Opinión
Desde mi postura
Eduardo COCA VITA
Cazador y escritor
Última actualización 28/01/2008@17:54:06 GMT+1
“En el día a día de la caza conviven de manera ejemplar la variedad y la monotonía, sin peligro de alzarse una sobre otra, más bien generando permanentemente en el alma del cazador tamaña vivacidad que desaparece el riesgo de abandono y cae la tentación de tirar la toalla”.
El matrimonio podía copiar de tan curiosa y duradera simbiosis de permanencia de desigualdades sin predominios. Y aclaro que “variedad en lo mismo” no equivale a la diversidad comprensiva de tantas modalidades, preferencias y razones como cazadores. A ella alude Agustín Palomino en Trofeo de octubre, dedicándole esa periódica columna que consigue colgarse al salto cuando le toca ocupar el puesto.
En el prólogo de Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo (Ediciones Destino, 1977), dice el propio Delibes que “nunca, aunque coincidan los protagonistas y el escenario, las situaciones y el clima, hay una cacería igual a otra; cada excursión está individualizada por un repertorio de factores y matices imposible de definir a priori”. Añadiendo acto seguido que es el anecdotario de cada una de sus modestas cacerías durante tres años lo que intenta apresar en tal libro, cuyo título ya sugiere que la caza encierra contrariedades o, si se prefiere, que ni para el cazador todo el monte es orégano.
Eso mismo he sentido y probado yo en mis más humildes salidas, una de las cuales, la del último domingo de enero de 2007, se la contaba a mi hijo de tan similar y tan diferente forma a como le conté otras pasadas y le contaré las futuras. Una cosa así es lo que decía mi correo electrónico del lunes siguiente:
Ayer volví de Ruilobo con tres perdices (una por atropello en Mudela). No es mal broche. Pero me vine con mal sabor, porque me dejé sin cobrar una liebre pegada en los dos tiros (me apaño con la paralela mientras Pepe Viaji arregla la FN) y fallé al final una perdiz "a la carta". Las perras echaron también otra liebre y un conejo, sin poder tirarles.
El tiempo fue agradable, pese a la nevada que blanqueó la noche y a pesar del frío de la madrugada, que se mitigó luego, ayudando a diluir la nieve, abundante por Calzada y hasta Cerromolino, pero casi inexistente en lo nuestro. El pantano lleno, sin llegar a rebosar. Las siembras de muy buen ver, sobre todo la solana, curiosamente y sin saber por qué, pues se ha rastrojeado dos años consecutivos. Misterios de la agricultura, aunque es verdad que "no crió con ganas" en ninguna de las dos ocasiones, sin apenas desgaste del suelo, que ha recibido su ración de abono.
Volaron algunas perdices, no demasiadas. Y bastantes apareadas, pero no todas. De ciervo sólo dos zonas con tímidas huellas, escasas y no frescas. Sin embargo, los cochinos tienen levantado todo el territorio de arriba a abajo. Había montería por allí cerca, quizá en lo de Juan (sin lo de Cruz, donde no apreciaba tiros, que me parecían más lejanos, pese a que los coches y perros salieron del complejo común).
En el camino me crucé con Isidoro, que venía de recoger las vertederas. ¡Ya era hora! Por poco prescriben a nuestro favor. Este encuentro me sirvió para echar cuentas de cuándo avisarle y limpiar los cortaderos. Toca el año que viene, si no calculo mal, aunque sucios están como para pasar la cuchilla ahora mismo. Ha llovido lo suyo este invierno y el monte regado tira que no veas en lo mollar de la umbría.
La tela está puesta y los postes pintados de gris. Lo ha hecho Manolo por su cuenta. Ahora falta la albañilería. A ver cuándo. Estoy deseando ver a los perros gozar de libertad en su mayor espacio. Considero un acierto este desahogo adosado. Les da amplitud para el ejercicio muscular y el desgaste de uñas. Con las almohadillas curtidas notarán menos la salida al campo cuando empecemos. Y espero que no se aspeen tanto el primer día. Porque ahora comienza su reclusión y no son pocos los meses de cárcel. Por cierto, ¿le quitaste la campanilla a Blanca o la ha perdido? Cuando la saqué no la tenía. Es para pedir otra al primo si acaso