Hemeroteca :: 01/05/2008
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Opinión

Taco de TICO

Tico MEDINA

Última actualización 23/04/2008@15:20:43 GMT+1
Me alegró ver en los documentos tantos rostros femeninos, valientes y seguros, tomando las calles de Madrid, reivindicando la verdad con razón, con pasión, que las dos cosas iban juntas y hermanadas.
No se me antoja irreverente, aunque sea resultón y oportunista, el título de nuestro taco de este marzo que se va, abril que se viene y, además, cuando escribo esta página es casi Semana Santa. Pero viene a cuento porque recuerdo la manifestación del día 1 de marzo por las calles de Madrid donde había tanto “sentenciado” sin culpa. Por unos y por otros, por los que creen que tanto saben y por los que piensan que están en la posesión de la verdad pero sin estarlo.

Yo estuve sin estar, porque ese sábado estaba preparando el programa del día siguiente que, como muchos de mis lectores saben, se emite en directo los domingos para toda Andalucía.

A pesar de ello me alegró ver en los documentos tantos rostros femeninos, valientes y seguros, tomando las calles de Madrid, reivindicando la verdad con razón, con pasión, que las dos cosas iban juntas y hermanadas. Todo por culpa del plomo, o echándole la culpa al plomo, que fue uno de los motivos de la protesta. No les voy a contar a ustedes lo que ustedes reclamaban, lo saben mejor que nadie, pero quiero que sepan que yo estaba ahí, en mi ectoplasma, en un deseo, uno más entre los “deportistas” de bien, que sabían lo que reclamaban, de lo que protestaban. Y yo estaba en la voz de muchos de mis amigos, de tantos y tantos a los que he acompañado por el campo, de los que he aprendido esa gran verdad de que cazar es libertad y de que cazar no es matar.

Cazar es vivir, dar vida, que no es lo mismo, y en mis todavía numerosas colaboraciones, de la radio, de la prensa, de la televisión, levanté mi voz en defensa de mis leales.

Y por eso, ecce plomo, en el tiempo del eccehomo. Porque habéis sido señalados con el dedo de la injusticia, de los que dicen tener toda la verdad instalados, en muchas ocasiones, en la moda y la ligereza del incierto, por no decir de la mentira. Así que ahí os vi, más que ninguna otra cosa, protestando, con vuestros perros, vuestros halcones, vuestras verdades dichas a la cara mostrando vuestros rostros descubiertos, eso sí, señalados como pecadores y traidores a la vez.

De ahí –aunque sea fuerte no me pesa– el titular. Que uno es católico, apostólico, serrano también, y sabe rezar con emoción la salve cazadora, la plegaria montera, aunque sea en la esquina de un restaurante. He visto, por cierto, que uno de los platos que más se están llevando este año a nivel cocina internacional, y lo leo textualmente, es el “jabalí de Sierra Morena con manzanas asadas”. Gloria para el paladar, bendito sea.

De ahí que tanto me guste ver cómo en las televisiones y las radios, cada día hay más programas de caza, sino además, y eso es lo bueno, lo que va a demostrar su permanencia y su interés es con más publicidad de todo tipo dentro. Estupendo, me alegra mucho. Por eso veo con alegría la caza del “raposu”, o del zorro, en su propio acento en la televisión asturiana, y me viene a la memoria aquel día, que en un aparte en la televisión, Félix Rodríguez de la Fuente me vino a decir entre pregunta y pregunta:
– Como recordarás, tú me llevaste a la televisión hace tantos años en los primeros programas, justo al mismo tiempo en que iba a tu espacio don Jaime de Foxá, que hacía su espacio de caza y eran dos páginas que no rechinaban, que se compenetraban incluso, que se asistían…
Ahora lo he recordado y por lo tanto lo exhibo, que uno es también su vida pasada, su memoria. Como se ve en esa película del gran cazador de mamut de hace diez mil años, como poco, y a la que asisten los chicos, asombrados.

Mi compadre Manuel Benítez “El cordobés” me descubre preocupado:
– Fíjate que voy a tener que mirarme de nuevo un tobillo, porque me lo partí durante una cacería y me tuvieron que poner cuatro clavos, y ahora me resiento de nuevo.

Bardem y su escopeta criminal. Moraleja: hay que cuidarse bien cuando se consiguen “trofeos de caza” en las propias carnes de uno. Como el cazador Javier Bardem, con su escopeta criminal en el papel que le dio el Óscar merecido, y es que hay mucho cazador loco suelto por ahí y hay que andar con cuatro ojos en vez de dos.

Encuentro en una taberna del camino donde hay buen venado a la mesa y chorizo de guarro, del mejor, una botella de aguardiente que se llama “Carne de caza”. Bueno sería que se llamara “mañana de caza”, sobre todo si es anís de monte.

Juan Marsè, el enorme novelista, cuenta que empezó a escribir cuando conoció la leyenda de aquella novela de Hemingway, tan gran cazador, hablando del esqueleto del leopardo que se encontró en las nieves del Kilimanjaro.

En la película “Las hermanas de Bolena”–perdonen que vaya dando saltos por el tiempo y por la historia, pero así debe ser un buen taco lleno de sabores diferentes– todo empieza, el amor y el desamor de las dos niñas, de la legendaria historia en una partida de caza del Rey Enrique VIII, cuando persiguiendo a un ciervo de amplia cuerna, cayó en un barranco y estuvo a punto de lisiarse para siempre. Aunque la historia es otra, perseguía otro tipo de pieza, concretamente una gacela de hermosos ojos llamada Ana Bolena.

Y algunas pequeñas historias más, que cuelgan de mi humilde percha de predador de sucedidos; que Patxi Andión sigue cantando a veces en sitios cerrados y mejor que nunca y que toca la guitarra, aquella guitarra a veces en las noches de luna, me cuentan, mientras los perros de su rehala y algún lobo lejano le escuchan.

Y estamos, no lo olviden, en el año del conejo. Por lo visto hay plaga. Por eso tal vez se llevan tanto en las pieles de gala, cubriendo los ojos desnudos de las hermosas damas de la noche. Pero cuidado, que no les den gato por liebre.
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