Hemeroteca :: 01/04/2009
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Opinión
Por Redacción
Última actualización 24/03/2009@10:41:35 GMT+1
Eduardo Coca Vita


Dos sobrinos nietos de padres no cazadores, entre infantes y púberes, me pidieron que también a ellos los invitase formalmente a la discreta montería que año tras año doy para la familia y algunos amigos. Decían que les ilusionaba recibir mi carta o tarjeta de invitación, suponiendo, inocente e ingenuamente, que yo hacía comunicaciones especiales a algo tan modesto. No es así, por supuesto. Uno es consciente de lo que tiene y ofrece.
Pensé, empero, que poco me costaba atender su deseo, por lo que me puse a redactarles un c. e. donde quedara escrita mi voluntad de unirlos al grupo. Como debía quitar solemnidad al hecho, se me ocurrió una comunicación en tono de humor, pero no carente de rigor ni fines instructivos. Y les gustó a los chicos (y a sus padres, tíos y primos), animándome a ofrecerla de modelo para menores con la edad adecuada para ir tomando conciencia del comportamiento en montería, amén lo que directamente aprendan en el campo por su vista y oído. Y ningún medio de divulgación mejor que esta revista, donde inserto seguidamente el texto de marras, recompuesto y adaptado para el uso como carta-tipo de invitación a menores «sin compañía paterna»”.

El niño AAA queda invitado a la montería del día BBB, en CCC, bajo las siguientes normas y condiciones:
Deberá ir acompañado de alguno de sus tíos o primos mayores de edad, y no podrá usar armas de fuego (ni tirar piedras o dar palos). No obstante, podrá rematar a cuchillo, si se presenta la ocasión y se atreve, siempre según las reglas monteras y con las precauciones que imponen tradición y ley.

Fuera de esas restricciones, gozará de iguales derechos que los adultos, sobre todo a la hora de subir en coche, desayunar, comer y beber (sin alcohol). No necesita bocadillos, chucherías ni refrescos, aunque es libre de llevarlos.

Correlativamente, le alcanza la obligación de colaborar con los mayores en el transporte de artefactos y bártulos, arrastre y carga de reses (si es que alguna se mata), limpieza y recogida de restos y basuras, etcétera.

No podrá quejarse de lo largo que esté el puesto o lo cansado que sea caminar por mal piso cargado de apechusques, cuesta arriba o cuesta abajo, hasta llegar a él o volver a la casa. No podrá quejarse de nada, vaya. Ni maltratar a los perros de las rehalas, apedrearlos o apalearlos cuando coman de una res, sólo ahuyentarlos regañándoles dulcemente con una rama en la mano, pero sin vapulearlos.

Atenderá especialmente a la seguridad, permaneciendo siempre junto al tutor en la postura que le toque, callado y quieto, por detrás del tirador y en el lado donde dé la culata del rifle o la escopeta, sin levantarse ni moverse cuando se dispare o pueda haber motivo de disparar. Avisará con sigilo de las piezas que vea él antes.

Acepta el compromiso moral de jugar limpio en el sorteo si fuera requerido para sacar puestos o elegir números.

Asimismo, promete no echar mentiras en apoyo o defensa de aquel a quien acompañe, diciendo la verdad de lo visto, tirado, cobrado o fallado, sin disculpas ni inventivas. La verdad y sólo la verdad. Tampoco le discutirá caza muerta a los de los lados en la armada.

No tendrá que pagar nada, ni siquiera si se pide «guante» o se pasa «sombrero». Ni dar propinas a nadie, salvo a causa de su «noviazgo», de llegar a consumarse por hacerse con presa en lance de agarre, en cuyo caso aguantará como pueda el ritual y bromas de la ceremonia, pero las gratificaciones consuetudinarias más las multas que el tribunal de veteranos le ponga correrán a cargo de los padres, no de sus ahorros.

Esta invitación es personal y no cabe transferirla ni extenderla a nadie. Ni siquiera a familiares, por próximos que sean, conque menos aún a vecinos o colegas, por cercanos e íntimos que resulten. Y no ampara tampoco a «ligues» ni «novietas» mientras no se trate de relaciones aprobadas y serias.

No es preciso contestar. Basta con presentarse en el lugar de la junta (bar X, cortijo Z, etc.) el día indicado, a las 08:00 horas. Allí, de forma sencilla y natural, podrá dar las gracias sin otras delicadezas, rogándole no porte ningún regalo para el anfitrión (y menos botellas de vino).

Lugar y fecha

P. D. Una vez escrito esto, vi en TROFEO de enero 2009, el artículo de Mariano Aguayo Fernández de Córdoba «Los niños en el puesto», que ahonda en la nota de «diversión» de los pequeños durante la montería, aventurando que lograrla es un arte para el padre (“o tutor”, añado yo) que evita el aburrimiento del pupilo, quien —dice el Aguayo júnior— puede hacer de secretario y participar activamente sin tener que matar, disfrutando aun sin cobrar res alguna. Todo lo cual me parece muy apropiado aquí y lo añado por venir al pelo. Vaya casualidad.
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