Hemeroteca :: 01/01/2008
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Reportajes

Jorge Sierra

Última actualización 17/10/2008@17:44:21 GMT+1
Iniciamos esta nueva sección dedicada a nuestros mejores cazadores fotográficos. Cada mes, cada uno de los elegidos contará sus “cacerías” con la cámara intentando capturar el mejor trofeo, la mejor imagen. Practican el rececho, la espera, a veces ceban… Se comportan y se mueven en el campo como cazadores, soportando fríos y calores extremos y van armados de paciencia, de mucha paciencia. Tienen que moverse sigilosamente o pasar completamente desapercibidos, tener muy en cuenta el aire y, a diferencia del cazador de rifle o escopeta, buscar obsesivamente la mejor luz porque “cazan” con cámara. Abrimos la sección con Jorge Sierra, que lleva 15 años pateando España y fotografiando algunas de nuestros especies cinegéticas.
Después de 15 años como fotógrafo profesional de fauna y naturaleza miro hacia atrás y surgen en mi mente centenares de buenos momentos vividos a través de una cámara fotográfica. Recuerdo mis comienzos con un equipo demasiado básico que no me daba la calidad deseada. Me sirvió como entrenamiento para saber dónde y cómo fotografiar cada especie. Con el tiempo y gracias a trabajos adicionales que nada tenían que ver con la fotografía, fui mejorando mi equipo hasta que decidí darme de alta como profesional allá por 1992. En estos largos años he recorrido casi toda España en busca de su fauna, su flora y sus paisajes, gracias a lo cual he reunido un importante archivo de la naturaleza ibérica. Para mí, la fotografía de especies cinegéticas es la misma que la de especies protegidas o comunes, da igual. Se trata de animales más o menos salvajes a los que hay que aproximarse lo suficiente como para conseguir imágenes impactantes. Un buen equipo, pero no exagerado.. Aunque tengo un buen equipo fotográfico, no es exagerado. Dispongo de un solo cuerpo de cámara digital –estoy detrás de un segundo–, un teleobjetivo potente de 500 mm. y sus duplicadores, un zoom 80-200, un objetivo macro, un zoom multiusos y un gran angular. Eso sí, todos son objetivos de calidad. Todo cabe en una mochila de fotografía. Y es que la clave para realizar buenas fotografías de fauna es dedicarle tiempo y tener una cierta habilidad para componer la escena en poco tiempo, ya que nunca sabes cómo van a reaccionar las especies a fotografiar. Esta habilidad se adquiere con la práctica. En cierto modo, los fotógrafos de naturaleza actuamos como los buenos cazadores: buscamos a nuestra presa sin que ella nos delate. Y si estoy fotografiando rebecos en los Picos de Europa tendré que subir hasta donde estén ellos procurando que no me vean o no se espanten, porque entonces el esfuerzo no habrá servido para nada, excepto para hacer ejercicio en plena montaña a dos grados bajo cero… Cada vez que voy a fotografiar a los escurridizos rebecos me lo pienso bastante. Puede ser relativamente fácil o por el contrario tornarse en una experiencia agotadora. Lo que ellos suben en una veloz carrera a mí me cuesta una vida, cargado con el pesado teleobjetivo y el trípode. Recuerdo que escuché por televisión que había nevado mucho en la Cordillera Cantábrica. Era el mes de febrero y para allá que me fui. Quería fotografiar los rebecos en la nieve. Y sí que había mucha nieve. Antes del amanecer comencé la penosa ascensión por la pista que apenas podía seguir por la cantidad de nieve acumulada y tras dos horas llegué al “territorio rebeco”. Pero no los veía. Lógico, había mucha nieve y estarían internados en el hayedo, más abajo. Seguí buscando avanzando penosamente por la espesa nevada y al fin pude ver dos ejemplares atravesando la inmensa alfombra blanca de lo que se supone es una preciosa pradera en primavera. Por fin pude fotografiarlos en un ambiente invernal, invernal. Incluso uno de ellos se echó una carrera que pude inmortalizar. Ya no pude ver ninguno más. Era ya por la tarde y comencé el descenso. Tardé el doble en bajar que en subir. La nieve estaba muy dura en el ascenso, pero con el día de sol que hizo se ablandó de tal manera que hubiera pagado lo que fuera por unas raquetas de nieve. Llegué a mi furgoneta hecho polvo, pero con algunas imágenes del invernal mundo de los rebecos cantábricos. No, no lo volví a intentar al día siguiente… Cabras y venados. Las especies cinegéticas que más he fotografiado son estas cinco: los ciervos, la cabra montés de Gredos, la perdiz roja, el conejo y la liebre. Generalmente localizo una zona dónde abunde cada especie. En el caso de la cabra de Gredos es fácil, ya que tienen un territorio muy restringido. Lo difícil será a veces seguirles los pasos. En noviembre, su época de celo, me acerqué a Gredos para fotografiarlas tras solicitar el permiso correspondiente. Los dos primeros días pude conseguir algunas buenas fotos, incluida una pelea en la que llegaron a intervenir tres grandes machos. El segundo día por la tarde comenzó a nevar con fuerza, y pude hacer alguna toma de las cabras en plena nevada. Escuché por la radio en mi furgoneta-casa que se trataba de un frente, así que pensé que lo mismo al día siguiente amanecía despejado. Y así fue. Un espléndido cielo azul me esperaba, así que me puse en marcha antes del amanecer. Al cabo de tres cuartos de hora localicé a la manada de la tarde anterior. Con la copiosa nevada no se habían movido mucho. Con los prismáticos pude ver que el macho dominante tenía los cuernos aún cubiertos de nieve, una foto que no me quería perder. Avanzando lenta y penosamente por la empinada ladera llena de rocas, pude colocarme en una posición desde donde fotografiarlo, no sin cierta dificultad, porque se movían bastante. Y yo con el trípode y el teleobjetivo colocado buscando la mejor luz. El esfuerzo mereció una vez más la pena. Con los ciervos es diferente, ya que suelo hacer las fotos en grandes fincas de bosque mediterráneo y dehesas. Suelo ir acompañado del guarda en su vehículo, que se detiene cada vez que vemos algo interesante. Yo le guío sobre la mejor posición y me pongo a hacer las fotos desde la ventanilla. Es cuestión de dar muchas vueltas y estar atento a las situaciones, previéndolas muchas veces. Pero los días que mejor recuerdo son los que pasé en Cabañeros cuando era parque natural, con un permiso especial para poder pernoctar dentro del Parque en mi furgo-casa. Hice casi todas las fotos desde la furgoneta, aunque también utilicé un aguardo y alfalfa fresca como reclamo. Y entre tormenta y tormenta, una mañana amaneció despejado y me puse en marcha como cada día. A lo lejos pude ver a un macho y una hembra recortados con el horizonte, justo por donde iba a salir el sol. Despacio me fui acercando con la furgo hasta situarme en el lugar adecuado, moviendo el vehículo para adelante o para atrás infinidad de veces, buscando el encuadre perfecto y apagando el coche cada vez para evitar vibraciones indeseables. Un amanecer espectacular y varios ciervos en medio, una estampa impresionante. Los venados aguantaron en su sitio relajados, así que pude fotografiarlos a placer, con la inmensa bola roja del astro rey magnificada por efecto del teleobjetivo.
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