La explosiva recuperación del conejo en determinadas zonas agrícolas lo ha puesto en el punto de mira de los daños agrícolas. El conejo es una especie de caza muy popular y entretenida, pero tampoco debemos olvidar que es una presa básica en la cadena alimenticia. Sin embargo, para muchos agricultores es un temido enemigo.
Tanto los técnicos como las instituciones cinegéticas, y todos los amantes de la naturaleza y de la caza, debemos buscar soluciones en las que el conejo tenga un sitio en nuestros campos agrícolas, y que esto no suponga un quebradero de cabeza para los agricultores.
Si el conejo es considerado una plaga dañina emergente pone en juego el futuro de cuestiones tales como la aprobación de la famosa “vacuna ecológica”, o más importante, la recuperación del conejo en nuestros montes.
En los últimos años he visitado distintas zonas agrícolas para comprobar los daños que los conejos producen a la agricultura. En mi opinión no se puede generalizar, ni afirmar que el conejo es una plaga dañina y voraz, ya que esto depende mucho del tipo de cultivo y las circunstancias del hábitat y de la población. Por ejemplo, en cultivos de olivar adulto de secano, los conejos apenas producen daños.
Tampoco producen daños en las viñas en espaldera. En estos cultivos y en otros muchos, si hay daños se deben a una hambruna y superpoblación importantes durante el verano, ya que los conejos, antes de trepar y alimentarse de corteza madura de árbol, que es un alimento de pésima calidad, deben haber acabado con todo rastro de verde en el suelo. En este caso los problemas se solucionan proporcionando algo de alimento verde y agua en la época estival.
Del mismo modo, estos daños indican que la agricultura se está pasando con los herbicidas y el labrado, y el hábitat en verano es similar a un desierto. Evidentemente, antes de morir de hambre, cualquier animal comerá lo único verde que queda en el campo en verano, o sea, el cultivo.
Si en vez de conejos pusiéramos vacas, también causarían unos daños importantes y se comerían todo lo que pudiera del árbol antes de morir de inanición.
De esta forma también podríamos decir que la vaca, la oveja, la cabra, o el caballo son animales muy voraces y dañinos; o más bien que el hambre es muy mala. Quizás mejor que ejecutar exterminaciones deberíamos pensar ofrecer alguna alternativa alimenticia en épocas críticas a la fauna silvestre de nuestros campos agrícolas, y no ponerla entre la espada y la pared.
Sin embargo, aunque el jabalí adulto no teme el ataque del gran águila real, no ocurre lo mismo con el pequeño rayón, y de forma similar las plantaciones de olivos jóvenes sí son especialmente sensibles a las poblaciones de conejos. En este caso los daños pueden ser enormes.
También las plantaciones de viñas tradicionales, los cereales y los olivares de regadío son cultivos sensibles a los conejos, y por supuesto las huertas. Si en nuestro coto tenemos plantones de olivar, viñas tradicionales, cereales, riego por goteo superficial o huertas y si los conejos comienzan a abundar en esa zona, los problemas e indemnizaciones crecerán enormemente; a menos que tomemos medidas serias.
No siempre hay superpoblación. Muchos nos preguntamos cómo habiendo cotos y caza en las zonas con daños de conejo, éstos no se atajan de raíz. La solución parece fácil a primera vista, basta con cazar mucho y el problema desaparecerá.
Eso mismo le comenté a un cazador de uno de estos cotos que comento. Resulta que cazaban muchos conejos, aunque al final de temporada era muy difícil abatirlos, ya que los conejos permanecían mucho tiempo dentro de las madrigueras, se encerraban al menor ruido y sólo salían de noche. No obstante, a fuerza de cazarlos a principios de diciembre, apenas quedan conejos en el campo.
Sin embargo, a pesar de haber pocos conejos en todo el coto, en la primavera ya empieza a haber daños y tienen que hacer capturas y descastes primaverales. Y aún así, hasta el final del verano sigue habiendo daños en los cultivos mencionados. Está claro que si hay superpoblación los daños se multiplican, pero basta unos pocos conejos en las proximidades de estos cultivos para causar daños importantes.
Parece claro que los daños en muchos casos se deben más a una cuestión de sensibilidad del cultivo que a una superpoblación. Esto tiene una implicación clara, pero que no todo el mundo sabe ver: sólo con aumentar la presión de caza no se solucionan muchos de los problemas de daños por conejos. Está claro que la caza ayuda mucho a controlar, pero aunque dejemos poca madre, seguirá habiendo daños. No siempre es cuestión de número, sino de sensibilidad del cultivo.
Épocas críticas de los cultivos. ¿Como es posible que unos cuantos conejos hagan tanto daño?, me preguntaba yo. La respuesta es evidente, porque atacan en periodos de debilidad y a puntos vitales de la planta. Por ejemplo, si varios conejos entran en un trigal cuando está maduro apenas causan daños, pero ocurre lo contrario si se alimentan cuando los brotes de trigo están saliendo recién germinados. En este caso, un solo conejo puede comerse miles de futuras espigas, porque cada bocado en esa época equivale a una cantidad cincuenta o cien veces superior unos meses más tarde. Dicho de otra manera, si un conejo entra en un cereal cuando está saliendo, es como si entraran cien conejos a finales de la primavera.
Lo mismo le ocurre a los brotes primaverales tiernos de las viñas tradicionales: con un bocado en esta época se está comiendo lo que iban a ser tres o cuatro racimos completos, y lo que es peor, está dañando en una zona y época vital a la viña. También podemos decir lo del daño vital en los plantones de olivo y frutales, que al comerse la corteza del tronco los secan por completo, o el caso de las mordidas a puntos débiles del riego como goteros y mangueras finas.
¿Por qué en primavera? Alguien podría pensar que estos daños en teoría no deberían darse porque en época invernal y primaveral la comida es abundante. En teoría los conejos tienen hierba verde en esa época, y no tienen por qué dedicarse a dañar el cultivo.
Sin embargo, sí hay daños en época primaveral. Esto puede explicarse desde dos puntos de vista. Primero en las zonas agrícolas no siempre abunda la comida en primavera, debido al abuso de herbicidas y labrados. Y por tanto, puede ser una época de escasez, aunque en teoría no debiera serlo. Segundo, a diferencia de los daños por hambruna, los brotes y cortezas tiernos y verdes son alimentos muy apetecidos y de calidad para los conejos, y los buscarán con avidez. El problema es claro, si no abunda otro tipo de alimento por las labores agrícolas y el cultivo se vuelve apetitoso en esa época, pues comerán del cultivo.
Otros daños son debidos al comportamiento, como por ejemplo las mordidas a elementos del riego superficial, como mangueras finas y goteros. De esto se conoce poco, pero el sonido y olor del agua que producen estos elementos al regar, y su textura blanda parece que favorecen las mordidas, ya sea en busca de agua, por resultarles agradable al masticar, o simplemente porque necesitan desgastarse los incisivos en crecimiento. Aunque repito que es un tema poco esclarecido y que a todos nos urge averiguar.
Investigando soluciones. Mejor que pensar que el conejo es un animal muy voraz y dañino –lo cual no tiene solución y justificaría su exterminio de las zonas de cultivo– decidí ponerme a analizar sistemáticamente en el campo el por qué y cómo de estos daños. Y resulta que según mis datos todo el monte no es orégano. Los daños se circunscriben a hambrunas con sobrepoblación, y a épocas muy concretas en cultivos sensibles. O sea, que el problema se circunscribe a evitar hambrunas unidas a superpoblaciones, y a proteger determinados cultivos en zonas concretas y en épocas críticas un par de meses al año.
Este panorama es menos desfavorable, y por tanto más asequible para intentar compatibilizar la vida de nuestro conejo de monte con la agricultura en las zonas de campiña.
De nuevo me toca decir que hay muy poca experimentación en campo sobre este tema, y en mi opinión, debería ser un tema prioritario, especialmente para los cazadores y las instituciones que los representan. Si el conejo para la agricultura es un problema sin solución, esto supone un mal futuro para la especie y los cazadores. Soluciones debe de haberlas, ya sea mejores o peores, sólo hay que gastar esfuerzo y dinero en probar y averiguar.
A continuación propongo algunas soluciones de forma general. Que cada cual, en función de las características de su zona, las modifique o adapte a su problemática particular.

Suplementación de alimento en periodos de escasez o hambruna. Los conejos son animales muy sedentarios, por lo que si les suministramos alimento y agua en las épocas de escasez en las proximidades de la madriguera o refugios donde estén, se concentrarán allí sin apenas alejarse. Esto minimizaría los daños. Además en la época estival los animales reducen su metabolismo y necesitan comer menos para sobrevivir, por lo que el gasto de alimento será poco.

Presión cinegética en zonas y periodos críticos. Trataríamos de reducir y hostigar conejos que estén cercanos a los cultivos sensibles y especialmente en los periodos críticos. De este modo la caza será más eficaz como elemento de control de daños.

Colocación de protectores individuales y vallados con malla conejera de alambre. Un protector de malla conejera de alambre o un vallado conejero bien colocado son elementos de máxima eficacia para protección de los daños, aunque estas medidas son algo costosas. El problema es normalmente que no se saben colocar. Por ejemplo, hay gente inexperta que hace una zanja vertical profunda en la que introduce la malla y después lo rellena de hormigón para evitar que los conejos pasen por debajo de la malla. Este sistema aparte de ser carísimo, es poco eficaz y los conejos acaban haciendo galerías por debajo del zuncho de hormigón. También hay otros que colocan protectores de malla de plástico, la cual es fácilmente roída por los conejos. Mi consejo es que antes de gastarse el dinero inútilmente se asesoren bien y no lo malgasten en una chapuza que no servirá para nada.

Utilización de enemigos naturales. El conejo es depredado por más de veinte especies en la Península Ibérica. Si una zona de campiña es excesivamente productiva en conejos, y son frecuentes las superpoblaciones, esto puede deberse a una escasez de enemigos naturales. Hablo por ejemplo de zonas como Puente Genil en Granada, donde se barajan cifras en torno a 20.000 conejos en unas 12.000 Has. En teoría no habría que tener miedo a la presencia de depredadores en estos cotos, ya que si hay tanto conejo debería haber tanto para depredadores como para los cazadores, y sobrarían. En este caso podrían hacerse mejoras de hábitat para favorecer a los depredadores, como por ejemplo, ubicar posaderos para las rapaces, proteger o crear áreas de nidificación de rapaces, colocar abundantes bebederos para los mamíferos depredadores, crear refugios para estas especies, crear estructuras lineales que faciliten la depredación, etc.
Estos métodos pueden ser tremendamente eficaces, y puedo asegurarles que hay algunas experiencias en las que se han solucionado totalmente problemas que le estaban costando mucho dinero en indemnizaciones y trabajos de control de daños a sociedades y titulares de acotados.

Cortafuegos de conejos. Los conejos son animales muy asustadizos y rara vez se alejan más de 50 metros de sus zonas de refugio, como madrigueras o áreas de vegetación densa. Las zonas totalmente despejadas sin protección, tipo cortafuegos, son barreras que a los conejos no les gusta pasar y en las cuales son muy vulnerables. Por tanto la creación de bandas anchas despejadas sin protección puede ser una herramienta para disminuir los daños en determinadas zonas. Esto podría hacerse por ejemplo planificando zonas de laboreo o barbecho en pasillos y corredores de vegetación entre distintas zonas de refugios, o alrededor de las mismas, para aislarlas o cortarles el paso en una dirección.

Cebos y señuelos. Es relativamente fácil fijar a una población de conejos en una zona concreta suministrando alimentos golosina, como por ejemplo cebada, pienso de conejo, alfalfa fresca y agua. De esta forma podemos prevenir daños y mantener a la población en las zonas que queremos. También podemos colocar elementos-señuelo como barras de plástico clavadas en el suelo para disminuir las mordidas sobre componentes de riego próximos. Esto por ejemplo se ha probado con éxito en los daños producidos por el rascado de las correas en las cuernas de los ciervos, que dañaban muchos árboles jóvenes y repoblaciones. Para evitar estos daños a alguien se le ocurrió clavar unos postes de madera en el suelo a modo de señuelo para el rascado de la cuerna. De este modo la mayoría de los ciervos se descorrean sobre los postes y no dañan a los árboles jóvenes. También colocar un pequeño recipiente debajo de los goteros a modo de bebedero puede reducir en gran medida los daños.
Conclusiones. Los desequilibrios en los ecosistemas agrícolas son en su mayoría responsabilidad de la actividad humana, y no son culpa de especies autóctonas, mal llamadas dañinas. Por tanto, parece más lógico arbitrar medidas para recuperar el equilibrio que destruir los hábitats o realizar exterminios masivos. Aquí cada cual debería asumir su aportación y contribución al mantenimiento de un equilibrio sostenible, y no caer en un egoísmo o racanería exagerado y destructor. Asímismo, el papel de la caza y del ser humano como super-depredador es clave.
Las soluciones a los daños deben buscarse en una verdadera experimentación e investigación en campo. En vez de lamentarse y echar la culpa a la especie o a la divinidad que la creó, habría que probar soluciones; queda mucho por investigar. Por último, hay que analizar con detalle cada zona y cada caso particular y por supuesto contar con asesoramiento técnico experto.