez en tirar dos pájaros distintos. Tirar rápido es más o menos complicado, pero lo difícil es hacerlo rápida y acertadamente al mismo tiempo. Dentro de la efectividad, hay que tener en cuenta “el centrado”, es decir, no es lo mismo caer los pájaros de “ala” que “entacados”, sobre todo si están en monte o en viña, en cuyo caso los podemos dar por perdidos. En esto hay que decir que la experiencia dice que todos lo que parecen “estar de ala” lo están, y de los que no lo parecen, el 10-15 por ciento tendrán dificultades de cobra por no estar “entacados”. Dentro de la rapidez y efectividad hay un grado de dificultad que eleva mucho el aprovechamiento de un puesto, que es la capacidad para hacer dobletes. Aunque no se nota mucho luego el resultado final difiere bastante. Antes decíamos que si se mata todo lo que entra cerca –en un radio de 25 metros– el resultado es óptimo. Pues bien, para mejorar el rendimiento la manera de conseguirlo es aumentar el radio de efectividad, lógicamente en el territorio propio, no en el de los compañeros. Respetar el campo ajeno es primordial. El campo propio es delante-detrás nuestro desde la línea media entre ambos vecinos. Las temidas “barras”. Y otro factor importante es el comportamiento propio cuando vienen las temidas “barras”. Parece que a veces es más difícil matar una cuando vienen 30 ó 40 de una vez, que si viene una sola. Parece raro pero es así. Aquí la capacidad de seleccionar cada disparo es vital y de seleccionar adecuada, correcta y rápidamente. Aquí lo que mata es el “rabillo del ojo”. Mientras estamos tirando a una, hay que tener ya mentalmente decidido el siguiente objetivo y procurar hacerlo de tal forma que hagamos un swing continuado, en la misma dirección, lo que permite mayor rapidez. Lógicamente, mientras antes tiremos, hay más margen de terreno para actuar. Aquí en estos casos la sensación debe ser de mantener una barrera, una red, lo más adelantada posible del puesto, mantener el ritmo y nunca “perder la cara” al puesto, no volverse. Esto, que parece sencillo decirlo, es como los toros: desde la barrera se ve más fácil. Jerez se ha caracterizado siempre por tener grandes tiradores en todas las épocas que han destacado a todos los niveles, y creo que esto es una realidad que ha seguido vigente pasado el tiempo. Por tanto, todo esto es bien conocido y sabido en nuestra zona.
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