Hemeroteca :: 01/12/2009
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Última actualización 27/11/2009@11:10:49 GMT+1
Lo verdaderamente asombroso es que, sin lugar a dudas, los cazadores primitivos están monteando y Pedro me señala todos los ingredientes que lo demuestran. Miren ustedes atentamente las imágenes, no ya simbólicas ni esquemáticas sino bastante realistas.

Mariano Aguayo

Me ha mandado mi viejo amigo, y corresponsal para la zona de Jaén-Andújar, Pedro Medina el fiel calco de una pintura rupestre que representa una cacería. No una cacería cualquiera, no: una montería. Los dibujos se ejecutaron hace de 4.000 a 6.000 años, según los estudiosos que se consulten. Total, por unas semanas más o menos tampoco vamos a discutir. Lo verdaderamente asombroso es que, sin lugar a dudas, los cazadores primitivos están monteando y Pedro me señala todos los ingredientes que lo demuestran. Miren ustedes atentamente las imágenes, no ya simbólicas ni esquemáticas sino bastante realistas.

El centro de la escena está ocupado por los perros, cinco, que llevan por delante un venado con la boca abierta, vaheando por la larga carrera. Detrás van un perrero y su ayudante. Muy por delante de todo este movimiento está situado el montero esperando la oportunidad de actuar. Y hay algo que no figura en el calco pero que resulta muy significativo. Para dibujar al montero, el pintor escogió el fondo de un pliegue de la roca, es decir, que lo situó en lo que parece un paso obligado. Y allí está el buen hombre con su arco, dispuesto a dejar cumplir a la res.

Las pinturas están nueve kilómetros al sur de Jaén en una cueva abierta, la de Los Herreros, con una entrada de 20 metros de anchura en la boca, 5 de altura y de 6 a 8 de profundidad. Y allí siguen, bajo el techo renegrido por las fogatas que durante tantos siglos calentaron a las gentes acogidas a tan confortable abrigo.

No me cuesta nada imaginar a aquellos cazadores, tras un día de brega en el monte, representando con picón y almagra su aventura. Cumpliendo el eterno impulso del que juega un lance feliz: contarlo. Y, en este caso, además, representarlo. Ni más ni menos que lo han venido haciendo después tantos cazadores-pintores hasta nuestros Yebes, Parladé, Álvaro Delgado o Pablo Capote pasando por Gaston de Foix, Jean Le Pautre, Alberto Durero, Pablo de Vos…
Desde el fondo de los tiempos siempre ha sido igual. Cazar nos emociona tanto que, tras un lance feliz, queremos compartir enseguida nuestro éxito con los demás
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