Grandes firmas
Alonso Sánchez Gascón
Abogado
Última actualización 30/09/2008@10:15:35 GMT+1
Por cualquier cosa te retiran la licencia de armas. Da igual que lo que hayas hecho –suponiendo que hayas hecho algo digno de mención– tenga o no relación alguna con la tenencia de armas fuego, esgrimen que tienes antecedentes de conducta y te la quitan. Da igual que lo que hayas hecho: sea conducir un coche –sin armas– desde el que un pasajero mató un corzo, darle un guantazo a tu hijo, que es un vago, llevar un rifle en un coche, o, como ocurrió hace tiempo, “robar bellotas”: es que tienes antecedentes de conducta, dicen.
Y como ya tienes antecedentes de conducta –que nada tienen que ver con los antecedentes penales–, no estás capacitado para poseer armas de fuego de caza, es decir, que eres un peligro para ti mismo y para los demás y, por tanto, nada de licencia de armas. Si la pides, no te la dan; si la posees ya, tienes que entregarla.
Esto por un lado, es decir, que por cualquier mínima cosa te inhabilitan para poseer armas de caza y, por tanto, para cazar. Por otro lado, la retirada de la licencia de armas es sine die o, como decían otros, ad calendas graecas, es decir, para toda la vida, que decimos nosotros. O sea, que si has tenido una bronca con tu vecino por la plaza de garaje te quedas sin licencia de armas y sin cazar para toda la vida. No por un año, por tres o por siete –según los exabruptos, execraciones, votos o blasfemias–, no, para toda la vida.
A ver si me explico. Mejor, a ver si lo entiendo. Resulta que en España no existe la pena de muerte, ni la cadena perpetua, ni los castigos infinitos, y resulta que aquí, si tienes antecedentes de conducta por el hijo cabroncete, si el vecino ocupa tu plaza o si transportas un rifle en tu propia finca, van y te condenan a pena de muerte cinegética. Digo que a ver si lo entiendo pues resulta que el Código Penal –digo el Código Penal–, por un delito impone la retirada de la licencia de armas por un periodo máximo de diez años y por un delito de tenencia ilícita de armas de caza por tres años; y no hablemos de la inhabilitación –al margen de las armas– para cazar: máximo cinco años.
Pero no, lo cierto es que te retiran la licencia y las armas a perpetuidad, de modo que tu hijo, el vago al que le diste un capón, tendrá su licencia y su rifle y escopeta y tú te quedarás con cara de gilipollas. Todo muy justo.
Todo esto se me antoja una total incoherencia, un disparate que ha de ser corregido en un nuevo Reglamento de Armas que, además, evite la arbitrariedad con que vienen actuando las autoridades en este punto y en tantos otros.
Y, claro, lo de siempre: los cazadores, como somos tan sacrificados esperando al guarro que no entra, tragamos lo que nos echen.