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Tony Sánchez-Ariño, el cazador profesional africano con más años en activo.

El último de los pocos (y II)

Tony Sánchez-Ariño, el cazador profesional africano con más años en activo.
Publicamos la segunda y última parte de la entrevista a Tony Sánchez-Ariño en la que responde a preguntas más personales sobre su afición, la situación actual de la caza en África, los nuevos cazadores profesionales y su radical oposición ante determinadas prácticas cinegéticas que cree aberrantes.

José Ignacio Ñudi

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Si en la primera parte de esta entrevista Tony Sánchez-Ariño se centró en sus primeras vivencias africanas, en esta segunda y última entrega opina sobre asuntos más personales y, en general, sobre la caza africana, su futuro, los nuevos cazadores profesionales y su crítica feroz hacia ciertas prácticas cinegéticas faltas de ética y dignidad.

Tony Sánchez-Ariño es sin duda uno de los últimos representantes vivos de un África que ya no existe ni volverá jamás, donde tanto los animales como los cazadores se sentían libres y la caza era más auténtica. Quizá por eso hay tanta nostalgia, incluso cierto desasosiego y rabia, en algunas de sus respuestas.

Los tiempos son otros, toca adaptarse a la nueva realidad y afrontarla con optimismo, pero como dice Tony, sin perder el respeto por los animales y actuando con dignidad, porque los principios de la caza deben seguir siendo los mismos.

Pregunta. Hace poco vi en la televisión un documental sobre el aumento del estrés y la agresividad en los elefantes africanos; ¿está de acuerdo con esta aseveración? ¿cuáles podrían ser las razones?
Respuesta. Estoy de acuerdo. Los elefantes son, en cierto modo, migratorios, yendo siempre detrás del agua y del pasto. ¿Qué ocurre?, pues sencillamente que las concesiones de caza, las explotaciones mineras, los nuevos poblados con sus cultivos aledaños, les están cortando sus rutas de migración. Y luego está el furtivismo que, digan lo que digan, sigue ahí. No hay tanto como a finales de los 70, de acuerdo, pero en muchas zonas es implacable. Los elefantes están acosados por todos lados, y claro, terminan desarrollando ese estrés y esa agresividad. Sin embargo, allí donde no hay furtivos ni presión humana, están muy tranquilos.

P. ¿Qué cosas le sorprenden de los elefantes?
R. Los elefantes se parecen mucho a los humanos en su organización familiar: van juntos, se protegen entre ellos... Por ejemplo, cuando una hembra tiene una cría, siempre hay una o dos hembras que ayudan a la madre y están todo el día pendientes del pequeño. Ahora bien, los machos viejos, los patriarcas, suelen ir solos y a su aire.

P. ¿Existen esos legendarios cementerios de elefantes o son pura leyenda?
R. Eso es un invento de las películas de Tarzán. Raramente se encuentran elefantes muertos por razones naturales. Los elefantes, cuando van a morir, se suelen meten en los ríos porque el agua les alivia y allí mueren, desapareciendo en las aguas y devorados por los cocodrilos. Yo me habré encontrado en mi vida media docena de elefantes muertos, pero no más.

P. Una pregunta, quizá tópica y algo impertinente, que posiblemente le hayan hecho más veces. Conociendo como conoce a los elefantes y habiendo cazado tantos, ¿no tiene ciertos remordimientos a la hora de cazarlos?
R. Le voy a decir una cosa, cada vez que cazo un elefante siento su muerte, pero hay una cosa que me compensa y que quizá explique que siga cazándolos, que es un enemigo terrible. Como tú no hagas las cosas bien te puede matar muy fácilmente. Como un elefante te cargue y no lo pares te mata en el 90 por ciento de las veces.

P. ¿Cuántos animales, de los cinco grandes, ha cazado en su vida?
R. Exactamente 1.303 elefantes, 2.083 búfalos, 339 leones, 165 leopardos y 127 rinocerontes negros. Y lo más importante, jamás nadie de los que me acompañaban, ni pisteros ni clientes, sufrió un solo arañazo.

P. ¿Y eso cómo se consigue?
R. Pues fundamentalmente no disparando cuando no se debe disparar y empleando los calibres correctos. Sobre todo, jamás disparar a ver qué ocurre. Con estos animales siempre hay que tirar a matar.

P. ¿No ha sentido, como muchos cazadores ya veteranos que han cazado bastante, esa opción del no matar?
R. Todos los animales me merecen un gran respeto, pero puede más mi instinto cinegético; eso sí, haciendo las cosas como Dios manda, no matando elefantes en cercas de veinte hectáreas a las que previamente los han llevado para que un valiente cazador les pegue un tiro. Y algunos de estos valientes son españoles.

Un oficio en entredicho
P. ¿El oficio de cazador profesional se ha devaluado?
R. El cazador profesional de la vieja escuela ya no existe porque sencillamente no hay caza para curtirse y adquirir experiencia. Los de mi escuela, cuando empezamos a llevar clientes, llevábamos años cazando por nuestra cuenta y riesgo. Yo por ejemplo llevaba ya 800 elefantes y 150 leones. Pero hoy día, alguien que quiera hacerse cazador profesional, aunque tenga voluntad y cualidades, ¿dónde va a adquirir la experiencia? No hay permisos, no hay licencias y todos los países en los que se puede seguir cazando se cuentan con pocos dedos: Tanzania, Sudáfrica, Zimbabwe, Zambia, Namibia, Botswana, Camerún, Etiopía y Mozambique. Y encima no hay más licencias que las que compra el cliente al que acompaña, y claro, por eso muchos tiran al alimón con sus clientes para poder practicar. No es que el cazador de ahora sea peor ni mejor, es que está limitado, encorsetado. Quizá hace 50 años cualquiera con afición y cualidades hubiera sido un fenómeno, pero hoy le faltará experiencia.

También están haciendo mucho daño a la profesión muchos de los que se denominan cazadores profesionales, que son unos auténticos farsantes. Yo los denomino “fantasmas cinegéticos”, de los que hay plaga. En algunos lugares no dejo de escuchar ruido de cadenas por doquier y sólo con los que existen en España se podrían repoblar todos los castillos de Escocia.

P. Son otros tiempos. Los profesionales, los cazaderos y los cazadores ya no son los que eran, ¿no le parece?
R. Eso es cierto. Cuando yo empecé a cazar en Sudán, donde todo era completamente salvaje, nunca hice un safari de menos de 28 días, y lo normal eran 45 porque las zonas eran inmensas. Los clientes, que tenían buena posición económica y por lo general habían tenido buena cuna, no tenían inconveniente en padecer todo tipo de incomodidades hasta conseguir los animales deseados. Hoy la mayoría busca sobre todo comodidad: cómo son las comidas y las camas, si hay buenos vinos, si hay teléfono satélite. ¡Coño, que se interesan por todo menos por la caza! Y si vienen por ejemplo para 14 días pero consiguen lo que quieren en ocho, se van. Sí, ciertamente ha cambiado todo.

La caza del elefante y su justificación
P. ¿Qué le dice a esa gente, incluso cazadores, que critican que se cacen todavía elefantes, leones, etc?
R. Estos señores no conocen la realidad. Elefantes, por ejemplo, hay muchísimos. Después de las masacres furtivas de los años 70 –hay que recordar que entre 1976 y 1986 se mataron furtivamente en África más de 700.000 elefantes– vino el CITES y sus poblaciones se recuperaron bastante. Lo que no hay son grandes elefantes porque necesitan por lo menos 40 años para tener unos colmillos decentes. Por tanto el elefante se ha recuperado y va en aumento, y en muchos sitios ocasionan daños terroríficos. El final de Botswana, si no se remedia, serán los elefantes, que arrasan cosechas, bosques, etc. En el norte del país, donde están los elefantes, del Okavango hasta la frontera con Namibia y Zimbabwe, en una extensión de unos 215.000 km2, hay un mínimo de 130.000 elefantes que comen todos los días y están convirtiendo el norte de Botswana en un paisaje lunar. La gente, lo primero que suelta cuando se entera de que cazas elefantes, es: “Pero si no quedan”. Yo les digo que efectivamente, que por la Rambla de Barcelona o por la Castellana de Madrid, hace tiempo que no se ven, pero en Botswana, Tanzania, etc, les aseguro que los hay y no pocos. Además, se cazan siempre los machos más grandes que ya han cumplido gran parte de su ciclo vital.

Por último, por estos elefantes se paga una fortuna a los gobiernos, un dinero que sirve, entre otras cosas, para proteger otros territorios, construir infraestructuras o luchar contra el furtivismo contratando más guardas, etc. En definitiva, la caza del elefante es un recurso natural renovable.

P. ¿Nunca sintió atracción por otros destinos cinegéticos? R. He de confesar que de vez en cuando he sentido cierto empacho africano y he buscado otros destinos. He cazado osos en Siberia, donde estuve tres meses cazando el grizzli; he pasado dos meses en el Polo Norte cazando osos blancos; bisontes en Polonia; búfalos acuáticos en Australia... He cazado un poquito en todo el mundo, pero luego vuelvo a lo mío, que son mis elefantes y mis pigmeos, con los que me llevo estupendamente.

P. ¿África se ha convertido en una caricatura de lo que fue?
R. De lo que yo conocí, sin duda. Quitando unas cuantas zonas alejadas de las rutas normales, África está plastificada: concesiones, ranchos, cercados, fincas electrificadas...

P. ¿Cuando y por qué empezó el declive del África de sus sueños?
R. A partir del año 70, cuando empezaron las independencias y los nuevos gobiernos permitieron barbaridades con la fauna, empezando por algunos presidentes. Bokassa, por ejemplo, presidente de la República Centroafricana, tenía gente exclusivamente dedicada a cazar elefantes por el marfil. Los mataban incluso con helicópteros y mandaban todo a China y Corea de Norte. Lo mismo ocurrió en Sudán, o en el Congo.

Luego apareció toda una nueva generación de cazadores, algunos muy buenos, pero otros auténticos fantasmas que, como ya he dicho, han desacreditado la profesión. Por eso creamos primero, en el 69, la Asociación Internacional de Cazadores Profesionales, de la cual soy miembro fundador, que al final, para que fuéramos muchos, se convirtió en un coladero. Luego fundamos la Asociación de Cazadores Africanos, de la cual soy también miembro fundador y vitalicio. Ésta funciona mejor y no entra nadie que no sea un cazador como Dios manda, y para eso hay un señor con muy mala leche que se encarga de hacer la criba, que soy yo.

La situación de África
P. ¿Se parece en algo la naturaleza africana que usted conoce con la imagen que nos transmiten a través de la televisión y los documentales? R. Los documentales están hechos en reservas y parques nacionales, que no han variado y existen desde hace muchísimos años. El Parque Kruger ya existía antes de que yo naciera, y el Nairobi National Park o el Ngorongoro National Park están desde antes de que yo llegara a África. Todas esas películas fantásticas están hechas en estos lugares donde los animales, desde que nacen, ven cámaras por doquier y se acostumbran a ellas.
Los animales salvajes de verdad no permiten que te acerques y menos si se están, por ejemplo, apareando. Todo lo que vemos es prefabricado.
P. ¿Y lo que se cuenta de la situación de África y de sus problemas?
R. Es mucho peor de lo que cuentan los telediarios. La miseria que hay en África, la corrupción, la incultura, las enfermedades, no tienen límite.
P. ¿Y cómo se arregla eso?
R. De momento han de pasar muchos, muchos años. Además, cuando un país parece encauzado, sale un espabilado que sólo busca poder y fortuna personal y vuelve a hundirlo. Ahí tenemos a Mugabe en Zimbabwe, la antigua Rodesia, que se conocía como la perla de África y donde vivían en armonía negros, blancos, verdes y amarillos. Pues bien, llegó este corrupto que odia a los blancos y se ha cargado el país.

Cuando Rodesia se independiza en 1980 y pasa a ser Zimbabwe, un dólar zimbabwano valía casi un dólar americano. Hoy, por un dólar americano te dan ¡cinco millones! de los zimbabwanos y, oficialmente, el paro afecta al 80 por ciento de la población.

P. ¿También sigue habiendo en África mucho furtivismo?
R. Cada vez más, digan lo que digan. En los 80 barrieron todos los grandes elefantes y los rinocerontes.

P. ¿Cuál es el principal problema de la caza africana?
R. Quizá la expansión humana, que es exponencial. Kenia dobla la población cada veinte años, y esa gente necesita nuevas tierras para labrar, para vivir, mientras que los animales salvajes van a quedando reducidos a cuatro reservas o a zonas artificiales como los ranchos de África del Sur.

P. ¿Corre entonces peligro la caza deportiva en África?
R. No, todavía hay mucha caza; lo que ha perdido es su pureza, se ha impuesto la de rancho. En África del Sur y Namibia hay más animales que hace sesenta u ochenta años porque los propietarios saben que se gana más dinero con la caza que con el ganado. Existen muchos criadores de caza, pero siempre de animales no peligrosos, y este tipo de caza parece que tiene futuro.

Mi libro favorito
P. De los libros que ha escrito, cuatro en total, ¿cuál es su preferido?
R. Sin duda “Cazadores de elefantes, hombres de leyenda”, que me costó 14 años escribirlo, o mejor dicho, recoger toda la información y comprobarla, que se ajustara lo más posible a la realidad, porque muchas historias y anécdotas se han ido transmitiendo de boca en boca y llega un momento en que es difícil separar la leyenda de la realidad. Ya sabe, la tendencia humana a idealizar a sus héroes o demonizar a sus enemigos. Luego tuve que buscar fotos antiguas, y de hecho la mayoría tiene entre 50 y 120 años. Es por tanto un libro definitivo sobre los grandes cazadores de elefantes. Lo mío han sido los elefantes y he tenido la suerte de conocer a unos cuantos de estos legendarios cazadores, que me aceptaron muy bien, aunque yo era muy jovencito. Mis padrinos fueron John Hunter y George Rushby, que me ayudaron muchísimo.

Críticas anticaza
P. Cuándo fue portada del dominical de El Mundo, ¿no le llovieron críticas de los anticaza?
R. Las esperaba, pero ocurrió lo contrario: me llamó gente para darme la enhorabuena y muchos me pidieron que les firmara la portada. Sí es verdad que varios años antes Tico Medina, muy amigo mío y de Isabel, me entrevistó para un programa de televisión que dirigía. Vino a mi casa, me entrevistó con su equipo y nada más emitirse el programa suena el teléfono, descuelgo y escucho: “Hijo puta, asesino”, y colgaron. Me estuvieron insultando tres o cuatro días cada media hora hasta que se aburrieron.

P. ¿Cuáles son los calibres africanos más adecuados para antílopes y para caza peligrosa?
R. El .30-06 con balas de 180 a 220 grains es un magnífico calibre para antílopes. También el .300 Win. Mag., o el 8x68. El que quiera uno más contundente, sin duda el .375 H&H Magnum, aunque se queda un poco corto para la caza peligrosa. Para los animales peligrosos, en cerrojo, va muy bien el .416 Rigby o su hermano americano el .416 Rem., y el que quiera elefantes y evitar que su cazador los remate, el .500 Jeffery. En express, el .470 Nitro Express, el .475 del nº 2 Nitro Express y el 500 Nitro Express. Están también el .577 Nitro Express, el .600 Nitro Express y el .700 H&H Nitro Express, pero son armas muy pesadas y difíciles de manejar y más vale una bala pequeña en el sitio que un obús en las nubes. Resumiendo, para una persona normal y caza peligrosa, un magnífico calibre es el .416 Rigby, y si es más corpulento, el 500 Jeffery. En express, un .470 Nitro Express ó el .500 Nitro Express. Ya sabe, cuanta más azúcar más dulce.

Volvería a ser cazador profesional
P. Si pudiera vivir una segunda vida, ¿volvería a ser cazador profesional en África?
R. Lo único que siento es no poder parar el reloj y darle otra vez marcha atrás. Aquella época en la que cazaba sesenta o setenta elefantes al año a mi aire y en total libertad, no me importaría repetirla mil veces. Recuerdo aquel febrero del año 60 en que abatí diez elefantes con una media de 43 kilos por colmillo. Qué tiempos.

P. ¿Quedan aún grandes elefantes en África?
R. Hoy los elefantes más grandes están en el Kruger, en Sudáfrica. También los hay en Kenia y Tanzania, pero es raro que sobrepasen las 70 libras. En Namibia, en una zona nueva en la que cazo, parece ser que hay elefantes de entre 70 y 100 libras porque no se ha cazado en 10 años.
P. ¿Hasta cuándo piensa seguir cazando elefantes?
R. Hasta que no pueda seguir. Como decía Lagartijo, antes de que los toros me retiren, me retiro. El día que no pueda seguir a un elefante como Dios manda, me retiraré porque para hacer el ridículo me quedo en casa. Hay que ver la gente que me incordia con esto, como si para mí fuera una carga cuando es mi vida, mi pasión. Lo único que lamento es que tengo muchos años y se me acaba la cuerda. Sí me haría ilusión celebrar 60 años como cazador en activo porque el que me sigue no pasó de los 50.

P. ¿Qué opina de algunas prácticas cinegéticas de nuevo cuño bastante controvertidas?
R. Parto de una base, que soy un cazador tradicional de a pie, de los que nunca ha cogido atajos para cazar unos animales que merecen todo el respeto. Ya sé que la caza de hoy no es la que yo he vivido, pero lo que nunca pueden cambiar son los principios, la ética, el comportamiento del cazador, la dignidad y el honor. Sin embargo veo unas aberraciones que me ponen enfermo, y a esos “cazadores”, sinceramente, los metería en la cárcel. En este punto soy radical y le doy hasta la razón a los anticaza. Un ejemplo de lo que digo es la caza del oso en madriguera, la “técnica cinegética” más repugnante y asquerosa que he visto. O sea, hacer salir al oso mientras está hibernando y fusilarlo. Y como además estos cretinos que lo hacen no tienen sentido de la ética y la dignidad, encima lo graban como verdaderas hazañas. A esta gentuza le quitaba la licencia de por vida porque no son cazadores, sino asesinos.
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  • Tony Sánchez-Ariño, el cazador profesional africano con más años en activo.

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    1080 | carlos - 02/07/2013 @ 22:29:01 (GMT+1)
    Me pongo a sus pies y le admiro. tiene toda la razon se mancha la palabra cazador, yo soy tecnico forestal y me encantaria dedicarme a la caza profesional y la proteccion de esta pero en españa no lo tengo facil.
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