Hemeroteca :: 01/05/2008
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Noticias (Miscelanea)
Última actualización 29/04/2008@16:28:23 GMT+1
La mayoría de los cotos españoles no tienen los conejos que tenían antes de la llegada de la enfermedad hemorrágica, aunque también es cierto que aumentan los lugares, principalmente agrícolas, en los que la especie ha proliferado en demasía, causando cuantiosos daños a los cultivos. Este reportaje trata de dar respuesta a los dos problemas, el de la escasez y el de la abundancia. O sea, cómo recuperar el conejo allí donde escasea o ha desaparecido, y cómo evitar sus daños allí donde abunda.

J. Ignacio Ñudi
Desde la llegada de la enfermedad hemorrágica a finales de los años 80 y principios de los 90, el conejo no ha vuelto a levantar cabeza en la mayor parte de España. Se ha constatado una ligera recuperación generaliza, sin duda con muchas excepciones, pero si hacemos un balance general el conejo sigue siendo escaso o muy escaso en gran parte de los cotos españoles.

Poco tiempo después del espectacular descenso del conejo que, de un año para otro, provocó la nueva enfermedad, cazadores, gestores y científicos comenzaron a hacer cuanto pudieron y supieron para aliviar esta lamentable escasez que a muchos cazadores ha obligado a colgar la escopeta, o a cambiarla por el rifle, o a hacerse perdicero. Una escasez que también ha cambiado hábitos alimenticios y cadenas tróficas. Quienes más han sufrido la escasez de este, antes abundante, bocado de proteínas han sido nuestros predadores más especialistas como gatos monteses, linces y grandes rapaces, que han mermado peligrosamente.

Poca madre y todo en contra. Ninguna especie puede recuperarse partiendo de poquísimos ejemplares –los pocos que quedaron tras el paso de la enfermedad hemorrágica– si además tiene todo en contra. Los campos españoles han cambiado. Ya no se siembran las dehesas como antaño de cereal, que proporcionaban un alimento inigualable.

El monte ha crecido a sus anchas animado por una nueva política forestal rácana con los desbroces o las quemas controladas, favoreciendo a su vez el aumento del jabalí, que preda sus gazaperas.

Los controles de predadores oportunistas apenas se hacen porque sencillamente no se autorizan. Pero también es cierto que muchos cazadores siguen cazando conejos en lugares donde no se debería por su escasez. Si a esto sumamos la coexistencia de las dos enfermedades, a veces parece milagroso que quede algún conejo.

Por tanto, lo primero que habría que hacer para recuperar el conejo allí donde antes era relativamente abundante sería recuperar el hábitat perdido.
(Si le interesa este artículo puede encontrar más información en el número de mayo de la revista, ya en su quiosco).
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