Grandes firmas
Mariano Aguayo
Última actualización 25/08/2009@13:55:41 GMT+1
Esto del monte y la montería no se escoge. Un niño empieza a despertar a las cosas y, mire usted por donde, no puede evitar que eso que ve hacer a su padre también le apasione a él. Y mi nieta Belén, que ha visto montear desde que tiene uso de razón a sus padres, sus abuelos, a sus abuelas, a sus tíos… está cogida por esta hermosa locura de la sierra, las reses, los perros, las armas y los tiros.
Y, como aún es una niña, hace lo único que puede hacer para estar cerca de todo este lío: entra con los perros. Cuando se montea en casa de su otro abuelo, se pone los zahones de piel de potro que le hicimos de chico a su padre y se va con Óscar, el perrero de Curro Vega. Y a patear sierra.
Pues tenía yo unas caracolas que me había regalado José María Cabanás y, aprovechando una visita a las perreras de García-Liñán, me llevé una a ver si me la preparaba Ballesteros. Y tuve la suerte de que estaba por allí el padre, Curro, uno de los grandes perreros cordobeses que, en un periquete, la comunicó y, tras unas cuantas pruebas, acabó sacándole ese dulce, asordado y firme son que tanto nos gusta escuchar en la sierra. Ya en el estudio, la pinté de bandera española. Cuando Belén la vio, por poco se muere. Merece la pena acertar con un regalo sólo por ver cómo se iluminan los ojos de un niño.
Me gustaría saber qué va a pasar el año que viene cuando mi nieta quiera usar su caracola. Puede que vuelva locos a los perros de Óscar o puede que los acostumbre a los dos sones. Ya me contará. Pero, pase lo que pase, es lo cierto que Belén, tan delicadamente femenina, tiene una afición muy especial, tan lejos como pensarse pueda de lo que suele ser normal en el sofisticado mundo de los niños urbanitas.
El tiempo dirá pero, hoy por hoy, Belén es una especie de alevín de ese grupo, si no numeroso sí puro y apasionado, de las señoras monteras de verdad. Tiene a quien salirle.