Hemeroteca :: 01/02/2010
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Reportajes

Falleció Ricardo Medem Sanjuán

Última actualización 27/01/2010@19:34:45 GMT+1
El pasado 24 de noviembre, una neumonía post-operatoria nos dejó sin Ricardo Medem Sanjuán, un cazador muy conocido, querido y comprometido siempre con la caza. Montó en España la primera empresa cinegético-turística, ha cazado en todos los continentes más de 240 especies diferentes, escribió multitud de artículos, varios libros, consiguió el Premio Weatherby, el Carlos III, el Jaime de Foxá y se volcó con la juventud cazadora. Trofeo quiere rendirle este merecido homenaje al que se han sumado familiares y amigos.
Ricardo Medem Sanjuán nació en Madrid un 10 de enero de 1932 y era doctor ingeniero agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid, siendo el segundo de su promoción de 1958. Posteriormente estudia cursos de postgrado en el Campus de Ingeniería Agrícola de Davis (Universidad de California, Estados Unidos).

Ya en España, su carrera profesional la dedica a John Deere Ibérica, empresa de fabricación y marketing de tractores y maquinaria agrícola con sede en Getafe (Madrid), en la que se jubila en 1996, después de 37 años de servicio, como presidente y consejero delegado, siendo elegido su Presidente de Honor.

Fue miembro fundador del Círculo de Empresarios de Madrid, perteneciendo a su junta Directiva y siendo presidente de su Comité de Relaciones Internacionales durante la década de los 80.

Ha sido Consejero de varias empresas como Glasurit y Boehringer Ingelheim; también ha colaborado con diversas asociaciones como la APD (Asociación para el Progreso de la Dirección), la EOI (Escuela de Organización Industrial) y el Instituto de Empresa, entre otras.

Forma parte del primer consejo de administración de la Universidad Carlos III de Getafe (Madrid), siendo vicepresidente de la fundación de dicha Universidad hasta el año 2003.

Cazador desde niño, aunque se decanta pronto por la caza mayor, especialmente por la caza de montaña y los grandes carneros. Crea en l976 Cazatur, la empresa turístico-cinegética que abre España al cazador internacional de trofeos. Caza en los cinco continentes y se convierte en el primer español que lo hace en algunos países como Mongolia, Nepal y Afganistán. Consigue más de 240 especies diferentes, algunas tan emblemáticas como el argali de marco polo, el marjor de Kabul o el baral del Himalaya, los cuatro carneros salvajes de Norteamérica y los nueve antílopes espirilados de África.

Como presidente de la Fundación Natura, realiza diversas actividades relacionadas con la conservación de la naturaleza, el equilibrio medioambiental y la gestión faunística, siendo el promotor del museo “El hombre y la naturaleza”, proyectado para ser construído en Castellón. Albergará su colección de animales naturalizados y escenificados en sus ecosistemas naturales, con un concepto novedoso al incorporar la interrelación con el hombre en los diferentes “reinos de la naturaleza” de los animales salvajes.

Fundador del “Premio Venatorio a la Juventud”, Ricardo Medem siempre prestó una especial atención a la educación de la juventud cazadora.

Autor de varios libros como “Persia: Safari en las cumbres”, “En la Cruz del Anteojo”, “Argali: Cacerías de alta montaña”, o “Tras la estrella más alta”, dedicó los últimos cinco años a elaborar su libro “La Grandeza de la Caza. El Siglo de Oro de la Venatoria”. Escribe asimismo diversos Prólogos y multitud de artículos en español y en inglés que se publican en la prensa especializada en la caza, la naturaleza y su conservación.

Su trayectoria se reconoce a nivel internacional con la concesión, en 1996, del Premio Weatherby de Caza y Conservación, creado por la Fundación Weatherby, y a nivel nacional, en 2004, con el Premio Carlos III de la Real Federación Española de Caza, galardones ambos del máximo prestigio para un cazador.

Su faceta literaria-cinegética. A Ricardo Medem siempre le gustó narrar sus aventuras cinegéticas, y lo hacía muy bien, y no quedándose sólo en el fui, tiré y maté, sino que el lance, su aventura cinegética, la convertía en un relato de aventuras en el que aparecían personajes verdaderos, paisajes de ensueños, historia y costumbres del lugar…
Su contribución literaria a la caza es grande y ha sido premiado por ello. En 1.988 gana el “SCI literary Award” (Premio literario del Safari Club Internacional) por su artículo “Grand Slam on foot” (Gran Slam a pie) y en 1.997 se le concede el “Jaime de Foxá”, instituido por el Real Club de los Monteros.

También es autor de varios libros. El primero, publicado en 1971, “Persia: safari en las cumbres”, que reedita en 2002 y es traducido al inglés. Le sigue tres años después “En la cruz del anteojo”; “Argali: cacerías de alta montaña” (1994), también traducido; “Tras la estrella más alta” y “La grandeza de la caza. El siglo de oro de la venatoria” (2008) .

También ha escrito multitud de artículos en casi todas las revistas cinegéticas españolas, especialmente en ésta, en algunos periódicos como Marca o ABC, así como en revistas internacionales como Safari Magazine o Karatasi Yenye Abarrí. También ha prologados bastantes obras venatorias de otros autores.

Carta a mi padre
Gonzalo Medem

El Argali macho más viejo y valiente no sabe cuántas sendas podrá recorrer aún. Sólo sabe que su peregrinar es cada vez más lento y cansado y que una noche –¿será ésta?– los lobos, los leopardos de las nieves, la nieve, el frío y el agotamiento harán que ésa sea ya su última senda y que ésa sea ya su última estrella. No importa; otro Argali será el guerrero que busque la victoria, tomará el relevo y continuará la senda guiando la manada. No importa; las estrellas siguen ahí para conducirle, y mientras unas desaparecen y se extinguen en el abismo infinito, otras aparecen nuevas, más brillantes, más altas y distantes, como retos ilusionados de tu vida. La Senda del Argali está ahí para recorrerla y las estrellas están ahí para guiarte, seguir su rastro e intentar alcanzarlas. (Capítulo La Senda del Argali. Tras la estrella más alta, 2002. Ricardo Medem Sanjuan).

Tu noche llegó el pasado martes 24 de noviembre cerca de medianoche. Estabas dormido, soñando con lances, carneros, serranías y libros de caza. Tu rostro era un poema de paz y serenidad. Cerca había arruis, el mar no estaba lejos, Beceite tampoco. A tu lado estábamos tus 6 hijos y tu mujer. Contemplándote, acariciándote, suplicándote que nos concedieses más tiempo; un año, un mes, un día, una hora. Que nos regalases un poco más de tu presencia, que nos siguieses relatando tus sueños y tus retos. Pero tú ya no estabas. Que siguieses respondiendo nuestras dudas de ignorantes, siendo siempre paciente escuchando nuestras vidas y problemas que van a mil por hora. Pero tú ya no estabas. Suplicábamos egoístas que siguieses siendo el argali macho más viejo y valiente que guiaba la manada. Pero tú ya no estabas.

Sin darnos cuenta habías emprendido tu senda, pisando otras nieves donde el pie no se hunde, donde no hay mañanas de niebla, no hay lobos que acechan, el frío no pincha y el viento no corta. Como el argali, como tus argalis, has visto pasar cerca tu estrella, como un tren que esperas y llega puntual a su hora, no has dudado, tu sitio estaba reservado y te has subido.

Egoístas nosotros. No teníamos derecho a pedirte que escalases ni un risco más. Has escalado más riscos, más cimas, más barrancos de los que podíamos pedirte. Has sido el mejor de los argalis, el mejor padre y el mejor amigo. Has sido padre cuando tenías que ser padre y has sido amigo cuando tenías que ser amigo. Siempre has sabido estar en el lado correcto de la fina línea, siempre has sabido estar en el papel preciso, exacto.

No importa cual fuera el trofeo que te propusieras en tu vida, tu entrada era la correcta. Medías el viento como nadie, esperabas con la paciencia del leopardo que espera horas ese momento exacto de saltar, escuchabas con el oído de un bongo y nos protegías a todos, sólo tú, como hace el grupo de yaks a su rebaño. Tu cabeza, tu frontal, tu alma y tu espíritu podían contra cualquier lobo, contra cualquier amenaza.

Aún después de irte no dejo de asombrarme del calado que has dejado en muchas personas. Nos has dejado un poco más vacíos, nos falta algo. Puedo verte cuando veo a alguien que te ha querido de verdad, puedo oírte cuando me hablan de ti, recordándome un día de caza que compartisteis juntos, puedo sentirte de noche, releyendo cualquier escrito, cualquier libro tuyo.

Escribiste que “Los trofeos más grandes, como ocurre en la vida, son también los más difíciles e inaccesibles… y están ahí, más arriba, junto a las rocas del cielo”. Has conseguido el trofeo más grande, no te preocupes, no necesitas escalar otra montaña más; has llegado a la meta y has ganado.

Hace algunas noches ocurrió un suceso extraño en las cordilleras más remotas de Asia, en el Alto Altai y en el Pamir Afgano. Fue sólo en las cimas más altas, las más inaccesibles. Todos los animales que allí habitan se pararon de repente, fue sólo un instante, intenso, pero un instante. Miraron todos a la vez en la misma dirección; había argalis, markhores, íbices, yaks, lobos, pumas de las nieves... Todos quedaron inmóviles, como inducidos, al mirar hacia lo lejos; por encima de los picos más altos, por encima del crepúsculo y sobre un cielo ya negro vislumbraron por un instante, un sólo instante, el paso de una estrella fugaz que les atrajo la mirada con una fuerza sobrenatural. La estrella se fue hacia el cielo y a los pocos segundos desapareció.

Sé que estás ahí arriba, junto con otras estrellas fugaces que ya hicieron su camino antes que tú. Nos acordamos de todos vosotros y os pedimos que desde allí, desde las rocas del cielo, nos sigáis alumbrando como siempre lo habéis hecho en nuestra senda de la vida.

Te quiero y siempre te querré. Tu hijo, Gonzalo.

Adiós Ricardo
Pepe Madrazo

Querido Ricardo: “Todo largo viaje empieza por un primer paso...”, como tan acertadamente nos dijiste en “La Grandeza de la Caza I”, el último libro que has publicado con el sello de la “Fundación Natura. Ricardo Medem”, tu gran obra en la que con generosidad y afecto me invitaste a participar. Créeme que eso es lo que siento, que has dado el primer paso, ésta es la sensación que tengo al ver que nos has dejado.

Sé que, con la valentía de siempre, has dado el paso inicial de ese largo viaje que todos debemos realizar, y sé también, y es mi consuelo, que al final nos reencontraremos. Como siempre eres pionero, vas delante con audacia, ya has alcanzado tu “estrella más alta” y seguiremos la estela que has dejado. Pero la tristeza se apodera de mí, me embarga la angustia y me encuentro desolado. Comprendo que has hecho lo que tenías que hacer, que tomaste la decisión correcta, que con tenacidad ibas ganando la batalla y que ha faltado muy poco para que culminaras con éxito… Pero al emprender este viaje nos dejas solos y la sensación de orfandad me invade y ofusca, necesitando tiempo para encontrar la calma y lucidez necesarias para continuar con los proyectos iniciados en Fundación Natura.

A la frase con que abro esta carta le añadías: “…y todo gran proyecto empieza por una primera idea”. Son muchas las ideas que están cristalizando en proyectos iniciados y poco a poco serán nuevos logros apara añadir a los muchos que has conseguido.

Del último mes y prendidos en el manto de San Huberto, con el que nos dijiste adiós, iban los dos últimos: la refundación del Capítulo Levante del SCI y la ponencia del “Proyecto Natura Maestrazgo”, que hemos presentado en la V Conferencia Mundial de Ungulados de Montaña. Léelos en el camino, seguro que te gustan, ya estabas en la clínica cuando los presentamos y no dio tiempo para que los repasaras. Pero han plasmado tus ideas y seguro que disfrutarás con ellos.

Adiós Ricardo, pocas y precipitadas líneas para decirte hasta la vista, seguiremos tu estela y agradecidos te reencontraremos al final del camino. Gracias por tu consejo, gracias por tu amistad y gracias por tu grandeza.

Obsesión por la juventud cazadora

Marqués de Laula

Esta Navidad será especialmente sentida para la familia cazadora: Ricardo Medem nos ha dejado sin llegar a celebrarla. Figura relevante en el mundo de la caza, fue un hombre que se ha distinguido por su interés en comunicarse con los demás y serles útil.

Escritor prolífico, desde muy joven relató sus viajes cinegéticos y sus obras “Persia, safari en las cumbres” y “En la cruz del anteojo” fueron una revelación para los cazadores españoles que casi desconocían los recechos en las grandes montañas de Asia.

Siguiendo los pasos de Artaza, de nuevo un compatriota abría a la afición y al afán de aventura de los suyos las míticas cumbres del mundo.

Quizás su obra más importante haya sido Cazatur y la explotación comercial de las especies cinegéticas de caza mayor. Gracias a su labor, España se convirtió en destino venatorio para el inmenso número de cazadores estadounidenses, y si hoy nuestro país recibe una afluencia constante de aficionados de todas la nacionalidades para disfrutar de la cabra hispánica y los restantes trofeos nacionales, en gran parte se debe a su trabajo durante aquellos años del Castaño y Cazatur.

Tampoco se puede olvidar que su empresa sirvió de forja a numerosos jóvenes que luego pudieron independizarse y establecerse por su cuenta. Y es que para Ricardo la juventud constituyó siempre una obsesión, y con la idea de formarla y educarla en el arte de la caza fundó más adelante su Premio a la Juventud que exalta las virtudes cinegéticas de los de menos edad y cuyo relevo ha tomado con gran empuje la Real Federación Española de Caza.

Con el éxito coronando su frente, volvió a su amor por las montañas y les dedicó otro libro, “Argali”, en el que además de contar sus aventuras por las cimas, completa la obra con un estudio de los Caprinae, que realizó junto con Paulino Fandos.

Ahora los cazadores españoles, con su vestimenta de color hierba, llevan anudada una corbata negra, y especialmente los más jóvenes.

Un fuerte abrazo.

HASTA SIEMPRE, RIKI

Emilio Pardo de Unceta

Puede que por primera vez se sienta libre, al fin, del misterioso deber de buscar metáforas, adjetivos y verbos para todas las cosas del mundo (Borges).

Me ha salido de dentro revisar diferentes cosas de mi amigo. Biblioteca, archivos de cartas importantes, estanterías con los DVD para conservar… En muchos aparece Riki, con su voz un poco quebrada –creo que siempre la tuvo–, su gesto serio, intentando centrarse en el temario, dándole la importancia que merecía el argumento y ameno, siempre interesante. Viéndole, como otras muchas veces, resulta convincente y grato, quizás por su aspecto confidencial e intimista. En los escritos personales: elocuente, cariñoso y de una destacada generosidad. ¡Cuántos recuerdos!, más de cuarenta años disfrutando de su amistad y su afecto. Es, y seguirá siendo, líder en amistades, pero yo siempre me sentí muy próximo.

Estoy escribiendo sobre una persona que acaba de dejarnos y que posee una biografía tan rica que, en su ámbito preferido –el mundo de la vida salvaje, de los recursos naturales y su conservación y de la caza ortodoxa–, va a ser elogiada en muchas partes del mundo. Porque su capacidad de trabajo fue enorme, y su metodología para transmitir ideas, principios, filosofía al fin y al cabo, era eficaz y convincente.

Me tomo la licencia de destacar de Ricardo Medem Sanjuán rasgos que creo relevantes, infrecuentes, de alto nivel humanístico, y que quizás fueron llave en el éxito de muchos de sus tesones, cual cosechar amistades.

Otro importante era su preocupación por la juventud: colaborando en los inicios de su Fundación, pude conocer alguno de sus anhelos estrella; uno era, quizás el principal para él, el de enseñar a los niños y jóvenes a amar el campo junto a la caza como pilar de la educación actual. Acepté, con la forma encantadora que gastaba para pedir algo, el difícil encargo de escribir para el libro “El futuro de la caza. Premio Venatorio a la Juventud”, un capítulo con el título “Ética y juventud cazadora”. Consciente de la deferencia, asumí el compromiso con el mejor de mis empeños. Este Premio Venatorio a la Juventud seguirá celebrándose, deseo que con el éxito precedente, a través de la Fundación Natura de manos de sus continuadores, hoy sin el apoyo del fundador y motor esencial de su andadura. Pero las raíces de su obra son fuertes, y no serán pocos los que decidan seguir trabajando en la misma; el proyecto lo merece.

Para Riki el concepto de la familia era importante, y lo enaltecía reiteradamente como principal pilar de su existencia. Se sintió siempre orgulloso de su clan, y sólo su discreción limitaba las manifestaciones de satisfacción.

En su afición por las formas de vida prehistóricas destacaba el diseño del clan antediluviano, con las figuras de la hembra, verdadera mantenedora de la unión, y la del macho cazador, como suministrador del sustento. Este esquema lo entendía interesante como estudio antropológico para explicarse el alma del cazador moderno, aún comprendiendo lo delicado del asunto para muchas sensibilidades. Pero su anhelo de que fueran entendidos sus afanes era permanente.

Valle-Inclán escribe: “El poeta solamente tiene algo suyo que revelar a los otros cuando la palabra es impotente para la expresión de sus sensaciones: tal aridez es el comienzo del estado de gracia”. Pienso que Ricardo coincidiría con esta reflexión. Sus abundantes escritos transpiran un estilo poético muy personal que hacen pensar que ese sentimiento de impotencia para expresar sus sensaciones no le fue ajeno. Trabajó mucho los escritos, y de su lectura se puede suponer un esfuerzo para mejor expresar sus sensaciones.

La unión de la ilusión, la fantasía, el amor por la soledad, el deseo de aventura, la curiosidad por lo desconocido, el afán de superación, la atracción por la naturaleza y la vida salvaje y libre… con el deporte de la caza, están presentes en los numerosos libros que deja. Y su producción no está aún completa; hasta hace unos días seguía escribiendo en su último libro, que queda pendiente de editar. Estos libros serán disfrute y enseñanza para los que sientan atracción por estas cosas, porque Riki se ha ido dejando una refulgente estela. Sus ideas, su forma de entender y practicar la caza serán buena guía para muchos que, con los vientos que soplan, pueden sentirse en un sinfín de dudas. La larga y fértil trayectoria de Ricardo Medem Sanjuán es un extraordinario referente para todos los que quieren defender y vivir la Caza.

Estoy seguro de que sus muchos amigos o simples admiradores, tras su marcha, darán a conocer otros aspectos dignos de elogio y enaltecimiento relacionados con su genio y con su obra, y nos servirán para conocer más en profundo su atractiva personalidad.

Adiós amigo.

Lucidez y entusiasmo
Paulino Fandos París

En primer lugar quiero agradecer a la dirección de la revista Trofeo la oportunidad de despedirme de Ricardo. Gracias a ella lo conocí como persona y como cazador y aunque nuestro acercamiento al mundo cinegético tenía diferentes puntos de vista, enseguida congeniamos y ahora me puedo despedir como amigo.

Cuando me llamó por primera vez me encontraba trabajando en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, estudiando los cráneos de bóvidos de los sótanos de los museos europeos. Ricardo, desde “la estrella más alta”, me introdujo en el mundo de los grandes mamíferos con otra perspectiva; gracias a él pude conocer las mejores colecciones de trofeos de caza, a sus cazadores y los cazaderos más importantes del mundo.

Escuchando sus relatos de viajes, leyendo sus manuscritos, sus opiniones sobre la caza de hoy en día y sobre su gestión; parecía un maestro. Pero sobre todo fue la lucidez y el entusiasmo que transmitía lo que me animaba a seguir trabajando, compartiendo y complementando nuestras vivencias.

Ricardo fue uno de los impulsores, con el apoyo de SCI, de que el macho montés de Ronda se considerara un trofeo diferente en el mundo cinegético internacional. Actualmente estaba interesado en promocionar el macho de Beceite, pero manteniendo una clara posición entre los que juntan “mergers” y los que separan “spliters”, sin confundir el origen con el propósito. Una cosa es la taxonomía científica, y otra la riqueza que puede proporcionar la caza, utilizando no sólo los caracteres morfológicos como elementos diferenciadores, sino el hábitat donde se desarrolla el animal, e incluso el propio lance cinegético.

Sus opiniones son una luz en este mundo tan interesado donde las contradicciones entre la conservación y la gestión, entre la diversidad y la endogamia nos están llevando a un modelo de gestión sin salida. Gracias Ricardo.

Ricardo Medem, personalidad
en la caza a nivel mundial

Jose García Escorial

No serían las cuatro de la tarde. A esas horas estaba solo en mi oficina, el teléfono empezó a sonar, lo descolgué, era Ricardo Medem, me preguntó que si podía tomarme un café con él en Gregory´s, calle Velázquez, semiesquina a Goya, en Madrid. Diez minutos más tarde estaba sentado con Ricardo. Me informó que, para su sorpresa, le acababan de nominar para el Premio Weatherby. Ricardo era expeditivo, ejecutivo en la terminología actual, sacó un cuaderno de hojas cuadriculadas y escribió los trofeos que le faltaban. Hicimos tres categorías, muy difíciles, difíciles y fáciles.

En menos de dos horas diseñamos el asalto al Weatherby. Aún conservo el documento manuscrito de su puño y letra, que también sirvió para el diseño de Enrique Zamácola. Bien es sabido el éxito conseguido en ambos casos.

Pero Ricardo había empezado la carrera hace muchos años. Compartí, gracias a su generosidad –ya que siempre me invitaba–, su mesa en las cenas del Premio Weatherby. En estas celebraciones y en los pasillos de las convenciones del Safari Club se podra ver la importancia de Riky.

Saludaba y le saludaban todos; no es que fuera sólo amigo de “Mac”, de “Peter”, de “Dan”, de “Ken”, de “Bob”, de “Jim”, de “Abdorezza”, etcétera, sino que además casi todos habían cazado en España con él en su innovadora y querida Cazatur, y tenía con ellos la complicidad que da el compartir la sierra.

Su personalidad abierta, su educación y su buen inglés fueron unas bazas muy importantes para consolidar su incontestable prestigio fuera de nuestras fronteras. Decimos que nadie es Profeta en su tierra; yo creo que Medem ha sido profeta en España, pero mucho más fuera de nuestra patria. Aunque sea sólo por inventarse, con éxito que aún perdura, cazar en España como él hizo le hace entrar con letras de oro en los mitos y leyenda de la cinegética mundial.

Cuando le nombraron juez del Premio Weatherby, después de ganarlo, su opinión era considerada en la más alta estima, y sus propuestas eran aceptadas. Yo, con el natural cariño que le profesé, le llamaba “el conseguidor”.

En 2009 estuvo a punto de venir, por última vez, a América. Adelantamos nuestra ida para que el viaje no fuera tan precipitado, ya teníamos todo, billete y hotel confirmados, pero los médicos no le aconsejaron el viaje. Pasó lo mismo con mi intento de cazar un elefante juntos en Okavango llevando incluso a su cardiólogo. No podré volver a compartir con él mesa y mantel como tantas veces hicimos, pero será también casi imposible que alguien ocupe su puesto de “conseguidor” español en la caza internacional.

Como les decía a todos sus hijos, por escrito, la noche de su entierro: “Ricardo, me has dejado muy solo”.

En recuerdo de Ricardo Medem

Pedro González de Arispe


Una persona muere cuando cae en el olvido y tú estarás siempre entre nosotros. Dejaste escrito que el siglo pasado fue “el siglo de oro de la venatoria” y creo que olvidaste apostillar que fue también el siglo de oro de las “letras venatorias”. Lo hiciste grande con tus artículos, opúsculos y libros.

Muchos sin duda te recordarán por tus logros empresariales y cinegéticos, por premios venatorios, pero, ¿y por las letras?, ¿y por el Jaime de Foxá? El año pasado el Club de Monteros, atento a las cosas importantes, recogió en un opúsculo todos los artículos premiados hasta entonces (1996-2007). Fuiste el primero en conseguir el Foxá, allá por 1996, con tu artículo “Del bongo de Sudán al de Camerún: veinte años después”, y lógicamente ahí estaba recopilado. Recuerda que en casa de Jesús Caballero me lo dedicaste la noche de entrega de los premios Barbón, junto al anfitrión y otros premiados, como Mariano Aguayo y el marqués de Laula o el ilustrador del libro, Barca. Menuda noche aquélla: con vuestras dedicatorias y dibujos convertisteis una joya en un tesoro bibliográfico –y aún me faltan dedicatorias como las de Eduardo Coca o Pérez Henares–. Y encima sin tomarme en cuenta que, con mi navegar por las dichosas carreteras de La Mancha, fuimos los últimos en llegar al acto.

Tu andadura narrativa empezó antes que la cinegética. Muchos no sabrán que ya de pequeño ganaste un premio literario con la novela de la Colección Esmeralda “Desafiando a la muerte”, un título potente para un joven autor.

Como te gustaba estar en todo y siempre de forma correcta. En tus libros de agricultura y de caza ya colocabas tu ex libris, sencillo y discreto de diseño, pero con gran valor y significado para tu biblioteca. Te agradezco que me regalaras un ejemplar.

A esa etapa le seguiría otra en la que conjugabas caza y empresa, publicando dos libros en dos años. Y últimamente, cuando la vida alcanza el remanso del camino, te volviste a rodear de libros, proyectos y ediciones, unas venales y otras no, como tus opúsculos.

Por cierto, tengo que devolver a tus hijos el retrato utilizado para la edición de tus cuatro últimas obritas de “La vida es caza”, donde apareces con tu “gorra de la suerte” y sus medallas, entre ellas la de la Virgen de la Cabeza, a quien tanta devoción tenías y a la que acudimos en más de una ocasión para que nos ayudara con aquellos venados o corzos de Zamora un tanto esquivos.

Hace unos meses, y poco antes de comentarme que de nuevo te enfrentabas a la enfermedad, me dejaste dicho que la portada de la cuarta entrega de “La vida es caza” estuviese en gris oscuro. Me sorprendió tu indicación, a pesar de considerarlo un color elegante. Me pareció algo triste. Elegante sí, pero triste, sin saber entonces que, inconscientemente, me adelantabas malas noticias.

Además, me apremiaste poniendo fecha a su terminación. Al poco de esos comentarios, con la enfermedad de nuevo cruzada en tu camino, me hacías partícipe de la fatalidad por teléfono. No sé si ello por sí sólo, si esa angustia imaginable, justificaba la elección del color, pero estoy seguro de que eso debe ser lo más gris que en tu vida hayas hecho, pues siempre has sido –y lo seguirás siendo– un perfecto caballero.

No quise ir a a tu entierro (26-XI-09). Me quedo con tu recuerdo en vida y, si acaso, con mi adiós del día anterior en el tanatorio “La Paz” de Tres Cantos, donde también lograste que cuantos allí estábamos tuviéramos una sonrisa casi igual a la tuya, que ya es eterna. Digo lo de la sonrisa porque conseguiste que oficiara un sacerdote cazador. Y de los buenos: alegre y encantado de contar –en animada charla y desde el púlpito– sus andanzas y vivencias cinegéticas. Él, al igual que tú en vida, nos arrancaba sonrisas en momentos duros, los de despedir al buen amigo.

Sé que has dejado mucho pensado y escrito, incluso que desde el quirófano diste indicaciones para cuando salieras del hospital. Y también sé que toda tu prole está en ello. ¡Ya me gustaría que mis hijos obedecieran igual de rápido! De noche, al salir de tu velatorio, recibimos un mensaje de la Fundación Natura, diciendo que estabas en “la estrella más alta”, y seguro que así es.

Gracias por todo lo que en vida nos diste y gracias por procurarnos un recuerdo tan vital y emocionado, ahora que estás algo más lejos. Te recordaremos, te leeremos de nuevo y seguro que en tus libros encontraremos el sentido profundo de la vida, del sacrificio y de la fuerza de voluntad, aquellas virtudes tan inagotables que en tus alforjas, a modo de morral, llevabas al campo, las que te hacían sortear todos los obstáculos que la caza y la vida pusieran a tu paso. Y ya sabemos, como bien repetías hasta en tus libros, que “la vida es caza y la caza es vida”.

Permíteme ahora que cuente a nuestros cofrades todo lo que has publicado, que no es poco: “Desafiando a la muerte”. Colección Esmeralda; “Persia. Safari en las cumbres”. Editorial Prensa Española S.A. 1972; “… En la cruz del anteojo”. Edición del autor 1974; I Premio Literario Jaime de Foxá. Club de Monteros 1997; “Persia. Safari en las cumbres II parte”. Edición del autor 1990; “Argali. Safari en las cumbres”. Edición del autor 1994; “Tras la Estrella más alta”. Agualarga 2002; presentación del libro “Tras la Estrella más alta”. Armería Española 2003; “Un espacio infinito y misterioso llamado Asia”. Edición no venal. La Trébere 2005; “Guía del Museo de Animales Salvajes”. Fundación Natura 2007; “La Vida es Caza”. Tomo I. Edición no venal 2005; “La Vida es Caza II”. Edición no venal 2006; “La Vida es Caza III”. Edición no venal 2007;?“La Grandeza de la Caza”. Fundación Natura 2008; “La Vida es Caza IV”. Edición no venal 2009.

METICULOSO Y PERFECCIONISTA

Juan Delibes


Además de su faceta venatoria, por todos conocida, resaltaría la vertiente humana del protagonista. Para mí Ricardo Medem no solamente era él, sino toda la saga Medem, un colectivo alegre y bullicioso de chicos jóvenes a la sombra de sus animosos padres, siempre identificados con el colectivo cazador. Pocos personajes han protagonizado tanto el panorama venatorio español como Ricardo, y estoy seguro de que habrá muchísimos cazadores que podrán contar de primera mano los numerosos proyectos desarrollados a su lado. Como suele ser habitual, me quedo con sus primeros libros: “En la cruz del anteojo”; “Persia, safari en las cumbres”, aun reconociendo el indudable buen trabajo de los restantes. Colaboré mínimamente con Ricardo en la confección de Argali al proponerle algunos científicos destacados que podían asesorarle a la hora de escribir la parte técnica de la obra. Aquel breve proceso sirvió para enseñarme que todo los proyectos que ponía en marcha Ricardo debían estar meticulosamente pensados y terminados. Compartí muchos ratos agradables con él y en mi memoria le recordaré aquella mañana de invierno en la que, empapado hasta los huesos, monteaba con afán una mancha de las Arripas.
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