Reportajes
Última actualización 25/08/2008@14:37:25 GMT+1
A mediados del mes de agosto las distintas comunidades autónomas irán abriendo la media veda. Tórtolas, codornices y torcaces, en función de las características del coto, serán las protagonistas. Las torcaces vuelven a ser las piezas más seguras y abundantes, mientras que tórtolas y codornices, más discretas, nos mantendrán esperanzados hasta el final.
Un año más, la torcaz, abundante y más escandalosa en sus idas y venidas, proporcionará magníficas tiradas en muchos puntos de nuestra geografía, sobre todo en la zona centro y especialmente cerca de la capital de España. Madrid tiene cada día más palomas que aprovechan parques, jardines y los miles de árboles de la ciudad para anidar, buscando luego la comida en los rastrojos que circundan todo el área metropolitana.
Aunque la torcaz es mucho más abundante en la zona centro de la Península, fundamentalmente en la Comunidad de Madrid y zonas de Toledo y Ciudad Real, su aumento continuo y generalizado en toda España es una realidad.
Con la tórtola y la codorniz no hay tanto optimismo. Ni lo hubo años atrás ni lo hay éste. Además en esta ocasión ambas especies, pero sobre todo la codorniz, están pasando especialmente desapercibidas. O es que no las hay o no se están dejando ver como otros años.
La tórtola, dentro de su acostumbrada escasez, se está viendo en la misma proporción que el año pasado en la parte occidental de la Península, desde Cáceres hasta Huelva, Sevilla y Córdoba, lugares tradicionalmente muy tortoleros. Nos lo cuentan cazadores que todos los años les ofrecen comida en sus fincas para que se queden, críen lo mejor posible y poderlas cazar después. Quien no haga esto o no siembre cereal que no espere tener tórtolas y palomas.
Tampoco se ven menos en Murcia, como nos cuenta un conocido organizador de la zona, que las caza en ¡melonares! porque les encantan sus pipas.
También se dejan ver en la zona centro en niveles parecidos al año pasado, y sin embargo, según nos informa un apasionado tortolero de Rota (Cádiz), que es por donde suelen entrar desde finales de abril, este año apenas las ha visto. Entrar desde luego han entrado.
Con la codorniz el desconcierto es más acusado. La tardía y espectacular primavera que hemos tenido prometía una cría excelente. El frescor de las siembras, su esplendor, la promesa de buenas cosechas y, sobre todo, el retraso en la recolección de los cereales nos hacía soñar con una temporada histórica.
Sin embargo, los datos que nos llegan coinciden en la escasez. “Irregular, pero no para tirar cohetes”, nos comenta Manuel Puigcerver, uno de nuestros pocos expertos en la especie perteneciente a la Universidad de Barcelona. Y Puigcerver no habla de oídas porque se pasa la primavera recorriendo los campos cerealistas catalanes para capturarlas y marcarlas. Lo lleva haciendo muchos años y sus previsiones suelen acercarse a la realidad.
Quiere decir Puigcerver que no se ven codornices en algunos lugares tradicionalmente codorniceros, pero en otros sí, aunque no exageradamente.
Balance parecido nos proporciona Miguel Ángel Romero. Pocos cazadores hay como él que desde mayo a julio se patee campos de Burgos, Palencia o La Rioja y pregunte hasta la saciedad a los conductores de las cosechadoras si han visto o no codornices. Pues bien, este año sólo las ha encontrado en el norte de Palencia.
Esperemos que estos amigos se equivoquen, que las codornices estén concentradas en otros lugares y que críen estupendamente. Quizá muchas polladas hayan sufrido el efecto de lluvias y tormentas, pero una primavera como la que hemos tenido tiene que ser la mejor invitación para reproducirse.
En cualquier caso, hasta que no se abra la media veda, no sabremos realmente, sobre todo en el caso de la codorniz, lo que nos encontraremos en el campo.
Suerte a todos.