Hemeroteca :: 01/05/2008
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Entrevista destacada

Pablo Ferreras Experto en ecología y conservación de carnívoros, Investiga el impacto de depredación sobre especies de caza menor, especialmente conejo y perdiz

Última actualización 23/04/2008@15:33:54 GMT+1
Pablo Ferreras, Científico Titular del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), es un experto en ecología y conservación de carnívoros ibéricos y una de las personas que más sabe sobre nuestros predadores. Actualmente investiga sobre las interacciones depredador-presa, el impacto de depredación sobre especies de caza menor, especialmente conejo y perdiz, y los posibles mecanismos para reducir dicho impacto.

Sus palabras pueden ayudarnos a entender mejor las relaciones entre los predadores y sus presas y sin duda a actuar con más conocimiento y eficacia.
Pregunta. ¿Realmente tenemos en España más predadores, cazables y protegidos, de los que puede soportar nuestros ecosistemas?
RESPUESTA. Para responder a esta pregunta hay que recordar el concepto de capacidad de carga de un medio para una determinada especie, que se refiere a las condiciones tanto biológicas –hábitat, alimento, competidores, depredadores, parásitos– como abióticas –clima, relieve, litología– que determinan el tamaño máximo de población que puede soportar un territorio concreto de forma estable.

Por pura lógica, si la población de una especie sobrepasa este límite, la supervivencia y la reproducción disminuirán, lo que hará que la población disminuya. Este proceso de regulación puede ser más o menos lento, pero lo que es seguro es que finalmente el tamaño de la población llegará a estar por debajo de la capacidad de carga impuesta por el medio. Lo mismo ocurre en caso contrario: si las condiciones cambian de manera que aumenta la capacidad de carga para una especie, la supervivencia y la reproducción de los individuos mejorarán y tenderán a alcanzar el máximo impuesto por las nuevas condiciones. Hay ciertas especies, conocidas en biología como estrategas de la “r”, que son capaces de aprovechar estos cambios en las condiciones del medio de forma rápida, cambiando sus hábitos, aumentando su reproducción y alcanzando rápidamente el nuevo máximo impuesto cuando el medio les ofrece más recursos. Es el caso de los depredadores oportunistas que son capaces de aprovechar nuevos recursos generados por el hombre –como basureros, residuos orgánicos de la ganadería o industrias, restos de cacerías– e incluso beneficiarse de la desaparición de otros depredadores con los que compiten, o que les perjudican, como los depredadores especialistas.

De esa manera, no hay más depredadores que los que pueden soportar nuestros ecosistemas, sino que los humanos hemos cambiado las condiciones de éstos de manera que ahora pueden soportar mayor densidad de determinados depredadores.

P. Actualmente en España, en cuanto a predadores, está autorizada la caza de zorros, urracas, cornejas, grajillas, así como perros y gatos asilvestrados? ¿Se podría incluir alguno más, por ejemplo el meloncillo y el arrendajo?
R. No creo que de forma generalizada se pueda hablar de que estas u otras especies hayan alcanzado densidades anormalmente altas ni que su impacto sobre las especies de caza sea insoportable. Otra cuestión es que en determinadas áreas las nuevas condiciones del medio hayan permitido un aumento de la densidad de alguna de estas especies. De nuevo hay que buscar el origen de estos aumentos en cambios en el ambiente, con toda seguridad ocasionados por actividades humanas. En las dos especies mencionadas –meloncillo y arrendajo– habría que pensar en la falta de competidores o de otros depredadores mayores –lince para el meloncillo, rapaces forestales para el arrendajo– que les hayan permitido medrar por encima de lo que estábamos acostumbrados. Para recuperar los niveles originales a largo plazo –y de forma definitiva– habría que recuperar las condiciones originales que definían la capacidad de carga inicial. De forma puntual y cuando se demuestre que existen situaciones de elevada densidad de éstos u otros depredadores, que ocasionan daños a la fauna –incluida la cinegética–, y que se han puesto en marcha otras medidas para paliarlo, existen mecanismos legales para autorizar el control local y temporal de sus poblaciones, aunque en la mayoría de los casos este control no es la solución definitiva.

Los predadores especialistas
P. Aparte de porque están prohibidos, ¿por qué no es conveniente ni bueno para la caza capturar predadores especialistas?
R. Los depredadores especialistas se caracterizan por alimentarse de una o pocas presas, tener generalmente poblaciones reducidas, con pequeñas variaciones temporales mientras las condiciones no cambien, ser muy sensibles a los cambios del medio y adaptarse lentamente a dichos cambios. Responden generalmente a lo que en biología se conoce como “estrategas de la K”. Por ello, a diferencia de los depredadores generalistas, los especialistas no llegan a alcanzar grandes densidades y difícilmente son capaces de aprovechar los cambios en el medio en su favor, más bien todo lo contrario: se ven afectados negativamente por estos cambios. Los depredadores especialistas dependen de las presas de las que se alimentan y están ligados a sus variaciones; si su presa disminuye, ellos también lo harán. Como resultado, los especialistas no suelen ocasionar grandes daños en las especies de las que se alimentan debido al reducido tamaño de sus poblaciones y a que cuando su presa disminuye, ellos también lo hacen. Su impacto sobre las poblaciones de presas no llega a ser tan elevado como en el caso de los generalistas y su eliminación tendrá poco efecto sobre las presas. Sin embargo su desaparición causa el aumento de los depredadores generalistas, que se ven liberados de la competencia con los especialistas. Pero además, algunos de estos depredadores especialistas tienen un papel importante en los ecosistemas al reducir las poblaciones de otros depredadores menores. Por ejemplo, en Doñana demostramos hace años mediante estudios científicos que el lince ibérico es capaz de reducir las poblaciones de meloncillo, y por ello la presencia de linces resulta beneficiosa para las poblaciones de conejos, presa casi exclusiva del lince y preferida del meloncillo, cuando los conejos abundan. Así, si se eliminan los linces de una zona, la población de meloncillos aumentará y como consecuencia la de conejos disminuirá, ya que la población de meloncillos consume más conejos que la desaparecida población de linces. De esa manera, el depredador especialista –el lince– puede estar indirectamente favoreciendo la abundancia de su presa principal, el conejo. Este ejemplo puede ser extensible a otras especies de grandes depredadores –como las grandes águilas, e incluso el lobo– que actúan como controladores de otros depredadores menores. Los resultados del mencionado estudio no son exclusivos del lince y Doñana. Existen numerosos estudios similares desarrollados en otros países que han demostrado el papel de los grandes depredadores como controladores de los pequeños depredadores, siendo de esa manera beneficiosos para las presas de las que se alimentan.

P. ¿La predación es un problema tan grave como dicen la mayoría de los cazadores?
R. Posiblemente el que la depredación sea percibida por los cazadores como uno de los problemas más graves de la caza se deba a la falta de percepción, o la imposibilidad de actuar sobre otros factores, tales como la degradación y pérdida del hábitat, determinadas prácticas agrícolas, las enfermedades, las condiciones climáticas adversas, la introducción de híbridos o, por qué no, la caza excesiva.

La depredación es un proceso natural que existe en todos los ecosistemas naturales, estando ausente sólo en aquellos muy modificados y empobrecidos. El efecto más obvio de la depredación es la muerte de parte de la población de presas, pero existen otros efectos que muchas veces pasan desapercibidos. Por ejemplo los depredadores eliminan de forma selectiva los individuos enfermos, con deformidades o peor adaptados a las condiciones del medio, de manera que el resto de los individuos se ven beneficiados por una menor competencia. También la depredación contribuye a evitar la aparición de plagas en determinadas presas, como algunas especies de topillos. Determinados depredadores pueden tener también efectos beneficiosos indirectos sobre la vegetación –lo que se conoce como “efectos en cascada”– al controlar las poblaciones de determinados herbívoros. Tampoco hay que olvidar ciertos efectos beneficiosos para el cazador, como es el mantenimiento de los comportamientos antidepredatorios típicos de huida en las presas, que en ocasiones son tan apreciados –la bravura de las perdices–. La depredación es uno de tantos factores que influyen sobre las poblaciones de caza. Entre otros factores se encuentran el hábitat, el clima, el alimento, las enfermedades, la competencia con otras especies, las enfermedades, los parásitos y la propia caza. La depredación puede ser el factor más importante tan sólo en situaciones muy concretas, cuando el hábitat está deteriorado, el clima pasa por épocas adversas prolongadas o cuando han sufrido el efecto severo de las enfermedades, pero es poco frecuente que haya sido la depredación la causante de una situación de baja densidad de la presa. Eso sí, puede contribuir a que ésta no se recupere, pero de nada servirá el reducir los depredadores si no actuamos también sobre la causa que originó ese descenso de densidad.

P. ¿Es cierto eso que se dice que si en un coto no se eliminan nunca los predadores éstos terminan con la caza?
R. Es un razonamiento fácil que también se desmonta fácilmente. La coexistencia entre depredadores y presas tiene una larga historia evolutiva. Por decirlo de otra manera, siempre han existido depredadores y presas, incluso antes de la existencia del hombre, y las presas –incluida la caza– han llegado hasta nuestros días. De manera que son las condiciones creadas por el hombre las que, en algunas circunstancias, hacen difícil la coexistencia entre depredadores y presas. Es posible que en determinadas situaciones, con hábitat muy degradado, refugio reducido, fuerte presión de caza, etc., la depredación cause una reducción importante de las poblaciones de presas. Pero en tales situaciones es más eficaz y duradero actuar sobre las transformaciones que originaron este débil equilibrio entre depredadores y presas que estar de forma indefinida eliminando depredadores.

P. Y si, por la razones que sean –económicas, negación de la propiedad, etc.–, no se puede actuar sobre esas transformaciones, ¿qué solución les queda entonces a todos esos ecosistemas tan deteriorados con problemas de predación?
R. Evidentemente, en esos casos la “solución” –provisional– es actuar sobre las poblaciones de predadores. Para eso están los métodos de control, aún a sabiendas de que no es una solución definitiva, y siempre respetando las normativas vigentes y utilizando los métodos disponibles que aseguren una mayor selectividad y eficacia y el bienestar animal. Es importante resaltar que haciendo un control no selectivo se consigue poner las cosas mejor para los zorros y demás oportunistas, liberándolos de la competencia que tienen con los demás, por lo que sus poblaciones podrán ser más densas y costará más esfuerzo reducirlas. Me parece importante transmitir claramente la idea de que lo mejor sería actuar sobre la raíz del problema y que el control de depredadores es sólo una solución a medias que tiene sus malas consecuencias si no se hace bien, incluso para el propio cazador.

P. Lo cierto es que cada día se restringe más el control de predadores. ¿A qué tienen miedo las administraciones?
R. Si es que existe tal miedo, habría que preguntárselo a las propias administraciones. Las medidas de control de depredadores han de ser compatibles con las diversas normativas internacionales, nacionales y autonómicas sobre conservación de la naturaleza. Actualmente apenas existen métodos de control de depredadores que cumplan estrictamente con las exigencias de estas normativas, fundamentalmente que sean métodos selectivos y no masivos, y que no afecten al bienestar animal. Por ello todas las autorizaciones de métodos de control de depredadores se hacen por la vía de la excepción, lo que exige comprobar que se cumplen los supuestos y las condiciones para la autorización contemplados en la normativa.

P. ¿Cómo es posible, habiendo sido España un país de tramperos con una rica variedad de sistemas de captura, que tenga que venir gente de fuera a enseñarnos trampas, al parecer muy eficaces y selectivas? ¿No es posible darle la necesaria selectividad a muchas de las que tenemos?
R. Efectivamente, en España hay una gran tradición de tramperos pero la gran variedad de sistemas tradicionales no cumplen con los requisitos mencionados para que puedan ser métodos autorizables sin recurrir a la vía de la excepción. De ahí el esfuerzo de investigación que están realizando algunas administraciones para identificar nuevos métodos o poner a punto los ya existentes para que cumplan estos requisitos y puedan ser homologados.

Los gatos asilvestrados
P. ¿Son tan nocivos como dicen los gatos asilvestrados?
R. El problema de los gatos asilvestrados –o semi-asilvestrados– son las densidades que pueden alcanzar, sobre todo cuando están ligados a medios humanos. En otros países se ha comprobado que es un depredador muy activo, pudiendo causar grandes pérdidas, especialmente en poblaciones de pequeñas aves. En nuestro país apenas hay estudios publicados, tan sólo alguno en las islas y posiblemente debería hacerse un esfuerzo por aclarar cuál es su incidencia en la biodiversidad de la Península Ibérica.

P. ¿Es cierto eso de que un zorro o cualquier rapaz “tiene que comer todos los días”?
R. La cuestión es lo que comen y la densidad de individuos que hay en un área determinada. En el primer aspecto hay que tener en cuenta el tipo de dieta del depredador, fundamentalmente si es generalista o especialista. Pero además hay que tener en cuenta los alimentos que el depredador tiene a su alcance. La densidad de individuos, como ya se ha dicho, depende también del tipo de depredador, pudiendo llegar a ser elevada en el caso de los generalistas, pero siendo reducidas, generalmente, en el de los especialistas. El mayor impacto sobre una presa habría que esperarlo de un depredador generalista que tenga otras fuentes de alimentos muy abundantes, que le permitan alcanzar altas densidades, y especialmente cuando la densidad de la presa sea reducida.

P. ¿Se podría saber hoy día si en un determinado coto sobran determinados predadores de determinadas especies? Sí es así, ¿pasaría algo si se eliminasen los ejemplares sobrantes?
R. Desde el punto de vista exclusivamente biológico realmente “sobran” determinados depredadores cuando en el medio no existen suficientes recursos para soportar tantos individuos. Cuando esto ocurre la propia dinámica de la población hará que el excedente –los “sobrantes”– perezca o emigre, llegándose al nivel impuesto por la capacidad de carga. Algo muy distinto puede ser la percepción subjetiva de lo que significa “muchos” o “pocos” o el impacto que puedan tener sobre determinadas poblaciones de presas. Sí podemos saber cuál es la densidad media de una determinada especie de depredador en determinadas condiciones –hábitat, alimento, clima, etc.– y cuándo estas densidades están por encima de los valores medios. Generalmente las mayores densidades y los mayores impactos se alcanzarán en medios ecológicamente simplificados, con poca diversidad de depredadores, donde predominen los depredadores generalistas, con abundantes fuentes de alimento alternativo, y sobre una presa con una reducida densidad. En estas condiciones el control de los depredadores generalistas puede ayudar a reducir el impacto de depredación, pero es más eficaz y duradero actuar sobre otros factores: mejorar el hábitat, el alimento de la presa, reducir el alimento para el depredador o recuperar la comunidad de depredadores.

Los sistemas más eficaces
P. ¿Cuáles son los sistemas de trampeo más eficaces para la urraca, zorro, gatos y perros asilvestrados?
R. Las jaulas-trampa para urracas con reclamo vivo son realmente eficaces y proporcionan una elevada selectividad, como demuestra un reciente estudio que hemos realizado en el IREC. En el caso del zorro, las jaulas-trampa son poco efectivas y nada selectivas. Según recientes estudios de distintas administraciones los lazos de acero tradicionales provistos de tope y sistemas de reducción del daño pueden llegar a ser muy efectivos y hasta cierto punto selectivos cuando son utilizados de forma adecuada. Lo mismo ocurre con sendos modelos de lazos de pie y de cuello, propulsados por mecanismos que han sido diseñados en Estados Unidos y Canadá, respectivamente. En cuanto a los gatos y perros asilvestrados, desconozco la existencia de estudios sobre métodos eficaces y selectivos para su control, pero posiblemente controlar su liberación en el medio natural sería la manera más efectiva de reducir sus poblaciones en el campo.

Ayudas fiscales y económicas
P. ¿Qué remedio le queda a un titular de un coto que tienen la suerte o la desgracia de tener en su coto un gran número de predadores protegidos?
R. Supongo que la pregunta se refiere a las posibles restricciones de medidas para el control de depredadores. Como hemos visto, la presencia de determinados depredadores especialistas puede ser beneficiosa para las poblaciones de presas. En cualquier caso, siempre será mejor tener una comunidad de depredadores diversa, porque ninguna especie llegará a alcanzar las densidades que podría tener en ausencia de competencia. Siempre se podrán aplicar medidas alternativas al control de depredadores, en algunos casos incluso más duraderas y efectivas, como la mejora del hábitat, reducir el acceso a las fuentes de alimento abundantes para los depredadores generalistas, o la caza directa de los depredadores cazables. Por otro lado sería deseable por parte de la administración el reconocimiento e incluso el diseño de medidas compensatorias –fiscales, económicas– para aquellas fincas que hayan demostrado una gestión compatible con el mantenimiento de comunidades diversas de depredadores, incluyendo especies catalogadas. De hecho éste ha sido uno de los criterios propuestos por el grupo de trabajo sobre el tema para el reconocimiento del distintivo de “calidad cinegética” (Ver Carranza y Vargas, 2007: Criterios para la certificación de la calidad cinegética en España).

P. ¿Qué le parece esa figura que ninguna autonomía termina de rematar llamada “especialista en control de predadores”?
R. Esta figura, combinada con el empleo de métodos efectivos y selectivos, puede representar un gran avance en la solución del conflicto caza-control de depredadores, siempre y cuando se desarrolle con todos los requisitos necesarios. Deberían ser realmente profesionales especializados en el empleo de los métodos de control , con formación acreditada que demuestre un conocimiento detallado sobre la biología y las costumbres de las especies en el campo –tanto autorizadas a controlar como catalogadas–, de las normas legales, de los métodos autorizados y de su correcta utilización. Estos profesionales deberían tener dedicación exclusiva para poder desarrollar su actividad con garantías, disponer de los medios materiales necesarios y ser remunerados económicamente de acuerdo a su especialización y a su trabajo. La puesta en funcionamiento de un cuerpo de profesionales con estas características requeriría de un compromiso firme de todos los sectores implicados. Poco cambiaría la situación actual si todo se limitara a impartir un curso y otorgar un diploma al personal que ya realiza estas tareas a tiempo parcial, sin un reconocimiento profesional, sin los medios necesarios ni la remuneración merecida.
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