Hemeroteca :: 01/11/2009
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Grandes firmas

Mariano Aguayo Fernández de Córdova www.montear.com

Última actualización 28/10/2009@13:58:55 GMT+1
Este año, la mala situación que yo apuntaba en esta página en el mes de octubre del 2008, se ha acentuado. Y aunque los venados y los cochinos siguen afortunadamente sin leer Expansión, voy a dar unas cuantas ideas acerca de por qué se verán afectados directamente por la llamada coyuntura.
Los denostados orgánicos, gente que organiza más por afición que por profesión, están absolutamente desorientados. El modus operandi tradicional de tantos años, se ha visto afectado. Señalaban la finca con 6.000 €, por poner una cifra, se gastaban un dinerito en comida para las reses y los cochinos en verano, y pagaban la primera mitad de lo pactado por la montería en septiembre y la otra mitad antes de la suelta. Bueno. Pues este año, gran cantidad de estos acuerdos no se van a poder llevar a buen puerto porque los presuntos monteros no han asegurado la reserva de sus puestos. Había orgánicos que con los 6.000 € reservaban cuatro manchas. Al no tener clientes, no han dado comida a las reses y como consecuencia las manchas no tienen las expectativas deseables.

La montería comercial. Realmente, éste de la montería comercial es un sector relativamente moderno. Yo creo que no hace mucho que llegó a la mayoría de edad, al menos en la comercialización masiva, con la gran cantidad de festejos organizados en los 2000. Realmente eran escasísimos los orgánicos que operaban como tal hace 30 años; se pueden contar con los dedos de las manos. No obstante, algo tendrá esto cuando nadie confiesa ganar dinero, pero por cada orgánica que desaparece salen dos nuevas. O, al menos, salían.

Los clientes monteros aficionados que compraban con alegría sus puestos para montear según sus posibilidades, han decidido en gran número que este año no toca.

Muchas fincas se han quedado sin colocar. Los pocos puestos vendidos no son suficientes para que muchos orgánicos confirmen su interés por quedarse con la montería.

Hay excepciones. Curiosamente, monterías de altos precios y comercializadas directamente por la propiedad son, según mis noticias, las que se han vendido sin mayores problemas. Quizás tenga esto que ver con años de fidelización de los clientes, como se dice ahora, y de años de listas de espera.

Las monterías que venían llamándose corporativas, ofrecidas normalmente por grandes empresas a proveedores y clientes, ni están, ni se las espera. Hasta el grupo editorial de El Mundo daba un monterión, pero este año me temo que se acabó lo que se daba.

Carnes y fincas, por los suelos. Por terminar con el capítulo de los ingresos de las monterías, el precio de la carne por el suelo; el año pasado llegó a caer por debajo del euro. Mira que es buena la carne de nuestra sierra, pues en cuanto los cuatro compradores completan el cupo de los alemanes, se acabó pagar la carne española. Parece que los australianos tienen la culpa. Siempre es bueno tener alguien lejos para echarle la culpa. Hay manchas en las que en algunos momentos cuesta sacar la carne más de lo que vale. A los organizadores serios los fríen a papeles y requisitos sanitarios, mientras se autorizan batidas a mata y cuelga o metelo en la fiambrera sin ningún tipo de control ni cortapisa.

Los gastos del sector no están en crisis. Tanto la comida de las reses como los sueldos de todo el que colabora –guardas, arrieros, postores y otros operarios– han subido irremediablemente en los últimos tiempos.

Los gastos de las rehalas se han multiplicado y hay muchas en venta, lo que razonablemente traerá una reducción de su número. Los gastos de piensos, vacunaciones, transporte y otros imprescindibles han aumentado en los últimos años, a lo que se le añade los caprichos de las distintas administraciones que se ceban con esta parte, quizás la más débil de la fiesta.

Las fincas ya no valen esas barbaridades que llegaron a costar. Lo que se pagó por el Alta Baja y La Loma es más de lo que nunca se podría haber esperado. Después se hizo alguna operación de ese calibre más y después nada. El dinero del ladrillo ya no infla el mercado de la sierra. Las fincas ya no se venden al precio de los últimos años. Bueno, ni a ese ni a ninguno. Muchas tienen colgado el cartel de “Se vende”, que yo creo que podría sustituirse por el de “No se vende”.

Al final montearemos, quizás en una situación más parecida a la de los años 70. Mucho menos dinero para el campo, muchos más aficionados en su casa, las reses con más hambre y todo un poquito más recortado, pero quizás también más sostenible. Los planes cinegéticos previstos y autorizados por las administraciones habrá que cumplirlos, pero ¿a costa de quién?
Quizás serán los dueños de coto los que, como históricamente ha ocurrido, aguanten este tirón que, para bien de todos, esperemos pase pronto.

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