Perros de caza
Cachorros, perros y asuntos cotidianos (II)
Última actualización 27/11/2009@12:17:36 GMT+1
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| Cachorros, perros y asuntos cotidianos (II) |
Cada vez aumentan más las mascotas en el seno de las familias y, como consecuencia, las relaciones que se producen entre perros y niños es cada día más frecuente, además de conveniente porque está demostrado que, bien orientadas, el beneficio que se obtiene es mutuo.
Juan José García Estévez
La convivencia entre niños y perros es cada día más frecuente porque cada vez aumentan más las mascotas en el seno de las familias, particularmente los perros, y los niños establecen un íntimo contacto con ellas que es interesante conocer.
Bien orientado, el beneficio es mutuo y especialmente interesante para los niños pequeños. Personalmente tengo diez perros de caza de todos los tamaños, y una preciosa niña de dos años y medio, que sólo piensa en estar con sus amigos de cuatro patas. No sólo es una satisfacción para sus padres ver cómo se relaciona con ellos, sino que ella se fortalece y ha aprendido a mantener su sitio y controlar la situación entre tanto perro que sólo quiere lamerla y jugar con ella.
¿Cómo ven los perros a los niños?
La conducta de los niños, su forma de moverse y de establecer contacto físico con un perro, es muy diferentes a las de los adultos. Incluso el olor es probable que sea diferente, por lo que los perros los identifican como una especie diferente a las personas adultas. Por ello, un perro debe acostumbrarse a los niños como se acostumbra a otros animales que le pueden rodear, como gallinas, ovejas o caballos, que también cada uno tiene su conducta y hábitos peculiares.
Si a esto le sumamos que muchas veces el perro está en casa cuando llega un recién nacido, y muchas de las atenciones que antes recibía se ven desviadas hacia el nuevo miembro de la familia, no es raro que algunos perros no simpaticen con los niños.
Es importante que, durante la etapa de sociabilización –entre los 21 días a los tres meses de edad– entren en contacto con los niños, y aprendan la peculiar forma que tienen los niños de aproximarse a ellos y de manejarlos y acariciarlos –con bastante brusquedad y falta de tacto– como algo natural.
¿Cómo deben ser las relaciones?
Para ello, yo sigo una práctica tan sencilla como efectiva:
Entre los dos a tres meses de vida del cachorro, lo expongo lo más posible a los niños, invitando a mis amigos con niños pequeños –con una edad razonable– a que disfruten con sus hijos una tarde en la perrera, algo que por cierto les encanta. Dejo a los niños con los cachorros, indicándoles cómo deben manejarlos y dejo que pasen varias horas de juegos juntos. Lo que aprenden, tanto unos como los otros, sobre la manera de relacionarse entre las dos especies, es de un incalculable valor para el futuro.
En el caso de que el niño sea un bebé recien nacido, la actuación suele ser sencilla. En primer lugar, se debe presentar el niño al perro. Va a formar parte de su entorno y tiene que conocerlo. En segundo lugar no se debe cambiar la conducta que se ha mantenido con el perro de ninguna manera, para que el perro no se sienta desplazado. Si el perro está bien vacunado, desparasitado y lleva una dieta correcta no hay ningún peligro en que pueda transmitir enfermedades al niño. Si el perro está bien sociabilizado y con un mínimo de educación, tampoco tendrá ninguna intención perversa hacia él. Por último, el perro tiene que comprender que el niño le reporta beneficios, por ejemplo cuando el niño sale a pasear el perro le acompaña, por lo que va a salir más veces al día.
Hay que tener cuidad con perros muy nerviosos o si los dueños no los pueden controlar bien. Es muy raro que un perro ataque a un bebé pequeño, pero pueden intentar aproximarse a él, guiados por su curiosidad, y hacer que caiga de la cuna, por ejemplo.
¿Y cómo ven los niños a los perros?
En primer lugar, decir que es positivo que los niños se críen con perros. Un niño pequeño que crece con un perro desarrolla antes sus capacidades psicomotrices, es más fácil para ellos aprender valores abstractos como el respeto o la amistad. En este sentido hay numerosos especialistas que opinan que los perros contribuyen a que los niños sean más sociables y con un mayor sentido de la responsabilidad.
Todos los niños pequeños sienten una gran atracción por los perros. Son objetos que se mueven y que tienen pelo, algo irresistible para ellos, lo que demuestran a los seis meses sonriendo cuando los ven o a partir de los ocho –cuando empiezan a tener autonomía– siguiéndolos constantemente. Pero la visión del perro que tienen los niños varía con la edad.
1. De cero a tres años: a edades tempranas, los niños perciben el mundo a través del tacto, por lo que intentarán tocar y acariciar al perro, ya que como hemos dicho, por el movimiento y el pelo, es algo muy atractivo para ellos. Pero es importante saber que los niños piensan que los perros son juguetes, y no tiene capacidad de sentir dolor, por lo que realmente pueden hacer daño al animal al tirarle de una oreja o meterle un dedo en el ojo, o simplemente al intentar cogerlo.
2. De tres a siete años: los niños, a estas edades, tienen una visión del mundo bastante egocéntrica; creen que todo les pertenece y pueden disponer de ello, incluso rompiéndolo. Según los expertos no es que sean crueles, simplemente que es una forma de exploración y reafirmación de la propiedad. En esta etapa se interesan poco por el bien estar de los animales, y asumen que el castigo es una forma apropiada de corregir el comportamiento de las mascotas. Por ello, en esta etapa, aprender a no castigar al perro fomenta el autocontrol y una escala de valores que les serán útiles en el futuro. Durante este periodo los niños pequeños valoran al perro como compañero de juego, mientras que cuando se van haciendo mayores valoran más la amistad hacia él.
3. De siete años en adelante: conforme se van haciendo mayores, los niños van comprendiendo mejor el mundo que les rodea y dentro de él a los animales. Entienden que los perros tienen capacidad de sentir y padecer y que son, en su comportamiento y necesidades, diferentes a las personas. El perro, además de compañero de juegos, pasa a ser un amigo con el que compartir secretos, alguien que le escucha y no le juzga, y que muchos niños están seguros que les entiende. Hemos de concebir esta relación, desde el punto de vista de los expertos, como positiva, ya que el apoyo y afecto que los niños encuentras en sus compañeros les ayuda a madurar y a reforzar la confianza en sí mismos.