Armas y Municiones
En la localidad vizcaína de Durango, desde hace más de cincuenta años
Última actualización 04/01/2008@10:08:46 GMT+1
Seguramente Vd. habrá mirado sus cartuchos, donde los perdigones son parte fundamental. Si la marca del cartucho es española, hay más del 95 por ciento de posibilidades de que ese perdigón se haya hecho en Montorretas, en Durango (Vizcaya), la única empresa española dedicada, desde hace más de cincuenta años, a hacer perdigones. Allí nos hemos ido para explicarles cómo se fabrica el perdigón y entrevistar a su gerente, Edorta Oskoz, que entre otras cosas nos ha contado por qué está tan caro el plomo y qué opina de los perdigones alternativos.
La fábrica de Montorretas convierte en su interior ese pequeño milagro de reciclar toneladas y más toneladas de plomo en esos pequeños perdigones que luego saldrán por nuestras escopetas de caza y también de tiro. Una torre de cuarenta metros de altura, que se ve desde lejos, es la que consigue que todos y cada uno de nuestros perdigones consigan la esfericidad adecuada para salir en tropel por nuestra escopeta con destino a la caza o a un plato.
El plomo procedente de las minas ya casi es inexistente, según asevera Edorta Oskoz Uribasterra, un durangués al frente de la empresa de Montorretas. Edorta es hijo de Lino Oskoz Lazkano, quien hace más de cincuenta años se aventuró a crear Montorretas. Esto es lo que nos ha contado.
Pregunta. ¿De dónde viene el plomo?
RESPuESTA. El plomo antes se traía de las minas, lo que pasa es que las minas poco a poco han ido cerrando al no ser rentables; ahora un 75 por ciento del plomo que se utiliza viene mayoritariamente del reciclaje de baterías de coches. También traemos plomo de África, pero viene a ser de lo mismo, porque procede de las baterías de los coches; allí sacan el plomo, lo funden y hacen lingotitos.
P. ¿Cómo se trabaja el plomo?
R. Lo único que hacemos es fundirlo. Primero lo limpiamos, le quitamos todas las impurezas, el cobre, el estaño… echándole nitrato potásico o azufre, o sosa cáustica, lo limpiamos y se le echa el antimonio para darle dureza, para que nos ayude a tensionar la superficie del plomo y se haga esférico y darle la dureza. Depende de si es para caza o para competición.
P. ¿Qué diferencia hay entre los perdigones de caza y los de tiro?
R. El perdigón para caza lleva menos antimonio porque no conviene que sea extremadamente duro, ya que entonces perforas la pieza pero no la matas. Es uno de los problemas que tiene el perdigón de hierro, que es excesivamente duro y no mata. Se quedan más piezas heridas que muertas.
P. ¿Cuántas toneladas de perdigón hace Montorretas al año?
R. Hay que tener en cuenta que en España más del 50 por ciento de los cartuchos que se fabrican se exportan. Si nosotros y nuestros clientes, los fabricantes de cartuchos, vivieran de lo que es el mercado nacional trabajaríamos sólo de septiembre a diciembre. Estamos haciendo al año de media unas 12.000 toneladas de perdigón. Aunque en “épocas punta” nuestros clientes traen perdigón de fuera, de Turquía, o incluso de Grecia, pero eso sí, en épocas especiales.
P. ¿Desde cuándo existe esta empresa? ¿Cuántos sois?
R. En 2004 cumplimos cincuenta años aquí, en este mismo sitio donde estamos, y en la fábrica trabajan unas 22 personas.
P. ¿Y sólo hacéis perdigones?
R. Sólo hacemos perdigón. Bueno, aparte de para los cartuchos, también se utiliza mucho perdigón para las acerías, para hacer aleaciones especiales de acero. Si hacemos 800-900 toneladas al mes, igual 250 van dedicadas a la acería. Lo mandamos a Galicia y allí lo encapsulan y lo mezclan con carbonato cálcico, con azufre; depende de las aleaciones que quieran hacer. Luego lo inyectan al acero para hacer aleaciones especiales. Pero el resto es todo perdigón para caza o tiro. Además, en nuestra empresa se puede fabricar perdigón de cualquier aleación metálica ya que contamos con capacidad de producción.
P. ¿También exportáis perdigón?
R. En estos momentos a Portugal, Francia, Alemania, Méjico y Mali, y esporádicamente a Venezuela.
P. ¿Trabajan con todas las marcas cartucheras españolas?
R. Sí, con Armusa, UEE, J&G, Trust, Del Sur… todos hacen muy buenos cartuchos.
P. En general, ¿cómo son los cartuchos españoles?
R. En España se hacen, para mí, los mejores cartuchos que hay en el mundo. La calidad de los cartuchos que se hacen en España no tienen nada que envidiar a los ingleses franceses o italianos… no es que lo diga sólo yo, lo dice bastante gente. No en vano el cartucho que se hace en España se exporta a Japón, Turquía, Argentina, Chile, a toda Sudamérica, a Países del Este y a Estados Unidos.
P. ¿Cómo ve Vd. el futuro de la caza y el tiro?
R. Muy incierto. El futuro de la caza, lo digo sinceramente, lo veo mal. Porque ya no estamos de moda. Y por ejemplo, el tiro al plato, que es un deporte olímpico, no se puede practicar. Mañana quieres abrir un campo de tiro y te vuelves loco… estamos pasados de moda. ¿Quién caza hoy en día? En mi cuadrilla, cuando éramos chavales, de diez amigos ocho teníamos una chimbera, una escopeta de plomillos. Hoy eso es imposible. Y resulta que vas a su casa y ves que el chaval está con videojuegos todo el día matando y cargándose gente.
El plomo, objeto de especulación
P. Por cierto, ¿cuánto vale el perdigón?
R. El precio cambia todos los meses porque cotiza en la bolsa de metales de Londres. Recibimos todos los días la cotización que desde Londres se va marcando y a final de mes se hace una media, más lo que luego cobramos nosotros por transformarlo.
P. ¿Por qué está tan caro el plomo?
R. El plomo está caro como están todos los metales y las materias primas: el acero, el aluminio, el níquel… todos los metales están caros.
P. ¿A qué es debido?
R. Todo el mundo le echa la culpa a los chinos y a los indios. Que puede ser verdad, son países que antes no consumían plomo y ahora están consumiendo. Más que nada por el tema de las baterías y demás.
P. ¿Entonces hay menos plomo?
R. Faltar no falta, pero tampoco sobra. No es como hace diez o quince años, que pegabas una patada y sacabas diez toneladas de plomo. Faltar no falta. Llamas y, si pagas, tienes. Yo creo que lo del precio del plomo es pura especulación. Como todos los metales cotizan en la LME, aquello es una bolsa, y parece que a hora a los fondos de inversiones les ha dado por especular con los metales, es lo que hay.
P. Y el precio del plomo se ha disparado…
R. Fíjate, si hace dos o tres años podía estar el plomo a ciento y pico de las antiguas pesetas, pues ahora está a quinientas. Y es por eso. Material no falta, no hemos parado un mes por falta de material, pero tampoco sobra. Yo creo que es todo por pura especulación.
La alternativa al plomo
P. Vosotros empezásteis a buscar un posible sustituto al perdigón de plomo hace años…
R. La Sociedad Limitada “Moguia”, propiedad de Montorretas, comenzó en septiembre de 2002 a buscar por su cuenta una alternativa a los perdigones de plomo. Vivimos de ello y los primeros preocupados somos nosotros. Empezamos a trabajar con el equipo de investigación de Francisco Javier Pérez Trujillo, director del Grupo de Investigación de Ingeniería de Superficies, Degradación y Durabilidad de Materiales del Departamento de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid.
P. ¿Cómo era esta investigación?
R. El proyecto se llamó “Estudio de viabilidad y desarrollo de materiales para perdigones de cartucho de caza compatibles con el medio ambiente para minimización del plumbismo en humedales” y desde Moguia señalamos la importancia del coste del nuevo material, que no saliera excesivamente caro para que no incidiera en el bolsillo de los cazadores. La aleación podría superar hasta un 50%el precio del plomo, pero por encima lo considerábamos no viable, más que nada pensando en el bolsillo de los cazadores.
P. Pero al final se frustró el proyecto.
R. Al final, al señor Pérez Trujillo le dijimos que económicamente no era viable y que el material que estaban haciendo, según las pruebas balísticamente, no valía.
P. Pero la idea de la “munición alternativa” sigue por ahí…
R. La Federación está vendiendo el perdigón ecológico, pero fuera de España, porque aquí nadie le está haciendo caso. Se presentó en Portugal, en casa de un cliente mío. Hicieron las pruebas y los resultados no fueron buenos, fueron nefastos. La Federación lo que tendría que hacer es dedicarse a defender a los cazadores, que bastantes palos nos dan por todas las esquinas. Y lo que tendría que hacer ahora es ponerse en contacto con el Ministerio de Medio Ambiente de Suecia, que ha gastado mucho dinero en un estudio de munición alternativa y lo ha tenido que abandonar.
P. Entonces está complicado buscar sustituto al plomo.
R. Ni funciona el hierro, ni el estaño, ni el bismuto, ni el tungsteno… no funcionan ni balísticamente ni a la hora de matar la pieza. Y luego desde el punto de vista de seguridad, si vas a cazar con perdigón de hierro tienes que tener mucho cuidado por los rebotes. Alternativas hay las que hay. La que mejor funciona es el bismuto, pero es un metal muy escaso y caro. Te pones a hacer cartuchos y te sale cada uno a dos euros. El tema del plomo yo creo que va a ser una decisión meramente política, sin más. El día que vaya uno a Bruselas y diga ¡hasta aquí hemos llegado! Pues eso, hasta ahí habremos llegado, y punto.
El plumbismo
P. ¿Qué opinión tiene del plumbismo?
R. La guerra al plomo se puso de moda con el tema de las gasolinas. Está comprobado que sí, que lo respiras y va al organismo. En el tema de humedales está demostrado que los patos se los comen… aunque no me creo la mortalidad que dicen provoca. Creo que no es verdad, que “esta gente” lo infla. En las reuniones que he tenido en años con ecologistas sacan las mismas fotos que hace diez años de los mismos patos muertos.
P. ¿Cómo ve el futuro más cercano?
R. Está complicado. En Dinamarca se prohibió el perdigón de hierro y lo único que se utiliza de momento es el bismuto, pero creo que los cazadores están pagando por cartucho unas 250 de las antiguas pesetas. Eso lo haces en España y de millón y medio de cazadores pasamos a ser trescientos, que es lo que quieren algunos.