Reportajes
Monterías
Emilio Jiménez
Última actualización 26/05/2008@22:21:52 GMT+1
Una vez concluida la temporada montera vuelve la paz al monte.
Los monteros, organizadores y dueños de fincas toman un pequeño respiro para hacer balance de lo que dio de sí la campaña venatoria antes de ponerse manos a la obra en la planificación de la próxima temporada.
Los dueños de rehala aprovechan para hacer sus descartes y reponer las bajas con la cría de cachorros de los perros más punteros mientras que la Sierra espera con los brazos abiertos la llegada de esas nubes negras que descarguen sobre su reseco suelo esa lluvia tan necesaria para que florezca una primavera que permita una buena paridera y un desarrollo óptimo de los trofeos.
Entretanto, las reses montunas se retiran a lo más tupido de nuestras sierras para alumbrar su nueva camada o esconderse del vergonzante aspecto tras el desmogue.
Y mientras el majestuoso venado se pierde por el viso, una súplica brota de lo más profundo de nuestro corazón montero: “¡Virgencita, que se quede al menos como estaba! ”.
A verlas venir
Los dueños de finca andan con la mirada clavada en el cielo, rezando todo lo que saben para que la ruina que viene arrastrando el campo desde la pasada otoñada se convierta en verde esperanza gracias a una primavera que permita desarrollar unos trofeos con una calidad similar a la de este año, cosa harto difícil con lo que ya llevamos pasado.
De cómo sea la primavera dependerá que este año la finca pueda vender otra vez su montería a un buen precio o que se quede “colgada” porque las reses no hayan desarrollado esa calidad que todos esperaban.
Los dueños de fincas y organizadores son conscientes de que el montero ya no se arriesga y cuando no hay calidad de cervuno o una cantidad que supla la falta de trofeos, busca fincas cochineras antes que pagar por lo que saben de antemano que no hay, evitando así pegar los famosos barrigazos que han padecido en una década en la que todo valía porque todo se vendía.
De esta manera, sentados en el porche de la finca o tras los ventanales del salón, los dueños de cotos están a verlas venir esperando que el cielo se tiña de nubes negras que descarguen el preciado líquido elemento que tanto ansía la sierra. No en vano, de la lluvia depende su futuro para la próxima temporada, porque aunque se eche de comer nunca es lo mismo que cuando las reses llegan a la berrea arrastrando una buena alimentación natural desde la otoñada.
Confeccionando el calendario. Por otro lado, aquéllos que comercializan las monterías llevan un par de meses enganchados al móvil contactando con propietarios de fincas para interesarse por sus manchas y poder confeccionar un programa montero que sea lo suficientemente atractivo para el cliente como para venderlo sin excesivo sufrimiento en una época en que las cosas no andan muy allá y los monteros no tienen la “alegría” suficiente para estar todos los fines de semana dándole al gatillo.
Pero las contrataciones de fincas deben hacerse con mucha cautela. Por ahora el campo no acompaña y es arriesgado precipitarse a comprar una mancha hasta que no se vea qué pasa con el tiempo y lo que dará de sí la primavera.
Lo que si está claro es que con lluvia o sin ella, los organizadores deberán sacar a relucir sus mejores dotes comerciales y emplearse a fondo tanto a la hora de comprar las manchas como a la hora de vender los puestos si no quieren pasarlo mal el año que viene. Entrar en el juego del subasteo de fincas o reventar el mercado tirando de talonario para quedarse con manchas, prácticas demasiado comunes en tiempos pasados y que tan malas consecuencias han tenido para el montero –al final es el que termina pagando tanta barrabasada–, puede resultar ahora un arma de doble filo que deje a más de un dueño de finca “enganchado” y a más de un organizador en el juzgado.
La realidad de nuestra economía ya no da para tanto tiro y algunos organizadores van a sudar sangre el próximo año a la hora de vender sus programas si continúan pensando que en el bolsillo del montero todo el monte es orégano.
De todas formas, lo cierto es que montear se va a seguir monteando, aunque muchos recorten el número de monterías o el presupuesto para ello, por lo que los organizadores deben ser inteligentes y presentar ofertas atractivas para el montero acordes con los tiempos que vivimos, para que lo mucho o poco que vaya a montear el cazador lo haga con su orgánica. Quien la lleva la entiende.
Las sociedades y peñas monteras. Las sociedades de cazadores, vinculadas en su mayoría a cotos sociales de los pueblos o fincas de la administración, planifican la próxima temporada renovando contratos con dueños de fincas o estamentos públicos y mirando al cielo a la espera de que la lluvia les permita disfrutar de una frondosa primavera que entierre en forraje a nuestras reses montunas y evite así los cuantiosísimos gastos que supone para estas sociedades, con recursos económicos muy limitados, el tener que cebar las manchas hasta que llegue la otoñada o se montee la finca.
Algo parecido les ocurre a las peñas monteras que organizan sus propias monterías. Al igual que los anteriores, andan mirando al cielo rezando para que llueva y así ahorrarse un buen dinero en comida para las reses –y más ahora al precio que están los cereales–, y por otro lado mirando a los dueños de fincas a ver si hay algo que los organizadores comerciales hayan dejado libre y económicamente se le puede hacer frente para incluirlo en su programa montero de la próxima temporada.
Otras peñas o grupos de cazadores apuestan sin embargo por elaborar su programa de monterías contratando con algún organizador comercial algunas manchas en exclusividad para su grupo o bien comprándole un número determinado de puestos de algunas de las monterías que el organizador oferta en su programa.
Estas peñas andan ahora contactando con los distintos organizadores sondeando el mercado y viendo cuál de ellos ofrece la mejor relación calidad-precio en sus monterías, quién ofrece mayores garantías, más seguridad y mejor organización.
Saben que no corren buenos tiempos y que no se pueden cometer las locuras de otras temporadas, por lo que aguantarán hasta última hora a sabiendas de que hasta que no se vea lo que ha dado de sí la primavera no se deben contratar monterías.
Como vemos, todos andamos mirando al cielo a verlas venir.