Hemeroteca :: 01/09/2008
5/22
Grandes firmas

Antonio Pérez Henares

Última actualización 25/08/2008@14:22:45 GMT+1
Mientras que el joven Mowgli sueña con muestras perfectas, el viejo Lord se agita en sus recuerdos con carreras ya imposibles tras las liebres. Fue desde cachorro un especialista lince en detectar si marchaban heridas y seguirlas con tesón y éxito. Creo que sabe –ya supo que le dediqué la novela “Nublares”– que le estoy escribiendo un libro en el cual será el protagonista. “Diario de un perro de caza” se titulará y hoy quiero entregar sus primeros compases a los lectores de TROFEO.
“Ahora que los años han mermado mis fuerzas y 14 años largos son muchos para un perro, quizás sea la hora de soñar mi vida, tumbado ahí en ese sofá que siempre me ha gustado tanto frente a donde mi compañero escribe. Si yo la sueño él quizá podrá entonces soñarla también y revise esos cuadernos donde yo sé que ha ido anotando tantos años juntos y donde suele a veces rebuscar recuerdos como yo los rastros de las perdices que han pasado por las veredas. Me debe, y me pagó dedicándome la novela, aunque piensa que yo no lo he sabido nunca, buena parte de su “Nublares”. Yo soy por aquellas páginas alguien y lo sé, o lo sueño que lo sé. ¿No sé acaso que me llamo Lord? Y atiendo a ello. Bueno, atiendo cuando quiero atender. ¿Y se cree que no me he sentido por la televisión? Pues no sería por otra cosa por la que me estuve aquel día quieto como un mazo, pegado a él, más quieto que me he estado nunca en mi vida por muchas veces que me hayan mandado estarlo y aquel día no le hizo falta de decirme nada, porque estaba en un plató y me filmaron, como antes me habían hecho cazando en el campo, que cumplí como los buenos y hasta me dibujaba un señor. A mí me gusta salir en fotos y suelo poner mi perfil bueno, y si vienen cámaras por casa yo me arrimo a él o él se arrima a mí, porque en alguna ocasión a quien han venido a grabarme ha sido a mí y no al contrario.

Soy un epagneul bretón. Bueno, yo soy un perro de caza y sé que me llamo Lord. Me llamaba Lord Jim, pero por eso no he atendido nunca, fue cosa de muchas letras y rápidamente se acortó para beneficio de todos. Soy un epagneul bretón muy blanco y de alzada bastante mayor que mis congéneres. Pero apenas sí tengo unos manchones marrones y el pelo más sedoso. Es porque no soy bretón bretón, aunque cualquiera se hubiera creído que sí porque mis padres parecían serlo los dos. Y lo eran. Pero una tatarabuela mía tuvo un lío, cosa de un amorío fugaz, pero que dejó huella, con un setter laberak inglés, y yo he dado el salto hacía atrás y cuando ya se creían que aquellos genes estaban perdidos pues salieron a flote. El Chani suele decir que eso ha sido para mucho mejor. Creo que en esto tiene razón. Me gusta la herencia de ese antepasado. Me ha dado más cuerpo y algún viento añadido.

Pero me pierdo. Y es que hoy estoy cansado, muy cansado y algo cojo. Casi no he podido subir la escalera después de venir de cazar. Son muchos años y hoy me he hecho daño en la pata izquierda delantera. Tengo la articulación hinchada. Como cuando tenía hace años aquellos dolores horribles, que me caía hasta al levantar la pata para mear y ya no tenía casi fuerzas. No es igual, pero me duele. Lo de ahora es del golpazo que me di esta mañana en el arroyo que resbalé en la madera húmeda que había para pasar y me di contra aquella piedra. Ahora se me ha hinchado.

La perdiz alicorta. Pero hoy ha sido un gran día. Lo sé porque él está feliz conmigo y no ha hecho nada más que decirme palabras suaves y hacerme caricias. La verdad es que cobrarle esa perdiz, alicortada, larga y que cayó sobre aquel matón de carrascas, aliagas y broza... Menos mal que la vi caer del cielo y corrí hacia donde había pegado el pelotazo, pero no había manera de entrar a aquel matorral tan espeso. Pero yo cogí rastro en el suelo y con lo que me quedaba de resuello me fui tras ella. Era un macho viejo y se metió entre la broza y la leña buscando hacerme perder su pista. Pero no. La tenía fresca y en eso siempre he sido puntero. Eso me lo ha reconocido siempre el Chani y toda la mano que bien que me llamaban para que bajara a cobrar. Ahora menos porque ya no valgo y hay perros mucho mas jóvenes. Pero no me llegan. No me llegaban antes y ahora si me dieran las patas se iban a enterar. Como la perdiz. Dos veces la tuve al diente y dos se me escurrió. Pero a la segunda soltó ya el cacareo y eso hizo que viniera él hacia el sitio, que no nos veía. Lo oí llegar cuando ya por fin había conseguido hacerme con ella en medio del matón y aunque estaba reventado se la saqué a lo limpio en la boca. Dársela en la mano no lo he hecho jamás. Me gusta hacerme el remolón antes de entregarla, dejándola en el suelo cuando me dice “suelta”. Si él ya sabe que se la voy a dar, pero que me la deje un poco. Ésta me la dejó saborearla y se sentó, porque me había visto la faena, o mejor, la había sentido y sabía lo difícil que había sido. Y estaba feliz y yo también. Lo notaba en sus caricias y en esas palabras que llegan al corazón de un perro de caza, ésas que valen por todos los dolores que tengo ahora.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
5/22
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaza.com, web oficial de la revista Trofeo, decana del mundo cinegético
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.