Opinión (Editorial)
Última actualización 24/03/2010@11:59:20 GMT+1
José I. Ñudi
La muerte de Miguel Delibes a sus 89 años ha enlutado por completo el mundo de la caza. Con su marcha, los cazadores españoles hemos perdido un referente insustituible, un maestro que impartió doctrina con su ejemplo en el campo y en la vida y que convirtió la caza en la mejor literatura.
Creo que ningún cazador aportó tanto a nuestra querida pasión en una doble vertiente.
Por un lado, lo dicho, convirtiendo un día de caza, un lance, un cobro, la mirada de un cazador o el vuelo de una perdiz en auténtica literatura que los cazadores hemos agradecido convirtiéndonos en devotos lectores.
Han sido miles los cazadores que, tras la publicación de Diario de un cazador, esperaban ya, con la misma ansiedad que se espera el primer día de la temporada, la siguiente obra del maestro con olor a pólvora y monte. Y nunca defraudó.
La otra gran aportación de Delibes ha sido, a mi entender, que gracias a su pluma y a su ejemplo, la caza traspasó los muros de nuestro propio santuario y llegó, dulcificada, dignificada y bella, a miles de lectores, muchos incluso contrarios a nuestra cofradía.
Delibes, que nos ha deleitado con la mejor literatura de los últimos tiempos, ha sido también nuestro mejor embajador en todos estos años en los que la caza ha sido, como nunca, cuestionada.
Ahora bien, ha defendido la caza más esencial, la practicada con esfuerzo y estrategia sobre animales salvajes en cazaderos de idéntica naturaleza. Y fiel a sus principios éticos y estéticos, no ha dudado en criticar con vehemencia otras prácticas que, a su parecer, desvirtuaban ese ideal.
Fue un romántico que siempre utilizó el arma de la palabra para denunciar todo aquello que rompía esa equilibrada relación, respetuosa y honesta, que el hombre está obligado a mantener con la naturaleza, sea o no cazador.
La concentración parcelaria, la excesiva mecanización del campo, la contaminación química, la excesiva presión cinegética, la pérdida de valores cinegéticos, la llegada de las especies de granja… en definitiva el progreso mal entendido, fueron sus grandes enemigos. No pudo con ellos, pero sin sus reiteradas denuncias, sus sombras serían sin duda más alargadas.
Pero nos queda su voz, impresa para siempre. Los veteranos tenemos que seguir releyendo a Delibes, pero sobre todo procurar que las nuevas generaciones lo descubran.
En este tiempo de mudanza nos hace falta apuntalar los pilares de la caza, pero hay que saber cuáles son para luego defenderlos con nuestra palabra y nuestro ejemplo, como siempre lo hizo Miguel Delibes.
Don Miguel, desde estas páginas que también ayudó a engrandecer, gracias y hasta siempre, querido Maestro.