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Mi rincón Mariano Aguayo

Última actualización 27/06/2008@14:39:30 GMT+1
En una época en que los cazadores sólo recibimos tarascadas de incomprensión por parte de una sociedad alejada de sus raíces, el Real Club de Monteros trata de ofrecer una buena zona de encuentro para todas las opiniones. Y en el centro de todo eso, presidiendo el Club durante sus años más brillantes –con él ha llegado a ser Real–, ha estado Iñigo Laula.
El Hotel Fénix de Madrid está plantado donde el Paseo de Recoletos se convierte en Castellana y la calle Goya remansa toda la vida que trae en su cuesta abajo. Y allí, en su tranquilo bar, hace ya cincuenta años, Jaime de Foxá charlaba a diario con sus amigos de cosas de la montería. Ingeniero de Montes y montero apasionado, reunía en torno a sí un grupo que compartía su forma de entender la sierra, la caza y la vida.

Y de aquella tertulia sosegada, informal y hedonista como todas, sin más pretensiones que mejor gozar su afición, nació el Club de Monteros que, tras las muchas vicisitudes propias de estas asociaciones, ha llegado hasta hoy con el título de Real.

Jaime de Foxá encarnó en aquel tiempo lo que pudiéramos llamar la cultura de la caza. Fue amenísimo conferenciante, que aprovechó los albores de la televisión para difundir su amor por las sierras. Y escritor: su “Solitario”, aparecido en 1960, sigue siendo, edición tras edición, el libro de cabecera de muchos monteros.

Queriendo defender la dedicación venatoria, y al margen de otras iniciativas, el Club vino a crear un Premio de Arte y Cultura, otro de Personalidad Venatoria y otro exclusivamente literario, el “Jaime de Foxá”, que ahora se concede por décima vez. El jurado lo ha otorgado al marqués de Laula, cazador impenitente, escritor, articulista, investigador y bibliófilo, por su artículo publicado en ABC de Madrid “¿Qué es la caza?”
En una época en que los cazadores sólo recibimos tarascadas de incomprensión por parte de una sociedad alejada de sus raíces, el Real Club de Monteros trata de ofrecer una buena zona de encuentro para todas las opiniones. Y en el centro de todo eso, presidiendo el Club durante sus años más brillantes –con él ha llegado a ser Real–, ha estado Iñigo Laula. El magnífico artículo premiado tiene detrás toda una brillante ejecutoria que, una vez más, viene a reconocerse.

Es evidente que el Real Club de Monteros no puede volver a ser lo que fue en el Hotel Fénix. Pero con hombres del temple de Iñigo Moreno de Arteaga, marqués de Laula, sí puede seguir tutelando de lejos la montería como referente. Y ayer con Iñigo, hoy con Paco Basarán, siempre con el espíritu de Jaime de Foxá sobrevolando las charlas, conservar ese estilo de tertulia distendida del que gozaba allá por los años cincuenta.
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