Hemeroteca :: 01/04/2008
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Reportajes

Caza mayor

Rafael González Muñiz

Última actualización 21/04/2008@16:10:02 GMT+1
Una cuadrilla de jabalineros asturianos, concretamente de Cudillero, estuvieron persiguiendo a un jabalí por tierra y por mar hasta darle caza. Como se ve, hay jabalíes muy “marineros”.
Todos conocemos la extraordinaria capacidad de adaptación al medio de los jabalíes. Son capaces de inventar mil argucias para tratar de despistar a perros y monteros. En más de una ocasión nos vamos de una batida sin ser capaces de encontrar una explicación a sus artimañas, a pesar de que una vez en el “chigre” los “ingenieros del rastro” resuelven los problemas con sus teorías de la “gravedad”
Acudíamos a una cacería en el área 1 de Cudillero (Asturias). Es un área de caza que limita con la costa, desde la playa de Aguilar a Novellana. Un área grande de más de 2000 hectáreas que limita en una de sus partes con el refugio de caza de Muros del Nalón.



Iniciábamos el día como es habitual: cortando, buscando rastros en diferentes zonas. Las perspectivas no eran muy halagüeñas porque días antes no había muchos “andados” en el área.



Pero como casi siempre en esto de la caza no sirve ni el ayer ni el mañana, sólo el presente, y así llegamos al punto de reunión con jabalíes emplazados en tres lugares diferentes, para asombro de todos.



Decidimos hacer una primera suelta en la zona del Curion, próximo a la turística playa de Aguilar. El rastro de varios jabalíes que cruzaban las tierras en dirección contraria al refugio nos hacía presagiar una buena jornada de caza. El encame es una zona de monte de eucaliptos y “cotollas” justo encima del acantilado que da al mar, zona dura para los perros pero buena para los puestos. Los jabalíes tienen que salir a las praderías... o tirarse al mar, opción hasta la fecha inusual, aunque hace un par de años los jabalíes se nos habían ido en esta misma zona cruzando el pueblo sin ningún rubor.



Se tira al mar. Una vez colocados los puestos decidimos soltar la “artillería”. Nuestros grifones –el Pinto, el Lao, la Shiffer, la Mora, el Rol, la Luna, la Chula y el Turco– empiezan su trabajo. Enseguida el Lao, la Mora y el Pinto dan con los jabalíes. Tras “cantarlos a parao” un buen rato, un jabalí decide moverse. Enseguida Dani, uno de los monteros –aquí en el norte los monteros son los que van con los perros– alerta que va en dirección a las posturas. Vueltas y vueltas y el jabalí que no se deja ver.



Tras un buen rato de persecución alguien dice que el jabalí ha cruzado en dirección a las casas de la “Atalaya”, grupo de ellas situado justo encima del puerto de Cudillero. El jabalí emprende una huída desesperada con los perros casi a caballo de él y coge rumbo al acantilado situado en el faro de la villa “pixueta”. Llega al puerto viejo de Cudillero y decide tirarse al mar desde la “cabeza” del muelle, unos veinte metros de altura con marea baja, y cruza todo el puerto nadando hasta los pantalanes del puerto deportivo.



“Monteando” en el puerto. Llegamos los monteros al puerto y nos encontramos a nuestros perros “cantando” en la cabeza del muelle e intentando buscar la forma de tirarse al agua y seguir con la persecución. Increíble la escena. Varios pescadores nos dicen que un jabalí se acaba de tirar al agua. Nos dirigimos dirección al puerto deportivo un tanto incrédulos y ante la mirada estupefacta de varios pescadores, el jabalí acaba de cruzar el puerto deportivo pero no lo vemos por ninguna parte.



Intentamos buscar alguna explicación. Mi hermano Rodri cree que se ha ahogado; a Adri y Gelín no les convence; Montoya no se acerca al agua porque le da pánico –el agua, no el jabalí–. Saco del coche los prismáticos, miro todo el puerto minuciosamente. Parece que estoy haciendo un rececho… de lubina. No veo nada, pero alguien dice: “¡Allí está!”.



Entre los bloques del puerto. Parece que se está ahogando. Miramos y remiramos, tenemos dudas. Adri quiere tirarse al agua y cruzar a nado hasta el jabalí, unos cincuenta metros. Antonio decide coger un “chalano” –pequeña embarcación de remos– recordando su época de marinero con Tante. Llega enseguida a la zona. Ya hemos visto que es un tronco que nos ha engañado. Decepción por todo lo alto. Le indicamos que bordee con el chalano el puerto. Así lo hace. Le parece ver algo entre los bloques del puerto, mete el remo y salta el jabalí de nuevo al agua, cruza el puerto y sale buscando el acantilado. Enseguida un tiro le frena y ya herido de muerte vuelve al agua, donde Antonio con el chalano se las apaña como puede para cobrarlo. Una vez en el puerto la expectación es máxima por ver al valiente y astuto jabalí. Resulta ser un macho de unos 50 kilos.



A toda prisa volvemos al lugar de partida y volvemos a soltar los perros. Ahora también participa algún cachorro: la Perla, el Tato, el Eder, la Tuna y la Tila no desentonan. Al final otros cuatro jabalíes abatidos y otros dos que salen entre las posturas pero que se libran porque el cupo de cinco está cubierto.



Una vez finalizada la cacería el debate entre los miembros de la cuadrilla gira en torno al jabalí del “puerto”. ¿Deberíamos haberle indultado?, es posible, pero mi reflexión es la siguiente: ¿no merecían premio los perros después de haber acosado y perseguido al jabalí de tal manera que le obligaron a emprender una huida por zonas no habituales y desconocidas que desembocó en este lance tan inusual y en un escenario tan sorprendente? Seguramente otros perros hubiesen abandonado la persecución antes, no hubiesen llegado al puerto… y el jabalí no se habría visto en tantos apuros. ¿Quién tiene más mérito, los perros o el jabalí?
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