Opinión (Editorial)
Última actualización 29/06/2009@13:52:30 GMT+1
José I. Ñudi
La propuesta, ya aprobada por la administración autonómica, de la Federación Castellano-Manchega prohibiendo que se lleven al puesto más de dos armas si el montero va acompañado, es un nuevo atentado a la libertad.
La nueva prohibición, que además fue apoyada por todo el consejo de caza, salvo por Aproca, que se abstuvo, aunque viene envuelta con intenciones tan loables como “aumentar la seguridad”, en el fondo sólo esconde la incapacidad de todos para solucionar el grave problema de la seguridad en las monterías por el desdoble de los puestos.
Sé que la Federación Manchega y su presidente han meditado la propuesta antes de presentarla y me consta que lo único que persiguen es reducir la peligrosidad en las monterías y batidas debido a la enorme cantidad de gente que dobla puesto, a pesar de estar prohibido, pero éste no es el camino.
Aunque algunos puedan considerar la medida valiente y decidida, a mí me parece cobarde, autoritaria y también un nuevo fracaso, como ya he dicho, de todos. Y como siempre, pagarán justos por pecadores.
Los cazadores, las juntas directivas de las sociedades de cazadores y los organizadores tendríamos que haber puesto coto a este desmadre recriminando e incluso denunciando a quien doblaba puesto. Pero todos hemos hecho la vista gorda por dejadez e incluso por intereses varios y ahora algunos quieren solucionarlo por la tremenda. Así nos va.
Una vez más los cazadores hemos demostrado que somos incapaces de cumplir una norma clara y justa, que no sabemos poner orden en nuestra propia casa y que, como menores de edad, sólo nos aplaca el miedo al castigo y a la denuncia.
Doblar puestos está prohibido no sólo por la peligrosidad que conlleva, sino porque sencillamente no es ético. Los animales merecen un respeto y alguna ventaja. Además, quien dobla, puede estar quitando oportunidades a otros monteros. Sin embargo, es triste que para solucionar esta costumbre ilegal haya que recurrir a una nueva prohibición tan general como injusta. ¿Qué pasa ahora con quienes habitualmente, por los motivos que fuesen, iban acompañado al puesto? Pues que ya no podrán llevar, por ejemplo, escopeta y rifle para utilizar lo más conveniente en función de las características del puesto. Tampoco podrán hacerlo los precavidos que solían ir acompañados y llevaban dos rifles por si uno se estropeaba, o quienes sencillamente querían probar más de un rifle. Los dos amigos que monteaban juntos y cada vez tiraba uno con su rifle, quedando el otro enfundado, tendrán que cazar con el mismo.
Muerto el perro se acabó la rabia, dirán los defensores de esta medida extrema, cayendo en el mismo error en el que acostumbran a caer las administraciones. Que se furtiveaba mucho con el .22, pues se prohíbe para cazar con este calibre, sin importar que muchos lo utilizaran correctamente. Que la perdiz pardilla corre peligro en algunos cotos por una excesiva presión cinegética, pues se prohíbe con carácter general perjudicando a quienes la gestionaban adecuadamente. Y así con otras muchas cuestiones. Ya tenemos los cazadores demasiadas restricciones y prohibiciones como para que encima nosotros mismos nos inventemos otras nuevas que reducen nuestra mermada libertad.