Opinión
Última actualización 24/03/2009@14:37:46 GMT+1
Tico Medina
Yo siempre me instalo en el fiel de la balanza, donde debo estar, ya que no soy juez ni parte, gracias a Dios, sino sencillamente cronista, el que da el taco sin armarlo, claro. Y es así como les puedo contar que he visto la película “Walkiria” y en ella, como lugar fundamental, “la guarida del lobo”, que así se llamaba el búnker donde Hitler vivía.
Por lo visto tenía este nombre porque cerca vivían los lobos centroerupeos y Hitler incautó el refugio para su servicio exclusivo, y allí estuvo a punto de palmarla si llegan a dejar la cartera con la bomba del coronel tuerto en su sitio. Tampoco les voy a contar la “peli”, que me gustó mucho, pero, eso sí, decirles que toda ella es una suerte de caza al por mayor. O sea, como la vida misma.
La recesión se ha notado, se está notando, y creo que los trofeos este año han sido más difíciles, aunque menos para los vocacionales de la caza, que los hay. Ahí está para demostrarlo Paco el de la Fueya, el de la Hoja, con su magnífica colección de trofeos en sus paredes y también en la mesa...
Y el doctor Lobato, que tanto sabe de huesos, y que tiene en el móvil ni más ni menos que el agarre de los perros de la rehala a un jabalí. Se escuchan ladridos y chillidos... Una idea original, no cabe duda, sobre todo cuando suena mientras te está proporcionando terapia para tu esqueleto; claro que eso es también terapia para su vocación.
Hay, y muchos, cazadores con el oficio de las batas blancas y hacen bien, porque de esa forma el fin de semana descansan de los dolores ajenos.
¡Ay, si los rifles y las escopetas hablaran! Lo que podrían contarnos de estos tiempos revueltos, de lo que se habla en los grandes silencios de todo tipo, incluso en las esperas, aunque ya saben ustedes que en las esperas, si acaso, se puede suspirar.
Conozco a un cazador de tesoros; también a un cazador de empresas en quiebra y a otro de colecciones raras. Por otro lado, la moda de la caza se ha trasladado más allá de las pasarelas del AVE a la calle misma. Es una forma de contar lo que se siente, de decir en alta voz que “el que caza su mal espanta” porque te da tiempo de pensar en otra cosa, una manera de “respirar verde”. Y luego está la conversación durante el taco y en la cena, que son formas de comunicarse y de cazar, pues hablar es cazar sentimientos.También hay cazadores urbanos que están ahí, en pequeñas sociedades, localizando, olfateando, buscando en ese campo cinegético del ordenador, espiando en internet. Aunque a veces se convierten en lo otro, o sea, en eso que digo siempre, que vas de cazador y te hacen presa,
Leo en la sección gastronómica de un periódico importante que en tal sitio “hay verdaderas migas de cazador”. Es en un sitio conocido, pero oigan, sólo las migas de cazador tomadas in situ son verdaderas. Tienen el sabor y el paisaje del paisanaje,
Y no sólo cazar. Además, este año las migas se van a llevar mucho porque el pan que sobra en casa no se debe echar a la basura aunque le demos un beso antes de tirarlo. No, este año toca migas de cazador; la semana que viene igual les doy una receta de verdad, aunque ustedes ya la conocen mejor que nadie O sea, comer en tiempos revueltos.
Lo de que el lince es capaz de copular cuarenta veces en un día, aunque sólo sean dos los que usa al año para el amor, lo que eleva el récord de ochenta. Comprendo que haya sido una de las cuestiones más comentadas en todos los medios en los últimos días. O sea, copular en tiempos revueltos.
Y es que el mundo está muy revuelto, tanto que un amigo que anda perdido por tierras de África buscando como hacerse con un cocodrilo, me comenta a larga distancia:
– Aquí me tienes, que hasta los amables cocineros de la gran sabana donde habita el león, ayer a primera hora de la mañana me indicaron con sus viejas voces de masai: “Ha llegado la hora del takkooooo..., después buscaremos el cocodrilo”.
¡Huevos revueltos! y porque allí no conocen las patatas a lo pobre... Pienso yo que el hecho de que el taco sea tan universal será también por esta leidísima pagina nuestra. O sea, y para terminar, más del titular, lo que se llama amar en huevos revueltos.