La evolución del perro de caza en España visto por un veterinario
Última actualización 18/06/2010@07:25:47 GMT+1
Mis andanzas cinegéticas comienzan hace 40 años en un pequeño pueblo del interior de Castilla. Ya por entonces me apasionaban los perros, más concretamente los perros de caza, hasta tal punto que convertí esta afición en mi profesión. Cazar con mis perros, criarlos, educarlos y ejercer como veterinario han sido una parte muy importante de mi vida en los cuatro últimos lustros. Ello me ha dado una visión general, desde diferentes perspectivas, de la evolución de las razas de caza y de su mundo durante este tiempo.
Juan José García Estévez Veterinario.Vocal del Teckel Club de España
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Cuando tenía doce años, y comencé a cazar, la caza menor era escasa, como lo sigue siendo en la actualidad en esa zona castellana. La mayor, muy escasa por entonces, ha aumentado espectacularmente. Los perros entonces eran todos mestizos, vivían en libertad por las calles y pasaban gran parte del tiempo en el monte. Aunque los cazadores se preocupaban –relativamente– de los cruces para conseguir mejores perros de caza, estos tenían que estar dotados de cierta fortaleza para sobrevivir en este ambiente de pocos cuidados, y bastante inteligencia para salir adelante, ya que en muchas ocasiones se tenían que buscar la comida por su cuenta. Los perros débiles o tontos no medraban en esta sociedad. Los que había no eran ni bonitos, ni iguales, ni espectaculares cazando –no se seleccionaban por estos motivos–, pero todos hacían un buen trabajo en el campo y eran duros.
Todavía recuerdo los primeros perros de pura raza que llegaron al pueblo. Fue un pequeño acontecimiento, tanto por el hecho de ver un perro seleccionado y puro, como por la anécdota de que alguien ¡había pagado por un perro! Hasta entonces, los cachorros se regalaban entre cazadores, no había más.
Aquellos primeros perros de raza causaron sensación. Por supuesto, el médico o el secretario del pueblo –las personas “importantes”– eran los que cazaban con ellos, y yo –apenas un chaval– me escapaba a verlos cazar escondido en el monte para no molestar. Nos parecía casi increíble la electricidad y potencia en la caza, y las muestras espectaculares, que unido a sus líneas atléticas y pelo fino y suave, se convirtieron el objeto de deseo de todos los cazadores de la zona.
El declive de nuestra razas. Esto fue lo que inició el declive de nuestras razas autóctonas por los deseados perros extranjeros, entre los que destacaron las razas británicas –pointer y setter– y continentales –epagneul y bracos– principalmente. También los terrier, como perros para la caza menor de pelo, tuvieron mucha importancia. Un poco más tarde, los teckel han venido a sustituir en gran medida a éstos. Pero no hay duda que supuso una revolución, ya que el objetivo de todo cazador era tener perros de este tipo, o al menos cruzar alguna perra de la tierra con uno de estos portentos. Poco a poco, nuestros perros locales fueron desapareciendo en favor de las razas foráneas.
Lo expuesto me permite hacer una introducción de las diferentes etapas que han sufrido los perros de caza en España en los últimos años, y en la que estamos plenamente inmersos.
Como hemos visto, hubo una primera etapa en la que todos los cazadores querían perros extranjeros en la creencia que, por su espectacularidad cazando, eran mucho mejores. Esta primera etapa coincide con el declive de los perros locales y un incremento, podíamos decir que meteórico, de las razas extranjeras.
Esto nos lleva a una segunda etapa, en la que se empiezan a comprar perros de pedigrí para así tener más “calidad genética”. No se cae en la cuenta de que muchos de estos perros vienen del mundo de las exposiciones caninas, y se han seleccionado –total o parcialmente– para la pasarela, no para el trabajo. Esto empezó a crear los primeros rechazos por los perros con documentos genealógicos, y he oído a numerosos cazadores rechazar perros “con papeles” porque era sinónimo de muy bonitos, pero poco cazadores.
Pedigrís “de trabajo”. Poco a poco hemos ido aprendiendo que los pedigrís tienen un gran valor, pero siempre que sean de trabajo, una tercera etapa. El pedigrí no es más que un documento que justifica que los antecesores de un perro concreto, en al menos cuatro generaciones, son perros de pura raza controlados, y han sido seleccionados conforme a unos determinados criterios, por lo que son muy útiles cuando se trata de buscar perros con cualidades cinegéticas. En estos documentos también se detallan las pruebas de trabajo que sus antecesores han superado, garantizando un instinto cazador.
En la actualidad nos vemos inmersos en una transición entre etapas. Aceptamos que los pedigrís de trabajo son una buena forma de buscar el perro que necesitamos, pero hay una creciente duda sobre si las pruebas de trabajo a las que se someten son las correctas. Esto es especialmente cierto en los perros de muestra, ya que las pruebas de trabajo que realizan la mayoría de las razas –especialmente las británicas– y bajo las que se seleccionan estos perros, no son las más idóneas para nuestro país y la caza que se practica.
Las pruebas de trabajo están produciendo perros explosivos, temperamentales y muy difíciles de controlar, por lo que mucha gente está echando la mirada atrás recordando nuestras antiguas razas, poco bonitas, pero muy eficientes y cómodas para la caza. Estamos ante un resurgir de nuestros podencos y pachones, y de una cierta valoración de lo nuestro.
Resulta interesante ver lo que nos deparará el futuro.
Las enfermedades en los últimos años. Los problemas que teníamos los propietarios y criadores de perros hace años, también eran diferentes a los actuales. Con la poca cultura sanitaria y de prevención que existía cuando comencé a criar perros, los parásitos intestinales en los cachorros eran algo frecuente y grave, ya que suponían la puerta de entrada de muchas enfermedades por la debilidad que provocaban en los cachorritos. Se empezaba, por aquel entonces, a desparasitar y vacunar las primeras camadas, pero todavía había muchos cachorros que tenían que salir adelante sin estas prevenciones básicas.
Hubo que esperar años hasta poder ver que los protocolos de desparasitación se hacían regularmente en las camadas. Lo mismo ocurría con las vacunas, lo que suponía que el moquillo, por ejemplo, estaba al orden del día, y era raro que no viésemos en la consulta algún cachorro cada semana con esta grave enfermedad. Tras años de educación y concienciación, y también porque de los errores se aprende, en la actualidad se vacunan la mayoría de los perros y es poco frecuente ver estas enfermedades. Los veterinarios jóvenes que trabajan conmigo en la actualidad sólo saben del moquillo por lo que han estudiado, ya que nunca han visto un cachorro con esta patología.
También recuerdo que mis inicios en el ejercicio de la medicina veterinaria coincidió con la aparición de la parvovirosis. El virus de esta enfermedad, en su origen, afectaba exclusivamente a los gatos, pero una mutación provocó que la enfermedad la sufrieran también los perros.
Las enfermedades nuevas suelen ser muy virulentas, y se ensañó con los cachorros y perros jóvenes, totalmente desprovistos de protección inmunológica. Cómo no disponíamos de vacunas por ser una enfermedad nueva, miles y miles de cachorros morían todos los años ante la impotencia de los veterinarios, que tan solo podíamos hacer un tratamiento sintomático. Recuerdo como muchos criadores tuvieron que dejar la actividad porque no podían sacar las camadas adelante. La aparición de las vacunas, los programas de vacunación de los cachorros, la mayor resistencia de los perros en general a esta enfermedad y la desaparición de las cepas más virulentas del virus, han hecho que en la actualidad sea una enfermedad con escasa incidencia.
Por desgracia no ocurre lo mismo con otra enfermedad típica de la cuenca mediterránea y que se ceba con los perros de caza, la leishmania. Ya nos daba problemas cuando yo empecé, y sigue dándolos ahora. Aunque han sacado algunas medicaciones nuevas, sigue siendo una enfermedad complicada y de difícil control y tratamiento. Se están probando algunas vacunas, y esperemos que en un futuro próximo tengamos una solución definitiva a través de la prevención, ya que se está trabajando intensamente en este campo.
Evolución de la medicina veterinaria. Tampoco era frecuente, hace años, llevar los perros al veterinario, al menos en las zonas rurales. Recuerdo una pequeña perra llamada “Canela” que, aunque no era nuestra, en mi infancia siempre nos acompañaba. Cariñosa y noble, por su edad avanzada le salieron varios tumores mamarios. En un acto de caridad, mi padre la llevó la veterinario que solía venir al pueblo a ver vacas y caballos, y con bastante sorpresa por su parte al vernos llegar con la perrita, nos aconsejó que la lavásemos la zona con agua y sal, dejándonos ver que no se dedicaba a esos animales. No tenía ni sabía otro remedio.
Desde el punto de vista veterinario, poca atención se les dedicaba entonces a los perros, excepto las obligatorias vacunas de rabia y las primeras desparasitaciones para intentar controlar el quiste hidatídico. Pero la verdad es que poco se conocían sus patologías y problemas, salvo las enfermedades principales como el moquillo.
Mucho ha cambiado el tema en los últimos años, y ahora se sabe y se estudian con profusión las enfermedades caninas. Cuando comencé a ejercer como veterinario a principio de los 80, una buena clínica era la que contaba con un equipo de rayos X, y existían pocas. En la actualidad son numerosas y muchas de ellas cuentan con magníficas instalaciones con ecógrafos, endoscopia, electrocardiógrafos, análisis, etc... Incluso se empieza a utilizar la resonancia magnética o tomografía axial computerizada (TAC) en los centros de diagnóstico por imagen.
También hay que destacar la cualificación de los veterinarios actuales dedicados a pequeños animales, sin lugar a dudas los que más han avanzado en nuestra profesión. Se ha llegado a tal nivel que se ha comenzado a tener especialidades, por ejemplo hay veterinarios especialistas en oftalmología, traumatología, reproducción canina o etología –problemas de conducta–, por poner algunos ejemplos.
El avance de la farmacología. En la misma medida han mejorado la farmacología y la utilización de medicaciones en veterinaria. Por comenzar por alguna, me gustaría destacar la gran evolución que han sufrido las vacunas.
De nuevo, echando la mirada atrás, la vacunación de la rabia ha sido obligatoria en nuestro país desde hace muchos años. Las primeras vacunas que utilicé eran de médula de conejo desecada, y nada menos que de 5 cc teníamos que inyectar a los pobres perros. Más de un dueño, al verme llegar con aquella enorme jeringuilla llena de un líquido opaco de color gris-rosáceo, me decía: “¿No irá usted a poner eso a mi perro?”. Además de ser dolorosas, las reacciones y problemas secundarios que originaban aquellas primeras vacunas eran frecuentes, entre ellos, que los perros perdían el olfato, algo nefasto para un perro de caza.
En la actualidad se utilizan vacunas de mucha calidad y muy mejoradas desde el punto de vista técnico. La respuesta inmunitaria es muy buena, y las reacciones y problemas secundarios mucho menores. Con esta tecnología se fabrican tanto las vacunas de rabia como las muy importantes para la salud de la población canina del moquillo, parvovirus, hepatitis, leptospirosis, etc… En gran medida, es parte del éxito de por qué muchas de estas enfermedades son cada vez menos frecuentes. Y además, ya ningún perro pierde el olfato.
Un poco más técnico, y menos conocido por los propietarios de los perros, son los avances en los productos que utilizamos en las anestesias. También aquí hemos dado pasos importantes que nos permiten hacer operaciones más complicadas y más largas con un menor riesgo y mejor recuperación para el paciente.
Otro avance que me gustaría destacar son los condro-protectores, un grupo de fármacos muy interesantes para los perros de caza. Inicialmente desarrollados para combatir el desgaste articular que sufrían los deportistas de élite, se han mostrado muy útiles para cualquier tipo de desgaste o daño articular, y por lo tanto una muy buena herramienta para los perros de trabajo. Normalmente no son espectaculares en sus resultados, pero muy útiles a largo plazo.