Grandes firmas
Última actualización 30/10/2008@15:22:07 GMT+1
Antonio Pérez Henares
Ilustración: BARCA
A lo mejor la crisis, qué cosas, le viene bien a la caza. O por lo menos tiene algún aspecto positivo. Porque había cosas que empezaban a ser un desmadre y un abuso. En los años pasados, de vino, rosas y creernos ricos –éramos, recuerdan, de la champions económica que decía el presidente– se disparó, hasta sobrepasar cualquier límite razonable, el precio de puestos y jornadas. Una montería de las de presunto postín –hablo, claro, de las orgánicas– te podía salir por lo mismo que te acaba costando un safari de una semana en África y un ojeo de perdices para irte a éste otras dos. Al calor de los grandes precios de las grandes batidas, la medianas aplicaban su propio sartenazo y cualquiera ya se descolgaba con 3.000 euros por una de cochinos y un venadete. O sea, sacada la cosa de quicio se mire como se quiera y protesten lo que les dé la gana los organizadores. Pero la gente las llenaba.
Sin embargo, me parece que esto va a cambiar. Seguro que se pretenderá seguir cobrando lo mismo pero una cosa es la pretensión y otra va a ser el trigo. Y no hay mucho trigo, ni negro ni blanco y los del ladrillo que se han comprado todos los fincones de España están en suspenso y puede que acaben quebrados. Incluso no se descarta alguna visita a la cárcel. Algo que tampoco supone mucho desdoro en el sector a juzgar por los antecedentes. Pero eso de ir alardeando del “taco” y apaleando millones en las migas va a ser como que ya no está ni bien visto y a lo mejor nada creído. Si es que alguien se atreve a hacerlo con la que está cayendo.
Habrá quien intente seguir manteniendo precios y hasta habrá quien los suba, pero ¿va a haber quien los pague? Algunos de aquéllos a quienes la crisis no pasa por su fortuna puede que les dé igual pero el común de los mortales, el cazador medio, el medio riquillo o medio pobre, ése no va a estar para dispendios. Ya me llega alguna noticia de quienes se las prometían al finalizar la temporada anterior muy felices y pensaban vender puestos a dos mil que ni poniéndolos a mil los cubren. Hay quien me ha dicho que se está pensando el dejar la finca descansar y esperar a que vuelvan las vacas gordas.
Pero esos serán los menos si es alguno. Las fincas hay que mantenerlas y los ciento volando se hacen muy lejanos.
Se den las vueltas que se quiera y se opte por la decisión que a cada uno le dé la gana, los cazadores tendremos como todos, que ir apretándonos la canana. Y es posible que, por ser lo que es, hasta un punto más que el común de los mortales. La crisis se va a notar en todo el sector. En sus volúmenes globales, en sus turismos adyacentes, en la hostelería circundante, en número y calidad. El reajuste, que dicen los gubernamentales, va a ser de alivio. Bastante más de lo que nos creemos y nos resistimos a creer.
Vamos, que los venados pueden este año estar gordos y lustrosos, y hasta lucir cuernas de hacer perder el hipo a las “pepas”, pero las vacas de nuestros bolsillos están flacas. Y más esqueléticas que se van a poner.