Hemeroteca :: 01/08/2008
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Reportajes

Paulino J. García Alvarado

Última actualización 17/07/2008@13:04:20 GMT+1
Desde la aparición del primer brote de N.H.V. en Asturias y Murcia, allá por 1988, han transcurrido 20 años. Esta enfermedad, producida por un calicivirus, es reconocida por muchos como la principal causa del declive de la especie. Sin embargo, cronológicamente, no es más que el último factor que incide negativamente sobre sus poblaciones, aunque de forma importante.
El conejo silvestre ha estado sometido desde antaño a una fuerte presión demográfica y como consecuencia la especie ha desarrollado una estrategia de supervivencia basada en una alta tasa de renovación anual de la población, sustentada por su gran capacidad de adaptación a diferentes hábitats, lo que le permite soportar duras condiciones de falta de agua y alimento –aprovechando alimentos fibrosos gracias a la cecotrofia o doble tránsito intestinal–, una alta prolificidad, un ciclo reproductivo amplio, partos con mayor número de hembras en épocas de declive poblacional, alumbramientos con periodicidad casi mensual en el caso de condiciones favorables, etcétera. Basándose en esta estrategia el conejo ha conseguido distribuirse por muy diferentes hábitats, colonizándolos con éxito donde otras especies fracasaron. A pesar de todo, en el escenario actual todo esto es insuficiente y el conejo necesita en amplias zonas de nuestro país de una intervención ordenada y decidida al objeto de mantener viables sus poblaciones.

Influencia desigual en las poblaciones. Debemos tener claro desde un principio que sólo podrá abordarse la recuperación del conejo identificando y comprendiendo el conjunto de factores causantes de su status actual. Únicamente mediante la gestión integral de los factores limitantes susceptibles a nuestra intervención –variables en su presentación y magnitud de incidencia en función de la realidad ambiental de cada zona–, podremos recuperar sus poblaciones. La N.H.V., simplemente, ha supuesto la gota que ha colmado el vaso de este prolífico animal.

La epidemiología de la neumonía, o lo que es lo mismo, cómo se manifiesta la enfermedad en el campo, depende de diversos factores: ambientales, virulencia de la cepa en cada zona, estirpe de conejos, tasa de contacto y otros que todavía escapan a nuestro control y que influyen de manera decisiva en cómo se desarrolla la enfermedad –frecuencia de brotes, mortalidad, etcétera–. Debido a esto, existe una gran variabilidad en la forma y gravedad de su presentación, existiendo zonas donde afecta anualmente y otras donde lo hace cíclicamente cada varios años, siempre con diferentes grados de mortalidad y coincidiendo con la recuperación de las poblaciones en la época reproductiva.

Otros factores limitantes. La epidemiología, por tanto, condiciona decisivamente en cada lugar las diferentes actuaciones a realizar para el adecuado control de la enfermedad. De tal manera que los estudios de campo deberán encaminarse a su perfecto conocimiento, engranándose posteriormente estos datos con la dinámica poblacional del conejo, al objeto de determinar y optimizar las actuaciones encaminadas a paliar sus efectos.

En cualquier caso, la primera onda epizoótica de la N.H.V. provocó en nuestro país una fuerte mortalidad en las poblaciones de conejo, causando estragos, para posteriormente afectar en las zonas endémicas principalmente a los conejos de reclutamiento anual, dificultando de esta forma la recuperación de las poblaciones.

Si a su devastador efecto añadimos otros importantes factores limitantes como son la mixomatosis y la ausencia de gestión de la predación –con importantes incrementos de predadores antropófilos y oportunistas, que mantienen sus niveles poblacionales aun cuando disminuyan drásticamente las poblaciones de conejos–, han provocado que en muchas zonas del país, tras la aparición de la enfermedad, las poblaciones se mantengan a unos niveles que hacen complicada su recuperación –pozo del predador–.

Si a esto añadimos otras causas como el abandono de cultivos tradicionales, el empleo de insecticidas sistémicos, los cambios en las prácticas agrarias –cultivos intensivos, de ciclo corto, bajo techo–, la degradación del hábitat, la caza no ordenada, el furtivismo… obtendremos un conjunto de hechos que colocan en balance negativo al conejo silvestre.

Todo ello sin olvidar el lugar que ocupa la especie en la base de la cadena trófica del ecosistema mediterráneo, con más de 30 predadores vertebrados actuando sobre sus poblaciones.
Éstos, junto a otros factores que inciden en mayor o menor medida en función de la zona, han traído como consecuencia la desaparición del lagomorfo donde antaño fue abundante, o bien su reducción a unos niveles poblacionales preocupantes.

El “espejismo” de las plagas de conejos. Este razonamiento no se contrapone con que en algunas zonas se den los condicionantes para una recuperación espontánea de las poblaciones, pero siempre deberá analizarse el conjunto de causas que inciden sobre el conejo a la hora de discernir cuáles son las determinantes en su recuperación.
Últimamente se ha desatado cierta euforia en relación a la aparición de zonas donde el conejo se ha convertido en plaga. Se debe ser conservador, ya que probablemente en estas zonas existan cepas lentógenas –poco patógenas– del virus –mixomatosis y/o NHV– que se manifiesta con una “epidemiología benigna”, estirpes de conejo más resistentes, menor presión de la predación, caza ordenada o mejores condiciones ambientales que han permitido el resurgir de las poblaciones, si bien no son más que espejismos dentro del “desierto conejero” en que se ha convertido la Península Ibérica. Sólo analizando la superficie total que suponen estas zonas en el conjunto del territorio nacional, valoraremos su ínfima importancia real. Su verdadero interés radica en estudiar e identificar qué es lo que en estas zonas ha permitido el resurgir del conejo e intentar extrapolarlo, adaptándolo a las necesidades y realidad de cada coto, favoreciendo así la recuperación de la especie.

No es la primera vez que vemos resurgir núcleos poblacionales de forma natural, pero al incrementarse el número de individuos y aumentar la tasa de contacto entre animales, termina por desencadenarse algún factor ambiental –climático o de otra índole– que provoca un brote de N.H.V. que da al traste con las expectativas de varios años.

Es evidente que tenemos muchas ganas de que se recupere el conejo, pero éste es un proceso que no depende de nuestros sentimientos y a buen seguro llevará un largo período que, si bien no es comparable al ser enfermedades diferentes, se ha venido produciendo con la mixomatosis en nuestro país. Todavía hoy en día la mixomatosis no ha dejado de ser un lastre para nuestros conejos, pero indudablemente gracias al equilibrio alcanzado entre conejo y enfermedad, su impacto e importancia han ido disminuyendo.

Para vencerla hay que conocerla mejor. En este marco, la única solución viable para favorecer la recuperación del conejo pasa por estudiar e identificar en cada zona concreta todos los factores que le favorecen, intentando potenciarlos –siembras de cereal-leguminosas, caza sostenible, mejoras ambientales, buenas prácticas agrarias…– y, por el contrario, minimizar los negativos –predadores antropófilos y oportunistas, enfermedades, furtivismo, deterioro del hábitat…– al objeto de conseguir que de forma gradual y con la mínima intervención posible, el conejo vaya recuperando su status anterior.

Las traslocaciones y repoblaciones no han sido, después de 20 años, la solución al problema, aunque en determinadas circunstancias y correctamente adaptadas a cada caso concreto pueden ser un apoyo imprescindible en la gestión de la recuperación de la especie, pero en ningún caso de forma sistemática.

Principalmente en los próximos años deberemos investigar, y mucho, sobre los factores que afectan a la epidemiología de la enfermedad y a la supervivencia del conejo, al objeto de acelerar la recuperación de esta emblemática especie.
¡Ah!, y no olviden que el conejo es un superviviente, pero debemos actuar con mucha cabeza, algo de paciencia y dar tiempo al tiempo... Yo apuesto por él.
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