Hemeroteca :: 01/07/2009
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Opinión
Última actualización 29/06/2009@13:56:53 GMT+1
Tico Medina

Éste fue el título de mis palabras –escritas a mano, que cada día me gusta más, sobre todo para regalárselas después a la persona que me lleva o que me trae– de la conferencia, presentación, pregón o discurso, que de todo hubo, que di la otra tarde-noche en Córdoba cuando atendí a la petición de nuestro compañero y maestro Mariano Aguayo, que tanto sabe de caza, un señor en el campo y en la calle.
Un libro hermoso el suyo, en todo los aspectos, que ha editado Almuzara con pasión verdadera. Es un libro-joya que les recomiendo y que me ha servido para, primero, acercarme de nuevo a Córdoba, aunque no la tenía olvidada –nadie puede olvidar a Córdoba–. Segundo, para volver a comprobar que Córdoba sabe mucho de rehalas, con hache intercalada, y que hay en ella buenos y sabios cazadores que llenaron, hasta los topes, como se decía antiguamente, el salón de conferencias.

Y tercero, el libro, inmenso en todos los aspectos. Mariano Aguayo ha acudido a los que más saben sobre el particular, de toda la geografía española, sobre todo la andaluza, iluminando las páginas con esas fotos sepias inolvidables, y sobre todo, sus dibujos... ¡Ay ese paisaje, sin perros, pero si están en el aire sus ladridos, ese paisaje largo, de la Andalucía de la sierra!

Caracola de escudo. Y recordé La Caracola, el nombre de la finca, breve y brava, que estuvo a punto de ser mía, en Sierra Morena, con aquella ventanita que daba a la Virgen de la Cabeza y aquella caracola, en el frontis de la puerta sencilla y señorial de don Jaime de Foxá, que me acercó a la inmensa verdad de la caza… aunque ande siempre sin escopeta, como ayudante y secretario de los mejores que fueron y que serán.
– ¿Y esa caracola, de la mar, tan lejos del mediterráneo, don Jaime, por qué está ahí como si fuera su escudo, teniendo usted escudo propio?
Y me contó, primera lección, hace más de cuarenta años, que era la caracola con la que se hacía una de las grandes artes cinegéticas: ¡la llamada!
Y conté que había conocido perros muy importantes, a veces más que sus dueños, que ahora puedo decirlo, perros como el que llevaba entre las manos el emperador de Etiopía, Halie Salasie, cuando le entrevisté en Adis Abeba, un perrillo casi de dama para enmascarar su timidez. O aquel dálmata de Julio Iglesias, que sólo él podía tomar en brazos…
La loba blanca y tuerta. Leí que ha vuelto a salir el gran documento llamado Los perros, de Miguel Delibes, aquél con el que viajé entre la niebla y el frío toda una noche en la Sierra Penagueira, límite de Galicia y Castilla la Vieja, buscando a la loba blanca y tuerta que bajaba a los pueblos de hiedra y piedra a comerse las ovejas asustadas en los corrales de la plazas mayores...

La encontramos, pero ya había sido capturada por aquella herramienta de hierro viejo que fue después una lámpara encima de mi mesa de trabajo y que en los días de celo exhalaba un raro aroma a sierra, a jara.
– Se le va la olla, maestro. ¿Cómo dice que se llamaba el perro?
– Pues cómo se va a llamar, como lo que es, lobo, ¿o es que no lo ve?
Cierto, perro de cruce sin duda. Aseguraron que el primer perrillo que hubiera de su camada, porque era loba, no lobo, me lo enviaban.
– Sí, sí, claro.
– ¿Lo querrá usted perro o perra? Mejor lo primero, que da menos problemas; eso sí, algunas noches –le viene de sangre– aúlla... poco y bajo, pero aúlla. La sangre que no se olvida, señor Tico.

Podría escribir un libro de perros, dije ese día, pero nunca como el de Aguayo, que ha escrito la “biblia ilustrada” de la rehala, que en gran parte es un largo y brillante, imposible de mejorar, libro de la caza.

De todo dije y a mano, y al final, Mariano contó cómo había hecho este libro formidable, que repaso todos los días para que entre tantos papeles me traiga un soplo de sierra, de caza, que hasta en la serie Planeta Tierra, lo mejor que se ha hecho sobre el particular hasta la fecha, decían los sabios del cambio climático que la caza es fundamental para respetar las especies.

Vendió esa tarde-noche Mariano más libros, y eso que no es un libro de bolsillo, que su paisano Gala presentando el suyo en la Feria del Libro, y en Córdoba.

Volviendo en el AVE me encuentro con Carlos Hita, que viaja por el mundo con su cazador de sonidos a cuestas. Seguro que lleva con él, recién atrapados, el aullido del lobo de hace unos días, el del ciervo en celo, el del urogallo enamorado... Una hermosa profesión la suya, por eso, a Mariano, para terminar la presentación de su libro de grandes firmas del mundo de la caza que él ha reunido, le dije lo que le dije de palabra y que ahora le insisto por escrito:
– Rehala se escribe con hache de humildad... Cuenta conmigo, Mariano Aguayo, como el más leal amigo de tu rehala.
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