Grandes firmas
Mariano Aguayo Fernández de Córdova
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Última actualización 27/04/2009@13:54:59 GMT+1
Salimos de la Venta del Cerezo, en Cardeña, antiguo cruce de caminos, para dormir en la Virgen de la Cabeza, veinte excursionistas entre padres, madres y niños, con nuestros caballos y ponis respectivos.
Por la mañana se incorporó el grupo del Poni Club La Loma, capitaneado por Ana Cruz-Conde, Roberto Melgarejo, Pedro Fernández Salvador y José Manuel Soto. Javier Fragero era nuestro guía, todo un caballero que, sin niños, se ofreció a guiar a todos los nuestros.
Cruzar el corazón de Sierra Morena, por caminos históricos de herradura, a caballo era nuestro reto en esta magnífica y prematura primavera. El campo verde, de ese verde que hasta duelen los ojos, y la veda dejando a la naturaleza hacer.
No soy especialmente aficionado a los caballos, pero me apunto a un bombardeo. Por eso cuando Salvador Herruzo, en la montería de Ángeles Queipo, me contó lo que estaba organizando, me sumé sin dudarlo.
La vida hay que estrujarla. Desde el caballo el campo se ve distinto, tranquilamente, al paso, sin prisas, sabiendo que no hay más reto que el de llegar. Los días son eternos. Realmente yo soy de los que piensa que la vida hay que estrujarla y si en dos días conoces tantas cañadas, arroyos, umbrías y solanas como las que nosotros disfrutamos, la vida se vive de verdad.
Del Socor nos descolgamos al río Yeguas, para gatear por las solanas de Valquemado hasta Montealegre; de ahí, pasando por Navalasno, hasta el Santuario. Entre el Yeguas y el Jándula la naturaleza se muestra en estado puro; es una de las zonas de España en la que el lince y la imperial siguen desarrollándose en libertad.
Llegada al Santuario. A mediodía, parada en un magnífico soto. Comida en el campo, baño en el río y siesta a la sombra. Nuestros hijos difícilmente olvidarán estos dos días en medio de la sierra.
Entre dos luces llegamos al Santuario de la Virgen de la Cabeza, donde un destacamento de la Guardia Civil defendió durante la guerra el asedio más importante, con el de Toledo, de aquellos tristes años. Noche de agotamiento y dolor de huesos. Bueno, de huesos y hasta del alma, después de diez horas a caballo. Pero como por aquí abajo somos así, José Manuel Soto estaba a gusto, cogió la guitarra, que se trajo Rafa Álvarez por si acaso, y nos cantó bajito todo lo que le apeteció. Qué maravilla.
El domingo bajada a Andújar por el camino de los peregrinos, por el que no pasa ni una bici, pero el que han pasado durante siglos gentes a pie y a caballo, entre encinas, madroños, lentiscos y jaras en flor. Lugar Nuevo, finca en la que han cazado tantísimos políticos, estaba maravillosa en la paz de la veda. Los arroyos corriendo y los caballos desfilando en fila india, que era la única forma de pasar por esas veredas centenarias.
Inauguramos la veda del 2009 en la que disfrutaremos tanto como en temporada. Estoy seguro.