Reportajes
Qué idea tienen los escolares de la caza y qué nos aconsejan
Última actualización 28/04/2009@10:04:27 GMT+1
El pasado mes de enero, en la sección Cazadores en acción, destacábamos el proyecto “Caza y naturaleza a las aulas”, que se inició en Cataluña y ahora se ha exportado a Baleares y Madrid. LA INICIATIVA consiste en explicar en las escuelas LA CAZA y sus beneficios para el medio ambiente y el mundo rural. A propósito de esto, hemos pedido a sus iniciales promotores que nos expliquen qué piensan nuestros escolares de la caza, cómo cambia su percepción sobre la misma después de la charla y qué piden a los cazadores.
Texto: Miguel González y Pere López
Fotos: Pere López
Libros Recomendados :
ESCUELA DE TIRO AL PLATO
¡ Visita nuestra Tienda !
Todos los que pertenecemos al ámbito cinegético en cualquiera de sus vertientes tenemos la certeza de que la caza es un instrumento imprescindible para la buena gestión del medio natural y que sin ella la sostenibilidad del mismo se vería irremediablemente afectada.
No deja de ser menos cierto que uno de los resultados que buscamos con nuestras acciones sobre el medio no es otro que el de poder disfrutar de una actividad cinegética satisfactoria y que en muchos casos esta actividad finaliza cuando damos muerte a un animal. Es aquí donde encontramos una de las mayores dificultades a la hora de defender la caza. Igualmente tenemos que empezar a admitir los inevitables cambios sociales que el constante progreso hacia alguna parte va añadiendo a nuestro día a día y, una vez admitidos, hemos de ser capaces de modificar nuestros hábitos a la hora de desempeñar nuestra actividad; eso sí, sin olvidarnos nunca de que nuestras arraigadas costumbres, aunque puedan ser ligeramente modificadas, nunca deben perder la esencia por la cual surgieron, pues en ellas reside el carácter y ralea de nuestra afición.
Los cuatro valores de la caza. Partiendo de estas premisas y teniendo en cuenta que la sociedad actual tiene una percepción totalmente distorsionada de nuestra actividad, nos vemos en la obligación de empezar a plantearnos acciones que combatan esta realidad, para lo cual es imprescindible explicar en todos aquellos ambientes ajenos a nuestra actividad cuáles son las acciones que los cazadores y gestores llevamos a cabo en nuestros cotos de caza con la única finalidad de beneficiar a las diferentes especies de nuestro hábitat.
Intentando dar respuesta a esta necesidad, hace cuatro años empezamos a trabajar en un ilusionante proyecto de divulgación en las escuelas para alumnos de entre 10 y 14 años en el que intentamos transmitir cuáles son los cuatro valores básicos de nuestra actividad.
Éstos son el valor medioambiental de nuestras acciones sobre el hábitat, el valor cultural de nuestras tradiciones enraizadas al medio rural, el valor social de nuestras relaciones de amistad y asociación y el siempre inevitable valor económico que actualmente aparece en todas las actividades que realizamos a cualquier nivel.
El proyecto siempre ha rehuido de protagonismos, es sencillamente un intento de ser el proyecto de todos los cazadores, en el que cada cual aporte su grano de arena. La voluntad de colaborar es para nosotros lo más preciado para construir.
Una vez expuesta la malentendida justificación de nuestra actividad en una presentación monitorizada y apoyada con ilustraciones visuales que intentan reforzar las ya de por sí consistentes razones de peso que hacen imprescindible la existencia de la caza, pasamos a un segundo acto en el que solicitamos a los presentes que nos expresen por escrito qué carencias perciben en la práctica cinegética y qué consejos proponen para que la caza pueda llegar a tener la aceptación social que se merece.
Una actividad mal vista. La ingenuidad y la sinceridad de las preguntas y comentarios de muchos alumnos con los que hemos tenido ocasión de hablar ponen de manifiesto el hecho de que por lo general la caza es una actividad mal vista en nuestra sociedad. En algunos casos ese sentimiento procede del desconocimiento, en otros de la desconfianza y en muchos otros del rechazo.
Dejando de lado otros aspectos, técnicamente la caza se basa en el aprovechamiento sostenible de un recurso renovable, concretamente las poblaciones de fauna silvestre. Por ello resulta paradójico que la mayoría desconozca en qué consiste una actividad como la caza, sobre todo en una sociedad en la que las cuestiones medioambientales y el desarrollo sostenible adquieren un papel cada vez más destacado. Ni el sistema educativo ni los medios de información abordan adecuadamente el tema de la caza, el primero lo ignora y los segundos suelen mostrar una visión parcial y generalmente negativa de la caza.
Respeto a las normas. Una de las grandes preocupaciones de los niños/as es el poco respeto a las normas. Muchos intuyen y algunos conocen a ciencia cierta que un sector más o menos amplio de los cazadores incumple esas normas, sobre todo las que afectan a las especies protegidas, a la cantidad de animales capturados y heridos, y a las cuestiones de seguridad.
Lamentablemente, como sucede en todos los ámbitos sociales, esos infractores existen y su repercusión mediática es muy grande, dañando gravemente a todo el colectivo de cazadores. Por todo ello, no es de extrañar que por culpa de algunos se desconfíe de muchos.
El sentimiento de rechazo también es muy común en muchos de los alumnos/as y generalmente va ligado al hecho de que consideran innecesaria la muerte de animales silvestres, sobre todo si no es por necesidad –entiéndase supervivencia– y, para colmo, que además se disfrute con ello.
La humanización de esos animales –se les otorga actitudes, sentimientos y valores humanos– agrava alarmantemente la situación. En esos casos, el cazador se convierte, a sus ojos, en un mero torturador y asesino de animales. Resulta muy difícil cambiar esa percepción cuando no se ha aprendido a integrar la muerte como elemento indispensable del ciclo de la vida…
Antes y después de la charla. El 30 por ciento de los alumnos encuestados tienen algún familiar cazador. Las opiniones de los alumnos en relación a la caza antes de la charla son muy variadas.
A la pregunta de qué es para ellos la caza responden: matar animales, algo ilegal, matar por diversión, un desastre para los animales, actividad muy mala, menos seres vivos para el planeta, matar animales injustamente, especie de deporte que no me gusta nada, algo que me gustaría hacer pero que está mal, hobby injusto, deporte a prohibir, deporte agresivo, disparar por diversión, cazar para vender, pasión y deporte bonito, defensa del territorio, buscar y capturar animales, deporte si se hace con control y sin excesos como matar especies protegidas…, y así hasta 25 categorías diferentes en las que la proporción de opiniones a favor y en contra se mantiene como en el ejemplo.
Una vez finalizada la charla y entablado un interesante diálogo, el 70 por ciento de los alumnos llega a la conclusión que la caza es una actividad buena si se respetan las normas. A la pregunta de si les parecería interesante realizar una salida de campo para conocer las especies cinegéticas, la totalidad del alumnado responde afirmativamente. Para un 80 por ciento aproximadamente la idea de una primera salida de caza acompañados de un familiar les parece atractiva.
La última pregunta de la encuesta posterior a la charla y para nosotros la más interesante para conseguir cerrar el ciclo y poder transmitir los consejos de los chavales a los cazadores en cuanto hay oportunidad –asambleas, reuniones varias, cursos, artículos…– es la de los consejos: quien tenga oídos que escuche, o lea.
Los consejos son muy sencillos, no llegan a decálogo y son los pilares de la tan cacareada sostenibilidad y conservación: cazadores respetad las normas; vigilad –y denunciad– a los furtivos; no utilicéis artes ilegales –trampas prohibidas o veneno–; aseguraros antes de disparar –seguridad– y sobre todo no matéis –cacéis– mucho.
Para los chavales del futuro, las cantidades importan pero en sentido inverso a lo que se cuenta en los bares. Cuanto más esfuerzo mejor, más caza pero con un número de capturas reducido. Aquello de cazar mucho y matar poco. Las oportunidades deberían contar más que las piezas abatidas.
Por último, para finalizar me gustaría resumir el clamor de la sociedad del futuro en el consejo que resume de manera literal lo que deberíamos hacer cada vez que salimos al campo. Ha sido seleccionado entre los 2.000 alumnos a los que hemos tenido el honor de informar sobre la caza: “Respetad el medio ambiente, que es bueno para todos; cazar es bueno pero también es malo, y eso depende de ti”.