Reportajes
Caza internacional
Su caza fuera y dentro del agua
Última actualización 23/04/2008@15:34:08 GMT+1
El siguiente artículo ha sido escrito por un veterano cazador que explica las diferentes modalidades que actualmente se practican para cazar hipopótamos. Se trata de un animal muy peligroso y difícil de abatir cuya caza se ha comenzado a popularizar en los últimos años y para el que el autor reclama un nuevo puesto dentro de la categoría de “los cinco grandes”.
Muchas veces he visto la cara de asombro de personas poco relacionadas con la caza cuando se les explica que el hipopótamo, ese “pacífico animal” que anuncia pañales para bebés y que es el símbolo de la placidez y de la torpeza, es por el contrario un animal muy ágil, peligroso, violento y un formidable enemigo.
Cuando esto se cuenta a personas que no han tenido relación con el África salvaje y su fauna, y se relatan algunas de las múltiples anécdotas que conoces por haberlas vivido en primera persona o por haberlas oído en los campamentos africanos, en las orillas de esos grandes ríos de aguas turbias y llenos de misterios y vida, se pierde esa sensación de pena que produce ver la foto de un cazador retratado al lado de la enorme pieza muerta, ya que lo conseguido no es el “asesinato” de un ser vivo bonachón sino la cacería de un animal que merece todos los respetos y prudencias.
Desde que el rinoceronte dejó de ser considerado por muchos pieza de caza “seria y salvaje”, dado su confinamiento en granjas y cercones en un par de países, y la escasez de permisos para conseguirlos en lugares donde realmente nos da la sensación de que estamos cazando, muchos autores han llegado a introducir al hipopótamo en la selecta categoría de “los cinco grandes”, sueño de todo cazador africano. Personalmente apoyo esta inclusión, pues aún se puede cazar en muchos países de África en condiciones completamente naturales y vienen a sustituir al amenazado rino y su pérdida de salvajismo.
Zonas de caza. He tenido la oportunidad de estar metido en cacerías de hipopótamo en Sudáfrica –en el Limpopo hay bastantes ejemplares–, en Zambia –río Lunga, río Kafue–, en Tanzania –Rufiji– y en Zimbabwe –lago Kariba–. No he tenido oportunidad de cazarlos en el África francófona, pero me consta que hay todavía grandes poblaciones y que no están en peligro de extinción, a pesar de que portan mucha carne, uno de los bienes más preciados del continente.
Los motivos de su caza han sido tres:
1) Por el trofeo en sí, que es auténticamente formidable. Los machos adultos son portadores de grandes colmillos de marfil, que una vez montados en tablas lo convierten en codiciados trofeos. Cuando un gran macho de hipopótamo abre la boca y nos muestra sus afiladísimos dientes, es cuando apreciamos el gran peligro que supone su mordedura.
El récord del mundo es de un hipopótamo con unos colmillos alunados de más de un metro de longitud, pues al carecer de colmillos superiores le provocó un crecimiento sin desgaste, algo similar a lo que le ocurre a nuestros jabalíes cuando no tienen amoladeras o se les rompen.
Para entrar en el libro de récords del SCI necesitamos que alcancen la puntuación de 50 puntos. Muchas veces es muy difícil calcular el trofeo de un hipopótamo, por lo que debemos decirle a nuestro profesional que deseamos tirar un macho de gran trofeo y no disparar hasta que estemos absolutamente seguros que el que nos muestran es el indicado.
En múltiples ocasiones los tiraremos dentro del agua, y excepto los que tienen un trofeo muy grande y se le forman unas protuberancias a ambos lados del hocico, que no dejan lugar a dudas del tamaño del trofeo, la mayoría de las veces estarán en grupos o manadas formadas por un solo macho y hembras adultas y crías. Las hembras tienen un trofeo muy pequeño.
2 ) Por la carne. Me ha sucedido en dos ocasiones que existía un compromiso con las autoridades locales y los concesionarios de las zonas de caza en sus contratos se veían obligados a entregar carne a los poblados, por lo que normalmente se utilizaba la carne de los búfalos y de los hipopótamos, aportando proteínas a la exigua dieta de los nativos. Eso no significó que no buscáramos machos con trofeo, pero en este caso se prefirió buscar machos solitarios, a fin de facilitar su recogida, y la necesidad de tirarlos fuera del agua para que pudiera ser aprovechado por los locales.
3) Para cebo. El hipopótamo es unos de los mejores cebos para la caza de leones. Dado su enorme tamaño y la cantidad de días que permanece la carne apta para los cebos, los profesionales de caza ven con enorme interés que se produzca el abate los primeros días del safari y poder empezar a cebar la zona. A veces se deja el cuerpo en la misma orilla del río o de la charca, a fin de que sea detectado por los leones cuando vayan a beber, o por el contrario se parte en un mínimo de cuatro trozos que se pueden trasladar a los lugares elegidos como mejores por los conocedores del terreno.
Una de las ventajas que tiene su carne es que produce un penetrante olor que es detectado a gran distancia por las hienas, que como muchos saben, son las que alertan a menudo a los leones de la presencia de una carroña.
Su peligrosa caza fuera del agua. Los hipopótamos, como antes mencionaba, se pueden cazar fuera o dentro del agua. Puedo afirmar que fuera del agua es la cacería que más respeto me ha dado nunca y donde realmente he tenido sensación de peligro cierto. Para ver la rapidez de las cargas de un hipopótamo y la cercanía de los tiros que hay que realizar debido a la maraña vegetal donde viven, aconsejo ver los vídeos de mi buen amigo –y a veces chiflado actor– Mark Sullivan, al que tuve el privilegio de conocer hace ya veinte años cazando un macho montés en Gredos y al que acompañé en una cacería durísima de carneros en British Columbia en 1990.
He visto luego a Mark en bastantes ocasiones e incluso hemos trabajado juntos. Mark empezó a organizar cacerías en Tanzania hace una docena de años y se hizo famoso en este mundillo gracias a sus magníficas películas de leones y búfalos.
Sin embargo, si uno tiene la oportunidad de ver sus películas, se observa que las cargas de los búfalos son siempre provocadas a animales heridos que cargan en defensa propia. En cambio, sus últimas cintas están centradas en hipos y la gran mayoría de las cargas son de animales que atacan sin provocación previa y sin una herida anterior. Creo sinceramente que se está arriesgando demasiado y el día menos pensado puede llegar a tener un serio disgusto, lo que desde luego no deseo de ninguna manera.
Dicen los más entendidos que la razón por la que estos animales son extremadamente peligrosos es por su falta de confianza fuera del agua y que cuando alguna persona o predador se encuentra con ellos lejos del medio acuático, debe tomar muchas precauciones. Los hipos entonces reaccionan con gran violencia y con una enorme rapidez –no hay que olvidar que el nombre hipo deriva de “caballo”–, ya que pueden alcanzar los cincuenta kilómetros a la hora de velocidad punta.
Cómo detener su carga. Para parar la carga se necesita un disparo de gran calibre en el cerebro, lo cual es muy difícil de realizar. Por ejemplo y sin ir más lejos, este año, en Tanzania, localizamos un gran macho solitario desde el coche en una aislada charca, que se metió en una zona de papiros y grandes juncales al oír el ruido del vehículo.
Tras comprobar por las garcillas bueyeras que le acompañan, que se había quedado parado en aquella maraña vegetal, Fico, mi profesional, me dijo que debíamos aprovechar aquella oportunidad, por lo que yo agarré mi .416 y él su .577 Nitro Express y nos dirigimos a su refugio.
Cuando entramos allí nos dimos cuenta de lo arriesgado de nuestro empeño. La vegetación medía más de tres metros de altura, completamente tupida, y sólo se podía avanzar por la trocha abierta por el animal. Allí debían vivir varios animales, pues las veredas estaban muy tomadas, pero no se podía ver más que un par de metros, por lo que una carga en esta situación sería absolutamente imposible de parar.
Un pistero se subió a un arbolillo y nos dijo que el animal se encontraba a unos 20 metros delante de nosotros pero sólo veía un poco del contorno y a los blancos pájaros que llevaba posados en sus lomos. En aquellos momentos, en un lugar por donde no circulaba el aire y donde a veces no éramos capaces de vernos las manos extendidas, fue cuando me di cuenta del peligro que corríamos.
Estuvimos así más de diez interminables minutos. Cuando peor lo estábamos pasando desde el punto de vista emocional, fue cuando el animal dio la vuelta y decidió volver por sus pasos. Pudimos oír el ruido de su cuerpo rozando las cañas, y Fico, sin perder la serenidad, me dijo que retrocediéramos rápido, que nos la estábamos jugando. Respiré aliviado cuando llegamos de nuevo a un claro grande y pudimos salirnos de la trayectoria de nuestro objetivo, que cambió nuevamente hacia otra charca llena de nenúfares que no dejaban ver el agua.
Un arriesgado encuentro. Estuvimos casi dos horas siguiendo sus rastros en aquella jungla encharcada, lugar asimismo elegido por los elefantes y búfalos de la zona, y por tanto un lugar peligroso para que un grupo grande de personas lo recorriese.
Cuando ya estábamos a punto de desistir y de volver al coche –estaban ya haciendo mella en Fico mis continuos comentarios sobre el disparate que era esperar encontrar al hipo tan cerca–, nuestro pistero paró de golpe y señaló al frente.
Las altas hierbas no me dejaban ver nada pero Fico me agarró del brazo, me llevó hasta su posición y pude ver, a menos de cinco metros, la enorme cabezota de un hipopótamo que nos observaba fijamente y que a pesar de sus pequeños ojos miopes sabía que estábamos allí.
Mi profesional me instó a tirar y pude poner en décimas de segundo la cruz del visor entre sus ojos –que estaba a sólo 1´5 aumentos–, y apretar el gatillo, colocando una bala sólida en el cerebro. El animal se desplomó como un saco.
Éste no era el macho que andábamos buscando, pero era adulto y con un buen trofeo… Además no íbamos a andarnos con tonterías, ya que a esa distancia y fuera del agua lo más normal habría sido recibir una carga letal para alguno del grupo.
La caza en el agua. Cuando se cazan hipopótamos dentro del agua se puede hacer disparando desde tierra firme, lo cual es lo más seguro para el cazador, pues normalmente esto no comporta peligro. Es decir, si el animal está con su grupo o manada, emitirán profundos ruidos, chapotearán, se irritarán si no pueden desaparecer río arriba o abajo –por ejemplo si están en un charca–, pero no se me ha dado el caso que salgan a atacarnos.
En cambio, la circunstancia puede ser bien distinta si estamos nosotros en el agua también porque intentemos cruzar un río o porque nos estemos bañando. En este caso sí se producen ataques, y es una de las causas por la que fallecen más nativos en África en ataques de hipopótamos.
Sin embargo, la palma se la llevan los ataques a las pequeñas embarcaciones hechas de troncos vaciados, con los que circulan por los ríos los pescadores nativos. Estas frágiles embarcaciones son a veces atacadas y hundidas por furiosos machos que acaban de tener una batalla con un congénere y conservan una irritación que les hace atacar a todo lo que se encuentre a su alrededor. ¡El administrador del Selous en Tanzania nos hablaba de tres o cuatro muertes al año en las zonas limítrofes a la reserva!
Machos solitarios. Como es sabido por muchos, los hipopótamos machos quieren ser permanentemente dueños de una manada y luchan continuamente por ello. El perdedor es retirado e implica su aislamiento, lo que provoca una situación parecida al “stress” que los hace mucho más violentos e impredecibles.
Para comprobar la dureza de las batallas entre iguales no hay más que observar las profundas cuchilladas que presentan todos los machos en sus costados, y unas heridas que frecuentemente se infectan por su contacto continuo con aguas repletas de bacterias. Es curioso que estos cortes lleguen hasta la carne, atravesando la durísima y ancha piel de estos animales que, a veces, no la pueden cortar los cuchillos más afilados.
Si el animal se encuentra en el agua y nosotros en una embarcación, el tiro es poco menos que imposible, ya que necesitamos un disparo de alta precisión que alcance el cerebro, empresa complicadísima si tiramos con el vaivén y movimiento de la barca. Yo lo he intentado en Zimbabwe en dos ocasiones y no he conseguido más que herir a un gran macho que nunca cobramos. Por ello, recomiendo tiros muy precisos, con un buen apoyo, y normalmente acompañado de una gran serenidad y dosis de paciencia.
En caso de haber sido certeros, al cabo de unas cuantas horas el hipopótamo saldrá a la superficie flotando, pero en este caso comienza la que a veces es una peligrosa empresa: llevarlo a la orilla.
Si el animal está soltando mucha sangre es más que probable que los cocodrilos estén cerca, por lo que muchas veces los locales se niegan a arrojarse al agua para poner un cable alrededor de una pata y luego remolcarlo a la orilla. Yo he visto hacer esto en alguna ocasión, con aguas opacas color chocolate, y siempre me pregunto de dónde sacan valor e inconsciencia para hacerlo y meterse nadando con agua hasta el cuello.
Por mucho que nos pongamos en la orilla con un rifle montado por si se ve un ataque de cocodrilo, como uno de éstos animales decida atacar será más que imposible percibirlo hasta que haya pegado el bocado a nuestro ayudante.
La fiesta de su caza. Una vez fuera, se monta una gran fiesta por parte de los locales, que cortan el animal en trozos para llevarlo al poblado, aunque siempre he visto que allí mismo hacen un fuego y directamente asan trozos del hipopótamo para comerlos sobre la marcha. Algunos se meten tres o cuatro kilos de carne entre pecho y espalda en un par de horas, bebiendo agua de la misma charca o del río para acompañar la pitanza. Si nosotros hiciéramos eso, no seríamos capaces de sobrevivir ni a la llegada de la avioneta.
En definitiva, la caza de estos animales es más que interesante y debemos empezar a pensar que son unas poderosas bestias a las que hay que tener un gran respeto pese a su aspecto inicial, recomendando que a la big frog –rana grande, como le llaman cariñosamente algunas personas que conocí de Zimbabwe– se le catalogue en el lugar que merece, como uno de los “cinco grandes” que actualmente se pueden cazar en África.