Grandes firmas
Última actualización 22/12/2009@14:28:39 GMT+1
Hoy, afortunadamente, los jóvenes vuelven constantemente la vista a la tradición, tratando de recuperar modos y formas que el tiempo ha canonizado para que no caigan en el olvido... Por eso resulta más lamentable que desaparezcan hombres como Matías García Rubio. Porque con monteros así no hacen falta estudiosos de las tradiciones. Ellos son la tradición.
Mariano Aguayo
Se ha ido ahora, en este otoño sin otoñada, mientras todos andábamos mirando al cielo con la esperanza de ver las primeras nubes que suavizasen el arranque de las monterías. Y se ha ido sin molestar, discretamente. Ni él ni Patrito, su mujer, quisieron remover el pequeño mundo de sus amigos, que nos enteramos cuando ya había acabado todo. Ha pasado desapercibida y, sin embargo, la muerte de Matías García Rubio tiene un gran significado para la evolución de la montería cordobesa porque desaparece un montero fundamental.
Los García, los García ganaderos, como tantos terratenientes cordobeses, provenían –remanecían, que diría un serrano castizo– de Soria. Y, desde el último tercio del XIX, han dedicado sus ocios a la sierra siendo dueños de excelentes rehalas. Así llegó hasta Matías la afición y la sabiduría sobre el perro a través de su padre, Matías García Mateo, omnipresente en la montería cordobesa con perreros tan famosos como Manolillo Faldetas y Rafalillo El Travieso y capitán de un grupo selecto de amigos que hicieron de la montería una hermosa forma de vivir la sierra.
Los grandes monteros dueños de perros han hecho pareja siempre con grandes perreros y Matías encontró en José Antonio Montero su imprescindible complemento. Durante veintisiete años –veintiuno tenía José Antonio cuando empezó con él–, mantuvieron cerca de Alcolea, allá donde la sierra comienza a despegarse de la campiña, su rehala de podencos y atravesados. Formaron parte imprescindible del paisaje montero cordobés. Al final, la decadencia física y quizá una cierta amargura por cómo iban evolucionando las cosas en el campo tuvieron a Matías apartado unas cuantas temporadas.
Hoy, afortunadamente, los jóvenes vuelven constantemente la vista a la tradición, tratando de recuperar modos y formas que el tiempo ha canonizado para que no caigan en el olvido. Es como una noble obsesión. Por eso resulta más lamentable que desaparezcan hombres como Matías García Rubio. Porque con monteros así no hacen falta estudiosos de las tradiciones. Ellos son la tradición.