Grandes firmas
Mariano Aguayo
Última actualización 27/04/2010@11:31:36 GMT+1
A punto estaba de salir a pasear al sol de la mañana, como los caracoles tras tantos días de agua, cuando he conocido que allá por la Castilla del castellano perfecto ha muerto Miguel Delibes. Y me he venido al estudio a hacer mi artículo de abril desde esta sentida ausencia.
No voy a caer en la ingenuidad de dar datos biográficos del escritor ni, mucho menos, voy a hacer una semblanza literaria.
Libros Recomendados : LAS PERDICES DEL OLIVAR ¡ Visita nuestra Tienda !
Lo por mí bebido en la obra de Delibes queda en mi corazón y, desde luego, en mi propio estilo de escribir y de entender la caza. Sólo quiero ahora estar afectuosamente cerca de sus hijos. De Juan, al que me une una gran amistad desde hace más de veinticinco años; de Miguel, también amigo; de Elisa, último apoyo del patriarca; de todos. Y de esa legión de amantes de las buenas letras que han tenido en sus manos las bellas historias que salían de este recio vallisoletano bueno, leal y sencillo.
Él, que estuvo engastado firmemente en la familia, siempre tuvo el abrigo de sus hijos. Tanto más cuando su decadencia física lo fue alejando de la caza, la gran afición de su vida. Me contaba Juan Delibes cómo, cuando ya podía andar muy poco, le daban con los perros a las hojas de rastrojo yendo y viniendo. Y su padre, cuando se alejaban, tomaba otra postura despacito, al hilo de la linde, esperándolos hasta poder tirar alguna codorniz. Cazaban para él.
Los artistas, tanto pintores como escultores o escritores, tienden a autorretratarse. Y yo quiero creer que Miguel Delibes se sentiría más cerca de Lorenzo, con escopeta y perro, que de ningún otro personaje suyo. Excepción hecha, naturalmente, de aquel pintor de “Señora de rojo…” en que, muchos años después de perderlo, narró el amor al que fue fiel toda su vida.
Siento que no vuelva a escribir. Siento su desaparición física. Pero no siento haberlo perdido porque está ahí, al alcance de la mano, con todas sus obras reunidas en un anaquel de mi estudio. Y en cualquier momento puedo echar un rato con él tras las perdices del domingo.