Hemeroteca :: 01/06/2008
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Reportajes

Castilla y León ha aprobado un plan de conservación del lobo en el que su caza se considera una herramienta “prioritaria” en la gestión de sus poblaciones

Texto: Israel H. Tabernero Foto de apertura: Alfonso roldán

Última actualización 26/05/2008@22:22:01 GMT+1
El mes pasado se aprobó el Plan de Conservación y Gestión del Lobo en Castilla y León. Este plan revisa la actual situación de la especie en la comunidad y considera su caza una “procedimiento prioritario” en la gestión de sus poblaciones. La principal novedad es que la caza del lobo se va a extender a toda Castilla y León en un aperturismo sin precedentes desde que ésta fuese limitada en la década de los 70. Además pretende fomentar la expansión y el aumento de ejemplares de esta especie, pero reducirá sus daños allí donde el conflicto con los ganaderos es más pronunciado. Se trata por tanto de un plan muy pragmático que, a pesar de todo, no está exento de polémica.
Durante siglos los campesinos de toda España acuñaron una frase simple y recurrente que imprimía miedo y odio y que, desgraciadamente para ellos, era bastante conocida: “¡Que viene el lobo!”. Estas cuatro palabras anunciaban una preocupante amenaza para sus exiguos ingresos que, bien mirado y en otro orden de cosas, tampoco nos es ajena en la actualidad. Después, en el siglo XX, el paulatino progreso de la humanidad fue capaz de crear armas más efectivas para luchar contra este “bandolero” de la naturaleza, a la vez que las mejores condiciones de vida disparaban las pirámides demográficas de nuestra tierra.

Los gobiernos de aquella España eminentemente rural fomentaban sus políticas “sociales” creando la figura del alimañero y primando a todo aquél que con sus artes daba muerte a determinadas especies consideradas dañinas.

Como todos sabemos esto consiguió literalmente borrar del mapa a la mayor parte los lobos de España en la década de los 70, confinándolos en diminutos reductos al noroeste del país y algunas zonas de Sierra Morena.

Afortunadamente para todos los que no sufrimos sus ataques esta situación cambió y las políticas de conservación –acompañadas de un progresivo cambio de mentalidad– dieron un balón de oxígeno a la especie. Gracias a ello, poco a poco, el lobo fue abandonando sus últimos reductos y recolonizando sus antiguos territorios, haciéndose fuerte en Galicia, Asturias, País Vasco y, sobre todo, el norte de Castilla y León. Y su reaparición, una vez más, trajo de nuevo la polémica.

Causas de su recuperación. La recuperación del lobo, tal y como reconoce Juan Carlos Blanco, uno de los mayores conocedores de la especie en este país, atiende a una tendencia bastante generalizada en la mayor parte de los países desarrollados que cuentan con la presencia de este predador. Es el caso de Europa Occidental y Norteamérica.

La raíz de todo este proceso nace con el abandono del campo y el desarrollo del país. La mayoría de la sociedad, cada vez más urbanita, comenzó a perder contacto con la especie y dejó de verse afectada por sus ataques. Este éxodo rural propició el abandono de un gran número de usos tradicionales de la tierra y redujo la presencia humana en nuestros campos. A todo esto se sumó un cambio de mentalidad que empezó a promoverse en las décadas de los 70 y 80 y que consiguió cambiar el odio hacia la alimaña por la lástima hacia el animal admirado que se encontraba al borde de la extinción.

La vegetación natural se recuperó gracias a la ausencia de una mano labriega que la trabajase y las poblaciones de ungulados aumentaron considerablemente en medio de este abandono. Todo ello conformaba el caldo de cultivo perfecto para que el predador, férreamente protegido por el Gobierno, encontrara una vía de escape bastante buena para su comprometida situación. Y la encontró.

El regreso. El lobo ha ido recolonizando sus antiguos territorios con sigilo, casi en silencio. Tal vez porque ya no hay nadie en la sierra que grite aquello de: “¡Que viene el lobo!”. La sociedad ha cambiado y el ganadero, a día de hoy, cuando sufre un ataque, acude a las puertas de la consejería de turno para anunciar, megáfono en mano, que el lobo ya ha venido. Exigen un justo tributo por los daños recibidos a unas administraciones que, en muchas ocasiones, son lo suficientemente desarrolladas y modernas como para proteger al lobo pero no para protegerlos a ellos de sus ataques.

De esta forma el eterno problema se repite en otra época y en otros escenarios, y lo que antes se solucionaba con un cartucho de postas o con la estricnina ahora se arregla en los despachos.

Castilla y León es la comunidad que más ha experimentado la recuperación de este animal, contando actualmente con su presencia en todas las provincias de la región. Su distribución se divide en dos grupos perfectamente diferenciados y separados por la frontera natural del río Duero. Al norte, la presencia de lobos es muy abundante, y es desde ahí desde donde comenzaron la recolonización. De esta forma, una vez que salvaron la frontera natural del río, comenzaron a extenderse por la parte baja de la comunidad llegando a provincias como Salamanca, Segovia y Ávila.

Situación actual. Según el último estudio poblacional serio, realizado por Juan Carlos Blanco entre 2000 y 2001, la población estimada en Castilla y León en esa época era de unos 1000-1500 ejemplares que se repartían en unas 149 manadas. Las zonas más pobladas eran Zamora, León y Palencia. Además, la Sierra de la Culebra presumía –y presume– de ser la zona con mayor densidad de lobos de toda Europa Occidental. Tal y como reconoce Blanco, “es posible que haya aumentado el número de lobos”, especialmente en algunas provincias del sur del Duero como Ávila, Segovia o Salamanca, aunque como afirma este experto, en tierras salmantinas su recuperación es mucho más complicada porque se trata de una zona muy ganadera en la que “no lo dejan” entrar.

Se puede decir que toda Castilla y León está recolonizada a excepción de Soria, provincia que, a juicio de Juan Carlos Blanco, el lobo “aún tiene que ocupar”.

Fuera de Castilla y León, la tendencia actual y las opiniones moderadamente optimistas coinciden al señalar que los lobos se extenderán por Aragón, Castilla-La Mancha y, en general, todo el Sistema Ibérico, ya que todas las condiciones están de su parte.

Novedades con respecto a su caza. El mes pasado se aprobó el nuevo Plan de Conservación y Gestión del Lobo en Castilla y León, del que pueden conocer más detalles en el cuadro adjunto. Esto ha supuesto una buena noticia para la caza y para la conservación del propio lobo porque trata de ser un plan muy práctico que clasifica las zonas loberas en tres tipos diferentes en función del número de ejemplares, de la disponibilidad de alimentos y de los daños que genera. De esta forma, al no englobar a toda la Comunidad bajo el mismo criterio, permite estudiar el caso concreto de cada comarca para saber si ahí hay que cazar lobos o no. “Habrá zonas en las que haya muchos lobos pero en las que se cazarán muy poco porque no producen daños, y habrá zonas con menor densidad de ejemplares en la que se intensificará su caza si los daños que provocan son cuantiosos”, afirma Luis Ciria, presidente de la Federación de Caza de Castilla y León.

Este plan ha sido enfocado para aliviar en la mayor medida posible los conflictos entre ganaderos y lobos, y la Junta ha tomado la caza como la principal herramienta para conseguirlo.

Según Luis Ciria, “la Junta de Castilla y León se merece un aplauso por el gran trabajo que ha realizado. Ha hecho un plan pionero en el mundo en el que se busca el pragmatismo y que va a ser mucho mejor para el lobo porque fomenta una caza racional. Se cazarán tras estudiar cada caso concreto y dependiendo del daño que hagan, no de su número”. No obstante, y a pesar de que Ciria hace una valoración muy positiva del plan en sí, plantea un preocupante “pero” al proyecto.

El gran “pero” del plan. Este nuevo plan ha sido ideado para aplicarse a toda Castilla y León por igual pero, a día de hoy, la especie tan sólo se encuentra reconocida como “especie cinegética” al norte del río Duero.

La Junta ya ha comenzado los trámites legales para que la Unión Europea acepte su petición de considerarlo especie cinegética también en las provincias del sur de la comunidad y se espera contar con esa autorización en un futuro próximo.

El gran “pero” que han planteado desde la Federación de Caza de Castilla y León es que si finalmente se considera especie cinegética en toda la Comunidad, según la vigente legislación los cazadores serán los que tendrán que pagar los daños provocados por los lobos, algo a lo que ni por asomo están dispuestos.

La sombra de esta amenaza hace que muchos titulares de coto ya estén empezando a pensar que el hecho de catalogar al lobo como especie cinegética sea una jugada de la administración para “cargarle el muerto” a los cazadores y así liquidar de un plumazo uno de los principales motivos de polémica que mantiene con el sector ganadero. Por este motivo la Federación está en contactos con la administración para conseguir el firme compromiso de que esto no va a suceder.

Se entiende, no obstante, que esto no puede ser así porque una de las acertadas prioridades del plan es combatir el furtivismo, y la clave principal para conseguirlo es demostrar a la población rural que tiene que sufrirlo que se toman medidas prácticas para que los daños se reduzcan. No hay que olvidar que la mayor parte del furtivismo que sufre el lobo es para acabar con su presencia y las pérdidas económicas que suponen sus ataques. Por esta simple y práctica razón no conviene tener descontentos a los habitantes rurales, ya sean cazadores, agricultores o ganaderos. En este sentido, Luis Ciria adelanta: “Con el nuevo plan no se van a abatir más lobos, pero los que se cacen serán de una forma legal y perfectamente ordenada”.

El lobo, al plan técnico. Hasta que el lobo sea finalmente considerado especie cinegética al sur del Duero, tan sólo se podrá cazar de forma ordinaria en el norte. Allí, para poder realizar su caza, es necesario incluirlo en el Plan Técnico de Caza, el cual responde a unos cupos fijados por la Junta de Castilla y León.

Como el área de campeo del lobo es muy extensa –hasta unos 40 kilómetros–, los cupos no se conceden por coto sino por áreas. Estas áreas podrán estar formadas por varios acotados que se repartirán los precintos asignados. Aún no están claros los criterios que se tomarán para repartir esos precintos, pero la lógica nos dice que se realizarán en función del número de hectáreas de cada acotado.

Los cupos dependerán de la zona en la que se encuentre cada coto. Se han establecido tres zonas diferentes que podemos observar en el gráfico adjunto. La Zona 1 es aquella en la que la que la capacidad de acogida de ejemplares es moderada-alta, la presencia de especies silvestres es media-baja y variable y el riesgo de conflictividad con el sector ganadero es moderado. Representa el 57 por ciento del territorio de la comunidad.

La Zona 2 aglutina aquellos territorios en los que hay una capacidad de acogida de la especie alta, con gran presencia de presas silvestres y con un riesgo de conflictividad con los ganaderos moderadamente alto. Supone el 28 por ciento del territorio regional.

Por último la Zona 3 engloba aquellas comarcas con una capacidad de acogida del lobo media-baja, con poca presencia de presas silvestres y con un alto riesgo de conflictividad con los ganaderos. Se trata pues del lugar en el que se autorizarán las mayores capturas de lobos aunque tan sólo representa el 15 por ciento de Castilla y León.

Conclusiones. Nos encontramos, a priori, ante un plan muy bien pensado y que ha contado en su elaboración con la participación de todos los sectores implicados: administración, ganaderos, cazadores y ecologistas.

Sin embargo, como no podía ser de otra forma, su redacción final ha generado críticas de todos ellos. Los ganaderos lo siguen considerando insuficiente y, entre otras cosas, exigen a la administración que se haga cargo del coste de los seguros que cubren los daños provocados por los lobos.

Los cazadores aprueban con nota el justificado aperturismo cinegético que, en general, va a experimentar la especie, pero recelan de las posibles consecuencias económicas que pueden sufrir cuando finalmente el lobo se considere especie cinegética en toda Castilla y León.

Los ecologistas lo consideran negativo porque aumentará el número de capturas de ejemplares y temen que la presión cinegética dificulte la expansión que esta especie ha experimentado durante las últimas décadas.

A pesar de las críticas este plan presume de haber conseguido satisfacer las principales reivindicaciones de los tres sectores más implicados contra todo pronóstico y se ha convertido en un modelo de plan en el que prevención de daños, caza y conservación van de la mano salvando el principal objetivo: cuidar y fomentar la recuperación del lobo.

El planteamiento, al menos sobre el papel, es muy bueno y cuenta con el mérito de ser genuino. Nunca antes se ha creado un plan semejante en el que la caza, además, cobra un papel muy relevante ya que será la encargada de lidiar la polémica entre ganaderos y administración. Además puede convertirse en un modelo de gestión si ahora, sobre el terreno, las cosas funcionan tan bien como se han previsto. Confiemos en que sí.
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