Grandes firmas
Mariano Aguayo Fernández de Córdova
www.montear.com
Última actualización 29/09/2009@13:44:56 GMT+1
Vaya por delante mi opinión de que la caza no es un deporte. Hay quien la llama un misterio, hay quien la llama una afición o incluso para algunos pocos afortunados una dedicación. Yo, como he cazado de una manera natural desde chico, la he disfrutado sin problemas de calificación. Desde luego ni es un deporte ni nada que se le parezca a una competición.
Pues bien, hace ya casi dos años me llamó mi amigo y maestro de los perros Manolo Pedrosa para recomendarme a un cazador, Paco Fernández Sierra. Era campeón de España de caza menor con perro en varias ocasiones y estaba siendo objeto de una campaña de difamación muy agria por los medios de comunicación a raíz de unos hechos ocurridos en el Campeonato nacional organizado por la Real Federación Española de Caza.
Para todos los españoles, cazadores y no cazadores, la palabra caza se asoció durante varias semanas a la palabra trampa. En nuestro despacho de abogados, curtido en batallas contra grandes compañías, no le hicimos ascos al asunto, a sabiendas de lo vilipendiado que se encontraba el cazador y de la difusión tan grande que los hechos habían tenido. El daño a la caza que se había hecho había sido terrible.
Por si fuéramos pocos, parió la abuela. Por si no fueran suficientes las campañas de los ecologistas, desconocedores de nuestra caza, y otros personajes que se arriman al tren de la mal llamada modernidad, una pelea entre cazadores había puesto en solfa el nombre de la cacería a los cuatro vientos.
Yo, que en mi vida he participado ni pienso participar en campeonato alguno relacionado con la caza, he contribuido a poner mi granito de arena en que la legalidad resplandezca en este asunto, y ahora, según el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, resulta que es ilegal la sanción al cazador y es la Federación la que se encuentra con unos procedimientos que están fuera de la Ley. Vaya por Dios.
Se ha difundido una sanción a la postre ilegal, pero el nombre de la caza de nuevo ha salido a los medios a vender mal, muy mal, nuestra afición. Se ha denunciado a un cazador hasta por lo penal, denuncia que ha sido archivada, pero en la prensa vende más lo malo que lo bueno, la denuncia que la absolución.
La Federación va a tener que indemnizar al cazador con diez mil euros, que a mi entender no cubren los daños sufridos, pero al menos deja las cosas más cerca de su sitio.
Los dirigentes actuales de la Federación deben dedicar los ingresos de los miles de cazadores que cada domingo salen al campo en España, con su escopeta y su perro, a defender la caza, porque la publicación y difusión a los cuatro vientos de un procedimiento sancionador que a la postre ha resultado nulo, no favorece la imagen de la venatoria. Por ese camino, en vez de servir a los fines de la Federación, podría decirse que estarían dañándolos. Y todo con unos efectos colaterales que desgraciadamente van siempre en perjuicio de una “vieja señora”, a la que entre todos vamos a enterrar como sigamos por estos derroteros; una anciana y para mí queridísima real dama llamada caza.