Hemeroteca :: 01/05/2009
7/29
Grandes firmas

Mariano Aguayo

Última actualización 27/04/2009@13:57:52 GMT+1
Camino de Las Morenas, por la carretera de La Onza hacia Cardeña, se veía la yerba escarchada, blanca y peluda, que hasta dentera daba de pensar en pisarla. Vaya frío. Luego, en la junta, las cosas se fueron arreglando con un buen plato de migas. Con huevos fritos, chorizo y torreznos, no vayan a creer que allí se remienda de viejo. Y, para bajar todo aquello, vino tinto y una copita de anís de Rute. Como Dios manda.
Y al puesto. En la armada del Lápiz y en el mismo carril. Y en umbría. Claro que eso daba igual porque estaba el cielo enmarañado y de todas formas hubiese llegado poco sol. Un vientecito helado dejaba las orejas como de cartón piedra y, encima, corría hacia la mancha. Conque en menos que se persigna un cura loco tenía José, mi buen secretario, empendolado un candelorio que era una gloria. Estábamos a gamos, gamas y cochinos.

Yo no tenía monte. Del carril hacia la montería una cuesta fuerte con chaparros pero sin vestir. Bueno, cuatro jaras locas. Y por detrás una caída muy fuerte al arroyo de Martín Gonzalo con limpios por detrás. Así que a los gamos.

Y, claro, empezaron a entrar venados. Un jabardillo de cuatro o cinco y alguno suelto. Y más. Bueno. Luego escuché tirar a mi derecha y se me pasó por el viso una tropilla de gamos, vaya por Dios. El frío, el puñetero, no aflojaba pero la candela estaba ya altamente reconfortante. Así que bien. Los perros trasteaban sin parar y allí no iba a quedar un hopo.

Un chapuzón me sobresaltó en el arroyo. Una cierva con la garota. Y, cuando me volví, se estaba tapando un gamo por todo lo alto del chaparral por la izquierda de mi tiradero. Le eché un tiro, desde luego, que no es mejor escopeta la que menos falla sino la que más mata. Y se me fue. Con el monte, no pude ver nada pero yo sabía que no había afinado. Oí tirar a mi vecino, Íñigo Basagoiti.

Ya a las tres de la tarde entró por el arroyo una gama que gateó, pasado ya mi puesto, saltó el carril y repechó entre los chaparros. Iba que escarbaba pero esta vez tuve los metros necesarios para apuntarla y me quedé con ella. Y se acabó.

Qué confortable el coche. Cuando pasé por el puesto de Iñigo tenía dos reses patas arriba. Y, ya en la casa, lo llamé.
– Parece mentira que un chico bien educado como tú me haya cortado unos pantalones. Cuando a un señor mayor se le va una res, lo correcto en un joven es fallarla también. Ya es que no queda respeto ni nada.

Se excusó muy compungido y pelillos a la mar. Y, repuestas las fuerzas con un buen cocido y otras lindezas, me despedí de todos los Queipo de Llano y partí hacia Córdoba con el inevitable recuerdo del viejo general que tanto cariño había puesto en estas sierras.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
7/29
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaza.com, web oficial de la revista Trofeo, decana del mundo cinegético
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.