Perros de caza
Última actualización 25/03/2010@11:43:45 GMT+1
Muchos cazadores asumen como normal que el perro pierda peso, llegando a estar muy delgado durante la temporada de caza por el ejercicio, y también que engorde, a veces mucho, durante el reposo de la veda.
En la actualidad sabemos que, cuanto más alejados estén los pesos de un extremo al otro de los periodos de actividad e inactividad, peor para el perro. Debemos recordar que si un perro adelgaza es que está recibiendo menos comida, y por lo tanto menos aporte energético del que necesita en función de sus gastos. Por lo tanto, si el perro engorda, es que las calorías que recibe al día son más de las necesarias.
Sabemos que un perro de tamaño medio (20 kg) en reposo, a una buena temperatura (20 ºC), necesita unas 1800 kcal. por día, lo que viene a ser unos 265 gr/día de pienso de buena calidad. Esto se ve alterado por dos factores, el ejercicio y la temperatura, de manera que cuanto más ejercicio haga un perro y más baje la temperatura, más comida necesita.
Así, un perro cazando varias horas en pleno invierno a temperaturas bajas puede aumentar sus necesidades calóricas en más de 5 veces, es decir, que necesitará más de 1325 gr/día del mismo pienso para mantenerse.
Cuando termina la temporada de caza tenemos que reducir la cantidad de pienso que ingiere el animal para de nuevo conseguir el equilibrio entre gastos e ingresos.
Para perros que viven en perreras al aire libre, esta reducción la haremos en dos tramos. Cuando se cierre la veda, y dado que va a disminuir el ejercicio, disminuiremos la cantidad de pienso en proporción. Pero debido a que todavía hace frío, mantendremos una ración superior a la que ingiera durante el verano, pero inferior a la que ingiere durante la caza. Posteriormente, cuando llegue el calor, bajaremos hasta la cantidad mínima de mantenimiento.
Siempre hay que recordar que el perro, y más concretamente su peso, es el que nos indica si la ración que damos en cada momento es la correcta. Si aumenta de peso, hay que reducir la comida; si disminuye, hay que aumentarla.
Desentrenamiento. Un atleta de alto rendimiento no puede mantener unas condiciones de máximo esfuerzo durante periodos de tiempo largos, necesita periodos de reposo para que el organismo se recupere, de lo contrario puede entrar en fase de agotamiento. En los perros de caza ocurre algo similar. Este hecho fisiológico de necesitar periodos de reposo entre los periodos de máxima actividad, se combina muy bien con las temporadas de veda. El periodo de veda se puede utilizar como fase de recuperación para evitar que el animal caiga en la extenuación.
Hay que saber, además, que un buen entrenamiento se pierde en 4-8 semanas, y no es bueno para el animal que los picos entre el máximo entrenamiento y el reposo estén muy alejados. En otras palabras, es negativo que durante la veda el perro no haga ningún ejercicio y durante la temporada someterle a un máximo rendimiento, algo similar con lo que ocurre con el peso.
Por ello es prudente tener un plan de ejercicios o “desentrenamiento” durante la temporada de veda. El tema es mucho más sencillo de lo que parece a primera vista. Basta con sacar al perro un par de veces por semana para que corra y haga ejercicio durante 30-60 minutos. Esto le va a permitir tener una “base” de ejercicio, fondo y tono muscular, y será mucho más fácil ponerle en plena forma cuando comience la temporada.
Vacunaciones. La mayoría de las vacunas que se utilizan en la actualidad son atenuadas, es decir, son agentes infecciosos –mayoritariamente virus– que se han modificado para que no produzcan la enfermedad, pero que provoquen una respuesta inmunológica por parte del perro.
Por eso debemos recordar que al poner una vacuna inoculamos una infección que puede dar una reacción en el animal en horas o días siguientes a su aplicación. Por ello, los animales a los que se les vacuna no deben estar sujetos a estrés los días siguientes. El periodo de veda se convierte en el momento ideal para vacunar a nuestros perros y evitarnos este trámite en plena temporada.
Aunque la rabia es una enfermedad que no existe en España, su importancia como zoonosis –enfermedad que los animales transmiten a las personas– hace que la vacunación antirrábica sea obligatoria en la mayoría de las comunidades autónomas como medio de mantener la población canina protegida frente a una eventual aparición de la enfermedad y evitar así su contagio a los humanos.
El tema tiene importancia desde el punto de vista de la salud humana, pero desde el punto de vista técnico de un veterinario responsable de la salud del propio perro, lo que nos preocupa es que esté correctamente vacunado del moquillo, hepatitis y leptospirosis como mínimo, es decir, de la vacuna trivalente canina. Estas tres enfermedades son muy graves y tienen difícil remedio una vez contraídas, por lo que la prevención se vuelve imprescindible. Hay que recordar que durante la temporada de caza los perros salen del aislamiento de las perreras o de las casas para entrar en contacto con otros perros que pueden ser portadores de estas enfermedades. Además, los esfuerzos y el desgaste durante las jornadas de caza, así como el frío y la humedad, hace que los perros estén más predispuestos a contraer estas y otras enfermedades. Vacunarles durante la veda asegura que el perro estará perfectamente protegido durante la temporada de caza.
La perrera. Durante la veda es cuando el perro va a permanecer más tiempo en la perrera. He tratado en varias ocasiones el tema de las perreras y la importancia de que sea un sitio bien diseñado desde el punto de vista de la biología y etología del perro, higiénico y saludable, abrigado contra el frío, fresco y con sombra para el verano, y cómodo y fácil de atender para el propietario.
Ahora llega el periodo más cálido del año, cuando se activan los parásitos externos que llegan a ser un verdadero problema para los propietarios de los perros, especialmente los que tienen perreras con varios animales. Las pulgas, y algunos tipos de garrapatas, se han adaptado a vivir y cerrar su ciclo biológico en las perreras y su entorno, por lo que habrá que mantenerlas a raya.
El diseño de las perreras es crucial. Instalaciones con superficies lisas, pocos huecos, fáciles de limpiar y soleadas, suelen ser un entorno difícil para estos parásitos. Las casetas de chapa con aislante son las mejores, ya que los perros están cómodos y calientes, no las rompen, son fáciles de limpiar y malas para los parásitos. Además, las casetas deben estar en alto o moverse fácilmente para evitar que se acumule suciedad debajo, el sitio ideal para que se reproduzcan los parásitos.