Armas y Municiones
Cómo disparar y no quedarse k.o. en el intento
Texto: Juan Francisco París
Última actualización 23/05/2008@14:23:16 GMT+1
Aunque actualmente la distancia al ojo de los visores es cada vez más amplia, el retroceso y los encares poco elaborados siguen ocasionando lesiones a no pocos cazadores. Estas líneas proporcionan algunos consejos para evitar este accidente.
Después de ver las precauciones que tomaba antes de disparar un Remington Sendero calibre .300 Ultra Mag – y que utilizamos para hacer el artículo ¿Se puede cazar a medio kilómetro?, publicado el número anterior– a José Ignacio Ñudi, director de TROFEO, se le ocurrió publicar éstos consejos para no lesionarse con el visor.
La verdad es que hacerse daño con el visor en la frente, o peor aún en un ojo, le ocurre todas las temporadas de caza a muchas personas porque es uno de los accidentes más corrientes que puede sufrir un tirador, así que ahí van esos consejos para tratar de evitarlo.
Causas. El visor puede lastimar al tirador por diferentes causas: al principiante que dispara un rifle sin saber apuntar; cuando la mira óptica está mal montada o la geometría de la culata no se adapta al tirador; si el encare y el apoyo en el hombro del arma se hace apresuradamente; etcétera. Salvo la inexperiencia, las demás causas las vamos a analizar.
Lo primero que hay que decir es que este desagradable y doloroso percance puede ocurrir al disparar un rifle en cualquier modalidad cuando se utiliza un calibre potente y normalmente porque no podemos controlar el retroceso del arma. En montería sucede cuando no se apoya bien el rifle o, porque con las prisas, se acerca demasiado la cara al visor, ya que hay muy poco tiempo para apuntar y disparar. En rececho, aunque se tira con el rifle apoyado, muchas veces se tiene que adoptar una postura forzada para encarar y el ojo se acerca demasiado al visor o bien no podemos sostener el rifle con firmeza y el retroceso hace el resto. Igualmente, cuando se realiza una espera nocturna, la falta de luz unida a una postura de tiro incómoda o a un disparo potente puede también ser la causa de que nos lesionemos.
En general el visor de cualquier rifle que dispare cartuchos tan potentes o más que un .300 Winchester Magnum puede causar al cazador serias lesiones si lo golpea el visor. Por supuesto esto es relativo, porque un ligero monotiro o cualquier rifle menos potente, pero mal equlibrado, puede tener un retroceso superior a otro bien equilibrado del calibre .300 W. M.
¿Cómo se puede evitar? El riesgo de lesionarse aumenta notablemente si el rifle no está a nuestra “medida” o el visor está mal montado. En este caso, especialmente tirando con un rifle potente cuerpo a tierra, o con éste mal apoyado, de noche o cuando se tira a tenazón, las posibilidades de que nos deje k.o. el visor a causa del retroceso y la mala sujeción, aumentan.
Por tanto, en principio se puede evitar adquiriendo un arma con una culata que nos permita apuntar correctamente con el visor y, por supuesto, exigiendo a quien nos monte la mira que lo haga bien.
Además de lo dicho, si el calibre del arma es muy potente, es importante adquirir una mira con una “distancia del ojo al ocular” grande –es una medida de seguridad: la distancia a la que queda alejado el ojo del ocular cuando se ve bien el campo de visión–. Por tanto, si esta distancia es grande, nuestro ojo permanecerá más alejado del ocular y con menos peligro de ser alcanzado por el retroceso al realizar un encare precipitado o con apoyo inestable.
Actualmente muchos fabricantes comercializan modelos de visores para rifles con distancias al ojo de 90 milímetros ó incluso más, pero hay otras marcas y modelos que tienen distancias de 70-80 milímetros, que funcionan bien y que –montados en calibres de media potencia– no suponen ningún inconveniente. Pero sí puede ser peligroso utilizarlos en un calibre magnum o en un rifle muy ligero con cartucho medianamente potente, y no digamos ya en un calibre africano. Por cierto, para estos calibres africanos se fabrican visores especiales con una distancia al ojo mayor, caso del modernísimo Swarovski Z6 1-6x24 EE L ó EE SR –no confundir con el Z6 1-6x24 L ó SR–, cuya distancia al ojo es de 120 milímetros.
Otro punto a tener en cuenta es el diseño de la copa del ocular. Hay que elegir un modelo que tenga bien protegido el borde con un material blando que amortigüe el golpe. Esta parte la suelen llevar casi todos los visores, pero incluso entre los más caros esta protección es mejor en unos modelos que en otros. En este aspecto, Swarovski también utiliza un sistema inmejorable en sus miras: copas del ocular con amortiguador telescópico.
Más vale prevenir. Pero además de elegir un visor con distancia al ojo grande y un arma con una culata que nos permita disparar cómodamente y montar correctamente el visor, lo importante es no bajar la guardia y no disparar sin adoptar una posición de tiro cómoda y segura. Lo mejor es practicar el encare y aprender a disparar rápido antes de tener que hacerlo en el campo, sobre todo cuando compramos un rifle nuevo de un calibre más potente o que tiene más retroceso que el que usábamos.
Si recechamos con calibres muy potentes y rifles ligeros no deberemos retirar del arma el freno de boca que suelen llevar estos rifles ni hacerlo con un apoyo que no nos permita encarar firmemente. Dicen que estos frenos molestan por ruidosos, pero yo creo que el golpe del visor empujado por el retroceso de un rifle de menos de tres kilos de peso recamarado para un cartucho como el .30-378 Weatherby Magnum, debe molestar y sobre todo doler bastante más.
Igualmente, cuando se tira usando como apoyo una vara u otro apoyo de caza no hay que perder de vista que el retroceso del disparo también moverá hacia atrás el apoyo.
A título de curiosidad les diré que en estos casos y en general cuando no dispongo de un apoyo estable o disparo un calibre muy potente o con mucho retroceso, pero sí dispongo de tiempo para apuntar, utilizo la visera de la gorra como amortiguador, método que siempre me ha dado estupendos resultados. Sólo hay que intercalarla entre el ocular sin que nos impida ver el blanco.