Opinión
Taco de TICO
Tico MEDINA
Última actualización 17/10/2008@17:43:11 GMT+1
Un periodista es también de eso, de tirar y colgar. Va por ahí, caminando a buen paso, sin hacer mucho ruido, ojo rápido, arma ligera y oportuna, y desde luego perro adelantado y avieso, atento a la pieza, presa, que salta ya sea opinión, editorial, noticia o libro.
I peluquero, que se llama Eduardo y que es extremeño y cazador, te corta el pelo entre fotos de sus lances de caza e interesantes comentarios al respecto. A veces va o viene de una cacería –y más en este tiempo– y ya sea grande o pequeña, de las dos hablamos, porque es lector de TROFEO desde hace no sé cuánto tiempo.
Por cierto, también le arregla el pelo al alcalde Gallardón, que se dedica a otro tipo de caza, la del voto –interesante y no por ello menos difícil– y que me dijo el otro día, aún con el sol en el rostro de la última batida: “No, esta semana ha sido pequeña. Ya sabe usted, señor Medina, a conejo y liebre, o sea, un domingo de tirar y colgar, de tirar y colgar…”
Una buena frase, muy del uso diario, y excelente para lo que uno hace también en realidad, de ahí el titular. Porque eso, es lo que el viejo cazador que soy, de palabras, de noticias, acostumbra a hacer. A ver, lo que corra, lo que se mueva, aunque a veces yerro, de errar, ya saben, no de hierro, y me quedo con la percha desnuda. Pero por tirar y colgar que no quede.
Y es que a veces, me comentan en mis paseos y vagabundeos, por esos mundos de Dios, y del diablo también, que: “A ver, señor Tico, cuando se ocupa usted de los humildes”.
Llevan razón. Se refieren, claro, a los de eso, “tirar y colgar – tirar y colgar”. Que también dice, por ejemplo, el excelentísimo señor académico, don Enrique Ponce, por la de Córdoba, que “merecería el mismo título, en lo que a las buenas artes venatorias se refiere”. Incluso escribe, me consta y muy bien, sobre los dos grandes temas, de la caza y el toro, que al fin y al cabo es lidiar y acertar a la hora del volapié. Y que un día me dijo cuando íbamos por no sé dónde: “¿Sabe usted lo que pasa? Que a uno que ha cazado ya el león, le gusta tanto o más el día de perdiz”.
Y más ahora que incluso los hay que tiran desde la ventana de su casa –que hay invasión de jabalíes, y hasta de mapaches–. Miren por donde que en Madrid, en las afueras, están llenando el paisaje. Yo los conocía de los alrededores de los Ángeles, en los Estados Unidos, donde lo que había era trampas y venenos para cazarlos, porque por lo visto comen de todo, incluidas las orquídeas. Sin embargo son los jabalíes los que se han convertido en peligrosos. Enemigos urbanos, y si no miren este titular del Ideal de primera página a cinco columnas: “Un jabalí furioso, perseguido por una rehala, hiere en Motril gravemente a dos chicas de la costa”. Y además el diagnóstico fue: “Heridas por colmillos de jabalí”.
Como lo de los accidentes de caza, que aprovecho para aconsejarles que, por mucho cuidado que tengan, siempre será poco. Porque en una página de Internet a veces leo una ventana a la que a veces me da vértigo asomarme. Avisan que es frecuente, diaria en este tiempo, la ayuda sanitaria en los centros de urgencia a las personas heridas por arma de fuego durante los fines de semana. De ahí que se recomiende llevar un botiquín a mano, en la mochila.
Hay que tener precaución, a parte de afición. Y serenidad, como en un bodegón de caza que acabo de ver en un catálogo que me envían y donde asoma un cuadro de Gonzalo Bilbao que es de una belleza increíble. Ahí, la perdiz muerta, el ánade colgando, la escopeta clásica, y ese cuerno de pólvora que ahora mismo no sé si es de cargar o de sonar y que es una joya. Yo siempre recordaré aquella caracola que había en la finca de caza, en Sierra Morena, de don Jaime de Foxá, al que siempre recuerdo y releo tanto. Por eso me gusta como escribe Mónica Aceituno –nuestra premio Foxá– estos días en su columna de ABC, donde a veces, como ahora, reúne datos y sentimientos sobre el lince, de tan enorme actualidad siempre.
Un periodista es también de eso, de tirar y colgar. Va por ahí, caminando a buen paso, sin hacer mucho ruido, ojo rápido, arma ligera y oportuna, y desde luego perro adelantado y avieso, atento a la pieza, presa, que salta ya sea opinión, editorial, noticia o libro.
Como no puedo dejar a un lado este libro que recibo, y que me leo de un tiro, de un tirón mejor dicho, “La caza en mi tierra y otros rincones del mundo”, de Lucas Llanes Borrero. Con fotos de Francisco Viruez y dibujos de Víctor Pulido, mucho corazón hay en este libro, en el que hay además nobleza, certeza y prólogo de nuestro director José Ignacio Ñudi. La dedicatoria del libro es una cita cinegética, porque dice Lucas en la primera página a modo de brindis y dedicatoria:
“A Mimi, que me cazó en mi primera volá (…) Desde que cacé mi primera pieza, un gorrión macho con un babero azabache, precioso, en los pinos de Valverde del Camino, hasta mi última expedición, a la Argentina tras el mítico Puma (…)”. “De la pluma al puma”, podría decirse. Se lo recomiendo a ustedes.