Perros de caza
Antonio López Espada
Última actualización 25/08/2008@14:36:34 GMT+1
El perro puede hacernos disfrutar especialmente de estas escasas jornadas si llega bien preparado. Aspectos como la búsqueda, el ritmo o la velocidad pasan a un primer plano cuando hablamos de la codorniz como pieza a abatir. En nuestro país podemos presumir de poder salir al campo tras piezas singulares, entre ellas la codorniz. Ésta ha sido siempre la reina de la caza en verano. Mientras que otras piezas de un tamaño también reducido han vivido su auge, caso del zorzal, la pequeña africana ha sido objeto de deseo para el cazador desde antes de su caza con armas de fuego. Incluso si tenemos la fortuna de que el perro muestre una coturna durante la temporada general, de ésas que retrasan su vuelta al Continente Negro hasta más allá de octubre, será motivo de orgullo y de apasionadas charlas con los compañeros de cuadrilla narrando lo inusual del lance.
Despacio y con buena letra. Durante la búsqueda de la codorniz por parte del perro cobran especial relevancia cuestiones como la distancia y la velocidad, pero sobre todo debemos atender a aspectos como la buena nariz y la inteligencia. Si salimos de caza con un perro trotador debemos planear la jornada de una manera muy diferente a si lo hacemos con uno de los grandes galopadores, encarnados por los perros de muestra británicos.
Si nuestra elección es ese perro que “barre” literalmente el campo, con un ritmo acompasado, meticuloso, que lleva la nariz a cada rincón que pueda ocultar a la pieza, debemos saber que estamos sacrificando la extensión de terreno que vamos a cazar. Estos perros, encarnados por pachones y perdigueros burgaleses, son muy resistentes y su cabeza les lleva a realizar un trote sostenido, eficaz, algo muy útil en terrenos llanos –pensemos en los rastrojos cada vez más “pelados” que encontramos año tras año–, donde una presencia demasiado adelantada del perro pondrá en guardia a la pieza antes de que llegue el cazador.
La búsqueda entre dos, perro y cazador, se lleva a la máxima expresión cuando hablamos de nuestras razas de mostradores. Este aspecto resulta de gran interés para el cazador actual, que necesita aprovechar cada lance al máximo. Quienes gustan de llevar al perro cerca, que no debajo de la escopeta, encuentran en nuestras razas mostradoras al perfecto acompañante. Muchos propietarios de pachones y perdigueros viven el año entero aguardando esta breve temporada estival para disfrutar de las mañas que estos perros demuestran tras las escurridizas codornices.
El rastrojo, terreno de grandes mostradores. Si vamos a cazar codornices, la cita obligada nos llevará a hacerlo en los cultivos de cereal cosechados. Estos terrenos llanos y extensos permiten una forma de caza ideal para los perros de muestra británicos. Entre ellos, el más atlético es sin duda el pointer. Su musculatura, desarrollada para una caza amplia y rápida, casi sin descanso, le convierte en un gran perro codornicero, apoyado esto por un sentido del olfato finísimo que es procesado por una gran inteligencia.
Verlo cazar cara al viento, con la nariz levantada, o de muestra, supone presenciar uno de los espectáculos más bellos de la caza con perro, aunque también es cierto que su nariz nació para ventear en zonas de clima suave y más húmedas que la meseta y el sur de nuestro país.
A pesar de esto, su gran capacidad de aclimatación le hace superar este obstáculo y son miles los perros de esta raza que cada verano se siguen parando espectacularmente ante la emanación de la codorniz y la cobran para deleite de sus dueños.
También por alto cazan los setters, el inglés, el irlandés y el gordon, éstos últimos con una presencia menor que el primero en nuestros campos. Baten también mucho terreno en cada jornada, gozan de una muestra firme y de un poder de localización que pugna con los mejores, aunque es algo más sensible al calor que el pointer.
Perros valientes y rápidos. Otro entorno donde en los últimos años se están levantando codornices son las grandes y tupidas riberas de arroyos, acequias o de determinados cultivos, zonas accidentadas o con laderas repletas de matas, un verdadero mar de ramas donde la codorniz encuentra refugio y sombra.
Para la caza en estos entornos se necesitan perros valientes, capaces de meter la nariz en los rincones más ocultos, además de rápidos durante el seguimiento de rastros, pues la codorniz se mueve endiabladamente entre el ramal.
Encontramos grandes cazadores en estos entornos, como pueden ser los bracos, ya sean alemanes, franceses, italianos..., los epagneuls o incluso levantadores como el cocker inglés o los springers spaniel ingleses o galeses.
Alemania se ha convertido en la cuna de los buenos perros polivalentes. Allí encontramos el origen de varios bracoides, entre ellos el kurzhaar y el weimaraner.
Con un trote alternado con episodios de pasos más rápidos y amplios, el braco alemán es uno de los perros más vistos cazando en media veda. Su porte de cabeza seguro y decidido, su polivalencia y su adaptación a cualquier tipo de terreno le han llevado a ser una de las razas más extendidas entre los cazadores de todo el mundo. Su cobro es rápido y eficaz, su muestra, muy expresiva y característica, y aprende con relativa facilidad lo que el dueño espera de él. Sin duda alguna, un valor seguro en la elección de un buen perro para la media veda.
Weimaraner o braco de Weimar son los nombres del más llamativo de los perros de caza. Ese perro grisáceo, incluso brillante cuando refleja los rayos de sol, comparte con su pariente el kurzhaar la tan característica polivalencia germana.
Es de un tamaño unos centímetros –hasta ocho– mayor que aquél, más corpulento y fuerte, a la vez que resistente. Su búsqueda es muy parecida, quizá un poco más amplia, pero no menos meticulosa. También cuenta con una gran capacidad para soportar el calor y la sequedad.
En cuanto a los levantadores, encuentran en esas riberas y arroyos un entorno muy parecido al que les vio nacer como perros de caza en su Reino Unido natal. Allí no tardaron en convertirse en verdaderos especialista en desalojar piezas de zonas complicadas. El propio nombre de springer es un vocablo que deriva de springing, que se puede traducir como “hacer saltar” o “levantar”.
Estos perros, más acostumbrados a piezas como la becada o el conejo, se han revelado como ayudantes muy eficaces en estos entornos. Su forma de trabajar la podemos resumir en una apasionada búsqueda de rastros, los cuales siguen con gran inteligencia, y lo deben hacer siempre a una distancia no superior al alcance de los disparos, precisamente porque no son perros mostradores, sino que siguen a la pieza y la levantan gracias a ese eficiente acoso, en el que pegan la nariz al suelo, avanzan de manera decidida e intrépida. Cuando toman la emanación su rabo pasa de moverse acompasadamente a describir vertiginosas agitaciones que se animan más y más según se acercan a la pieza.
El podenco andaluz sigue de moda. No es un perro codornicero. Nadie se hace con un podenco para salir a cazar codornices en la media veda, pero el buen podenquero sabe diferenciar las cualidades que funcionarán durante la media veda en su perro para que éste triunfe como perro para cazar por delante de la escopeta y sacar piezas a tiro. Esas cualidades pueden incluso chocar frontalmente con los que son buenos perros de recova conejera, esos ejemplares que van y vienen por los arroyos y barrancos, que se desviven por perseguir a la pieza y “meterla a la escopeta”.
Sin embargo, la capacidad de aprendizaje de estos inteligentes perros les está llevando, cada año en un número superior al anterior, a acompañar al cazador durante la media veda para levantar y cobrar codornices. Quizá se esté aprovechando una de las mejores cualidades que ofrece el podenco, lo minucioso de su búsqueda.
Cuando un podenco entra en la zarza se toma su tiempo para buscar los rastros del conejo, ya que éste puede permanecer totalmente inmóvil, sin generar ningún tipo de rastro y escasísimos vientos, incluso a pocos centímetros del paso del perro, o bien puede intentar burlar una y otra vez al perro yendo de acá para allá en el interior de la mata. Un comportamiento muy similar al que desarrolla la codorniz en las zonas más tupidas y ante el cual el podenco sabe muy bien cómo reaccionar.
Perros de pelo largo. Drahthaar y grifón korthals son también perros englobados en el grupo de cazadores polivalentes, y entre esa polivalencia encontramos buenas mañas para dar caza a la codorniz. Quizá debamos señalar una gran cualidad que repiten habitualmente los ejemplares de estas razas de mostradores continentales: su precocidad. Aprenden de manera muy rápida, convirtiéndose en verdaderos expertos a edades muy tempranas, algo que se aprovecha en toda Europa para sacar el máximo partido a los mejores ejemplares destinándolos a las más duras y completas pruebas de caza y a las modalidades más diversas. Esto cuenta con una ventaja: el perro experimentado, que conozca la pieza y sus argucias, dará mejores resultados este verano.
Como buenos polivalentes, cualquier terreno es propicio para que cacen en él drahthaars y korthals, tanto los llanos como los arroyos y riberas, sin olvidarnos del monte, en el que muchas veces se internan codornices revoladas o que han apeonado huyendo de algo. Por ello, las manchas que circundan cultivos o siembras pueden tener codornices que estos perros encontrarán con gran eficacia, haciéndonos dudar si está parado frente a un conejo o una codorniz.