A estas alturas de curso no serán pocos los aficionados a la perdiz con reclamo que ya se habrán cogido los primeros berrinches. Unos porque no cantó el pájaro, otros porque no entró el campo y otros porque llegó un esparraguero a destiempo. El caso es que, como suele ser habitual, los puestos dados en la gran mayoría de casos se contarán más por decepciones que por éxitos finalizados como mandan los cánones.
Hablábamos en el número de diciembre de la forma de elegir un pájaro de perdiz teniendo en cuenta su morfología y comportamiento. Ahora es el momento de probar si hemos acertado en nuestra elección. Desde estas páginas nos proponemos colaborar con los aficionados al “cuco” a perfeccionarse en el desarrollo de su afición y ayudar al que empieza a que no se vea falto de consejo. Cuando yo empezaba en esto lo hice documentándome todo lo posible, leyendo libros, viendo vídeos, comprando revistas y hablando con todo el que me ofrecía un poco de información. Fueron mis padrinos Francisco Castro y Antonio Sutil, uno de Baños de la Encina y otro de Los Villares de Jaén, ambos cuquilleros desde siempre, que me enseñaron, sobre todo, lo que no debía de hacer si quería hacer buenos pájaros y disfrutar de mejores ratos en el campo. Han corrido algunos años y ahora tengo mucha más afición que entonces, algunos conocimientos adquiridos y sobre todo el convencimiento de que en esto del pájaro de perdiz con reclamo, el que venga pensando en hacer carne ganará más quedándose en casa. Me viene ahora a la mente una anécdota que me contó un buen aficionado sevillano. A propósito del tema, le preguntaban a un cazador de Los Palacios por sus aficiones y el hombre respondió: – Además de mi mujer, el fútbol, los toros y la caza. Deseando abundar más, su interlocutor, le insistió: – Y dentro de esas aficiones, maestro, ¿qué torero, qué equipo y qué modalidad de caza son sus preferidas? – Como torero Curro Romero, ¡no hay otro! ¿Mi equipo?, el Betis “manque pierda”. Y si hablamos de caza, la perdiz con reclamo es la reina de las aficiones. El que preguntaba, sorprendido con la respuesta, le contesto: – ¡Coño!, y usted, ¿cuándo disfruta? A lo que replicó el cazador: – Pocas veces, hijo, pero tanto que vale la pena esperar. Una religión. El cuco es una modalidad de caza que tiene algo de religioso. Hay que seguir un ritual y guardar unas formas que son el paso previo a un buen lance. Posiblemente sea una de las modalidades más exigentes en cuanto a cumplimiento de unos tiempos y unos rituales sin los que no es posible disfrutar plenamente de un puesto. Por eso es una caza sólo para verdaderos aficionados. No es suficiente con acercarse a un hipermercado, comprar un pájaro hormonado hasta los ojos para que cante hasta por bulerías, poner el puesto en cualquier sitio y arrearle un tiro a lo primero que asome por allí atraído por la tabarra del ejemplar que tenemos en la jaula. El que piense de esta forma sobra en esta cofradía. En la caza de la perdiz con reclamo hay que entrar con respeto. Respetando el campo, atendiendo los consejos de los cazadores viejos y dejándonos enseñar por los que ya sí saben de esto. Hay que saber esperar, tener los pollos en casa desde al menos un mes antes de comenzar la temporada, para conocerlos y que nos conozcan. No colgar antes de tiempo en sitios donde la caza salvaje puede aparecer y no podamos finalizar una faena por estar en veda. Solear los pájaros en lugares donde no se nos pueda presentar un pájaro de campo y nos eche a perder el pollo en el que teníamos puestas nuestras ilusiones. No hay que tener prisa, y hacer las cosas a su tiempo y bien hechas. Que no se me malinterprete, no he dicho que en un hipermercado no se pueda adquirir un gran pájaro, lo que afirmo es que hay que hacerlo al menos un mes antes de empezar la temporada y familiarizarnos con el animal. Yo personalmente no tengo preferencias a la hora de comprar un perdigón, más bien al contrario, estoy convencido de que aquí se hace realidad el refrán tan cazador que afirma que “donde menos lo esperas, salta la liebre”. Precisamente este año mi última incorporación ha sido un pájaro que adquirí en la tienda de animales que hay en Alcampo de Linares (Jaén). Después de estar un rato observándolos y pasándoles el catálogo de pruebas que aprendimos en el número anterior de TROFEO, me retiré un poco de las jaulas y uno de ellos, sacando la cabeza entre los barrotes y mirándome a los ojos, me dedicó unos reclamos de dormidero que me hicieron exclamar: “¡Ése es mío!”. El vendedor me aseguró que eran de Granada, por lo que le puse de nombre Nazarí. Ocupa su puesto en el jaulero junto a Califa, un pollo cordobés en el que también tengo ilusiones puestas este año. Completa la terna de ese estante Larito, un pollo jabalquinteño regalo de Julio y María, al que puse ese nombre por sugerencia de mi hijo pequeño porque, según él, es tan guapo como su hermana Larita –diminutivo cariñoso de Laura– por la que siente devoción. Y mientras mi mujer jura que estoy loco de atar, me paso horas mirándoles mientras escribo. Pero en fin, vamos a lo que vamos. Dos grandes aficionados. En esta ocasión vamos a poner en compromiso a dos grandes aficionados que nos indicarán cómo hacer las cosas basándose en los muchos años de afición, de desengaños y de penurias por esos cerros para llegar a conseguir un pájaro de bandera que colgado en el sitio oportuno y en el momento adecuado nos proporcione ese puesto que recordaremos toda la vida. Lo mejor que a ellos les ha enseñado la experiencia nos lo regalan ahora como un legado para que hagamos buen uso de ello. Para mí es una suerte poder contar en estas páginas lo que ellos me han enseñado. Pero que sean ellos mismos los que nos den su lección magistral. Yo me limitaré a transcribirla con la mayor exactitud posible. Les pediré que me resuelvan las dudas que a mí mismo se me han planteado muchas veces en el campo. Ojo con la tela del puesto. Martín Ruiz Cortés ya nos asesoró en el número anterior sobre cómo elegir un pájaro. Ahora le vamos a pedir que nos enseñe a poner el puesto, pero nos vamos a ir al campo y sobre el terreno recibiremos mejor las explicaciones. – Martín, queremos hacer un puesto de sol en un terreno donde hay olivar y monte. Durante la temporada general hemos visto algunas perdices y ahora queremos intentarlo con el reclamo, ¿cómo situamos el puesto? – El puesto de sol es sin duda el mejor puesto, ya que reúne las características necesarias para que nuestro perdigón demuestre todas sus cualidades. A esta hora, la perdiz de campo ya ha comido y en cuanto escuche a nuestro pájaro se liará con él. Durante las horas centrales del día, la perdiz que se mueve en una zona de cultivo mezclada de monte y olivar lo hará con mucha facilidad entre las olivas que hay más cercanas a la zona de sierra. Más que pensar “dónde” debemos pensar “cómo”. Es necesario hacer el puesto bien orientado de forma que el sol no nos dé de frente y si es posible a la sombra. Ya sé que en días de frío será incómodo pero tiene que ser así para no hacer sombras que delaten nuestra presencia. Elegiremos una zona sucia para poner el repostero y el puesto lo camuflaremos entre el monte. No es necesario enterrar el puesto en ramas para disimularlo. Los puestos portátiles ya tienen su propio camuflaje y colocados en un sitio donde haya vegetación con cuatro o seis ramas puestas por delante será suficiente. Lo fundamental es que la tela esté bien tensa. Es un detalle que puede parecer menor, pero que se ha cargado muchos puestos y no pocos pájaros. Los meses de febrero y marzo, en un día claro y soleado, se nos puede presentar de golpe ese vientecillo molesto que sin ser determinante será suficiente para agitar la tela del puesto si no hemos tenido la precaución de tensarla bien. Sitúate en el momento en que nuestro perdigón esté recibiendo y el campo entrando en plaza, un golpe de viento agita la tela del puesto y hace que el macho del campo salga volando con un “pío lío” de escándalo. Si es un pollo lo que tenemos en la jaula, posiblemente coja unos resabios que lo echen a perder, y aunque no fuera así nos habremos cargado por lo menos el puesto. Para evitar estos problemas, una vez tensado por dentro, aunque no corra ni pizca de aire, por si acaso colocaremos unas ramas apoyadas contra la tela. Son muchas las veces que hablamos y oímos hablar de un pájaro que se ha “atascado” y se ha pasado toda la mañana dando vueltas alrededor nuestro fastidiándonos el puesto y poniendo al nuestro “de los nervios”. Pájaros “atascados”. En este punto le pregunto a Martín por qué se “atascan” los pájaros y si titubear me suelta: – De cada cien veces que un pájaro de campo se “atasca”, noventa es porque algo hemos hecho mal. A los cuquilleros nos pasa lo que a nuestros perdigones, podemos tener muchos, pero encontrar uno “de bandera” es muy difícil. Yo en cincuenta años de cuco puedo contar con los dedos de una mano los ejemplares que han sido absolutamente completos. Como cuquillero no me considero malo, pero también tengo mis resabios. Y la experiencia y los berrinches me han hecho aprender más que los consejos de otros. Volviendo sobre lo que decíamos, el detalle de la tela del puesto bien tensada es fundamental. Vamos a hacer un razonamiento lógico. Un pájaro que ha escuchado cantar al nuestro, y que ha venido buscando gresca desde quinientos metros mas allá, ¿por qué se para cuando le faltan veinte metros para encontrar al que viene buscando?, ¿por cobardía?, ¿por ausencia de picadilla? Si se para ahora que está allí es porque algo le “mosquea” y lo que intenta es hacer salir de la zona al chulo que se ha metido a piropear a las hembras de su territorio para “romperle la cara” a placer. – Martín, ¿tanto “piensa” un pájaro de perdiz? – No es que piense, pero si su instinto de conservación no funcionara así, ya no estaría allí. Fíjate que detalle tan tonto el de la tela del puesto. La perdiz tiene un oído muy superior al nuestro, de forma que esos ruiditos que a nosotros nos parecen insignificantes ella los percibe con precisión y a distancia. Cualquier movimiento de la tela hará que se fije de inmediato en “eso” que antes no estaba allí. Inmediatamente sus alarmas naturales se dispararán y sentirá recelo. Si está a veinte metros no se acercará más por si acaso y si le pilla el susto ya en la plaza, se revolará haciendo todo el ruido posible para advertir a sus hembras que hay algún peligro. Por tanto hay que hacer las cosas bien hechas y sin prisas, cuidando los pequeños detalles. El segundo experto. Al domingo siguiente nos reunimos con el doctor Avilés –también nos indicó en diciembre su proceder a la hora de elegir un buen pájaro– para pedirle que nos coloque un puesto en el campo siguiendo sus criterios. Lo de este hombre podríamos calificarlo de “amor por el cuco”. Todos los años hace coincidir sus vacaciones con el periodo de caza de perdiz con reclamo. Preselecciona unos cuarenta pájaros de los que al final de temporada guardará cuatro, salvo excepcionales acontecimientos. De estos cuatro, el año próximo, cuando los cace de segundo, casi seguro dos irán al campo. Sólo conservará a los que considere que tienen capacidad para definirse como muy buenos en el tercer año de caza. Cada temporada hace una media de ciento cincuenta puestos, muchos de los cuales graba en video para estudiarlos y analizar lo bueno o lo malo de cada uno. Con estos antecedentes podemos confiar en que ha observado muchas cosas que a otros nos han pasado desapercibidas. – Benjamín, hoy quiero pedirte que nos ayudes a elegir el entorno ideal para colocar el puesto en un terreno mixto, pero es más, quiero que me hagas un puesto y un repostero que nos puedan servir de guía a los que todavía estamos dispuestos a aprender sobre esto. Además – y no es poco– te voy a pedir que aprovechemos el viaje para explicarme cuáles son esos matices que pueden hacer que un puesto que reunía las condiciones para ser bueno, se convierta en decepcionante. – Vamos a ver, hay muchos detalles que pueden hacer que en un terreno mediocre vivamos una jornada memorable, y al revés, que en un terreno idóneo demos al traste con un buen día de caza por hacer las cosas con poco criterio. Antes que nada tenemos que analizar a nuestro adversario: la perdiz. No podemos olvidarnos tampoco de que somos nosotros los que entramos en un terreno que no es en el que habitualmente nos desenvolvemos. Por tanto lo primero que tenemos que tener es humildad y un gran respeto por nuestro adversario. Conocer sus costumbres y analizar sus comportamientos. Una gallinacea muy territorial. Benjamín sigue con sus explicaciones que desmiente la idea de que la caza de la perdiz se practica durante el periodo de celo. – Mira, la perdiz es una gallinácea. En esta especie de aves, todos los machos demuestran un comportamiento agresivo entre sí una vez que alcanzan la madurez sexual. En un gallinero de cualquier cortijo podemos ver cómo treinta pollitos pueden caminar pacíficamente detrás de sus madres mientras son jóvenes. En el momento en el que sean adultos, las hembras serán gregarias y podrán permanecer juntas toda la vida, pero los machos, cada vez que se acerquen, se pegarán y uno de ellos se hará el amo del corral sometiendo al resto a base de espolonazos y picotazos. Con las perdices en el campo ocurre igual, sólo que aquí, al no tener el terreno limitado, los machos se separan y fijan territorios donde ellos dominan. Hay al menos cinco épocas durante el año en las que este comportamiento se acrecienta, son las conocidas como “picadillas”. Éstas eran las que los cuquilleros antiguos utilizaban para cazar el reclamo. Pero fíjate lo que te digo: ¡cinco veces a lo largo del año! Hay algunos ignorantes que se empeñan en que la perdiz con reclamo se caza en época de celo. Nada más falso. La picadilla de enero es la época previa, insisto, al celo. Los machos se separan del resto del bando no porque estén en celo, sino porque ya son adultos y necesitan fijar sus propios dominios. A partir de ese momento empezarán los desafíos, las brabuconadas y las palizas entre los que quieran fijar su domicilio en el mismo sitio. Los más débiles irán cediendo terreno y los más fuertes o más viejos sentarán plaza. Ésta es la primera picadilla del año. La que coincide con la ruptura de los bandos y el momento fijado para la caza con reclamo. Superado el mes de marzo, comenzará, con la llegada de la primavera, la época de celo y cría, y entonces ningún cuquillero molestará a las parejas que intenten procrear. Primero, elegir el pulpitillo. Con esta explicación que prometemos alargar para gozo y aprendizaje de los aficionados, llegamos al cazadero. Y seguimos atentos a las explicaciones de Benjamín. – En principio vamos a dejar claro un concepto y un error en el que es bastante frecuente incurrir. Por lo general buscamos un sitio donde poner el puesto y luego ponemos el repostero. Bien, pues aunque es más difícil, debe ser justo al contrario. Primero buscar el sitio idóneo para hacer el pulpitillo y construir o colocar el puesto en función de donde hayamos puesto el tanto. No pensemos nunca que la perdiz va a acudir donde nosotros queramos. Nuestro adversario se dejará llevar por su instinto y por tanto acudirá a entablar pelea a un sitio donde otra perdiz de forma natural la retaría. La perdiz tiene por enemigos naturales a los depredadores alados y terrestres, por tanto se encontrará cómoda en aquellos lugares que por naturaleza le ofrezcan protección de ambos. Siempre será mejor que un sitio donde no se escuchen las pisadas y al que la perdiz entrará con recelo. Debemos situar el repostero en un sitio donde una perdiz de campo se pondría a desafiar a sus oponentes sin miedo a ser atacada ni por aire ni por tierra, o donde en caso de sufrir un ataque pudiera zafarse con facilidad, sitios donde de forma natural podríamos encontrarnos con una perdiz de campo. Terrenos mosaico. Donde mejor se realiza la caza con reclamo es en los terrenos de “mosaico”, donde coinciden diferentes zonas de cultivo, o de cultivos y monte. En lugares donde cohabitan olivares con viñedos, monte con olivar o cereales, son sitios idóneos para colocar el repostero, las zonas linderas entre los dos cultivos. Siempre será más difícil encontrar una perdiz en medio de un olivar que en zonas próximas a las lindes con otros tipos de cultivo. Cuando buscamos un sitio para poner el pulpitillo, debemos ponernos en el lugar de la perdiz de campo y buscar un punto protegido de un posible ataque por aire o por tierra. Cuando un ejemplar se nos atasca antes de entrar a la plaza, la mayoría de las veces será por una mala colocación del pulpitillo. Date cuenta de que ese garbón ha venido allí en busca del nuestro porque hemos pisado “su terreno”. La perdiz es un ave territorial y los machos marcan y defienden “su” terreno. La presencia de un invasor de su misma especie les molesta y les irrita por lo que en cuanto lo detecten vendrán a echarlo. Pero no se nos olvide el principio de este comportamiento: el del campo está en “su” terreno. Lo conoce, sabe la situación de cada piedra y de cada arbusto y cada vez que algo se modifica tarda varios días en amoldarse a la variación. Nosotros pretendemos llegar, colocar un puesto de tela, retirar las piedras donde él está acostumbrado a subirse a lanzar sus reclamos, colocar un haz de leña en los alrededores, dejar la plaza limpia como el ruedo de una plaza de toros para que nada nos estorbe el tiro y además que “el campo” entre sin recelo. Lo básico: No modificar prácticamente nada del entorno donde pongamos el pulpitillo. Cuántas veces hemos visto un repostero hecho contra los faldones de ramas de un olivo. Pongámonos en el lugar de la perdiz de campo que viene buscando a su oponente y lo ve en una zona imposible de mantenerse. ¿Cómo se sujetaría una perdiz en las ramas exteriores de un olivo? Imposible. Por tanto, la que viene recela de la posición de su adversario y a partir de ahí empieza a desconfiar. Busca a su alrededor más cosas raras y se hace remisa a entrar en plaza porque va encontrando elementos que le hacen aumentar su grado de desconfianza. Sin embargo, si nuestro reclamo está situado pegado a los troncos de la oliva, al que entra no le resultará extraña la posición, ya que ese sería un posible “cantadero” para cualquiera de las del campo. Si no recela del sitio desde donde nuestro macho la invita a “meterse en harina”, lo hará con naturalidad olvidándose del puesto y de otras lindezas que hayamos hecho porque se fijará fundamentalmente en la posición del invasor. Debemos procurar poner, siempre que sea posible, el repostero protegido de un posible ataque desde el aire. De esta forma le estaremos dando naturalidad a la posición de nuestro perdigón y nos ahorraremos algún disgusto provocado por la intención de alguna rapaz de convertir a nuestro colaborador en plato del día. – Ya tenemos algo más claras las ideas. Ahora dime algunos conceptos generales que reafirmen en su posición a unos aficionados y que nos aclaren dudas a otros. – Hombre, en esto, como en todo, nada es exacto. Sin embargo podemos afirmar que la perdiz sube con más facilidad que baja. Eso debe servirnos para intentar colocar el repostero en una posición por encima del puesto. De esta forma nos garantizaremos un tiro más fácil y una entrada del campo menos remilgada. Los horarios. Le pregunto ahora por los mejores horarios para la práctica esta modalidad, y esto es lo que me responde: – En tierras donde, como en el caso del olivar, coincida la época de caza con labores agrícolas, lo mejor es empezar a colocarnos después de la hora a la que por norma se empiece a trabajar en el campo. No es la primera, ni será la última vez, que hacemos el puesto a las ocho de la mañana y a las nueve se nos presentan los agricultores y se ponen a recoger aceituna tres filas de olivas más allá de donde estamos. Yo creo en tres posibles puestos: el de nueve, el de once y el de cuatro, alargando éste último hasta que la vista nos permita, pues no pocas ocasiones se dan en que se produce la entrada de un pájaro hecho una fiera cuando van buscando el dormidero. – Dime un truco que hayas aprendido a base de puestos. – Pues mira, es curioso, una de las cosas que he aprendido con los años es a entrar en las zonas donde las perdices están familiarizadas con la presencia de gente, haciendo algo de ruido, tosiendo, hablando bajito, silbando. Así, si las perdices están en la zona donde vamos a ponernos, se desplazarán apeonando poco a poco y no se irán muy lejos. Sin embargo, si entramos sin hacer ningún ruido y las sorprendemos asustándolas, se irán de vuelo y entonces lo más probable es que no volvamos a verlas. Con todo lo que hemos expuesto esperamos haber contribuido a mejorar los conocimientos de muchos aficionados para que esta temporada mejoren los resultados anteriores y disfruten aún más de los puestos. ¡Que Dios reparta suerte y que los cuquilleros sepamos aprovecharla!
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