Mariano Aguayo
Última actualización 28/06/2010@14:57:00 GMT+1
En más de una ocasión he escrito que eso de poner al collar de los perros una presilla para en ella fijar la cencerra es una costumbre más bien manchega. Que por aquí, por Córdoba, siempre se usaron collar y collarín a más de, frecuentemente, una cadena para anclaje en las perreras. Pero, mire usted por dónde, Gonzalo Morenés me envía una foto de un collar de la rehala de su abuelo, el marqués de La Guardia, en el que se aprecia una presilla. Por lo demás, el collar tiene la corona de marqués y las iniciales del dueño vaciadas en bronce y pulidas por el uso. Una exquisitez. Y la rehala de La Guardia estaba en San Bernardo, esencia misma de Hornachuelos.
Y, sin embargo, yo sigo creyendo que el caso de La Guardia fue un capricho, una excepción, ya que, por esta zona, siempre hemos visto collar, collarín y cadena.
Por testimonios recibidos de los viejos monteros dueños de perros como Curro Spínola las rehalas, hasta entrado el siglo XX, se manejaban con los collares fijados dos a dos con una unión de hierro articulada, formando lo que, naturalmente, se llamó la collera. Así, los perreros tenían que cargar con todos los collares al soltar y sustituirlos por el collarín con cencerra, motivo por el que habitualmente llevaban ayudante. Luego vendría el invento de los dos mosquetones con quitavueltas que permitían la suelta sin quitar los collares.
Hoy, como ya no se mueven los perros tras el perrero sino siempre en furgonetas, las rehalas van adoptando el sistema de la presilla. Incluso rehalas muy cuidadas comos las de Juan Fernández de Mesa y Mari Prieto.
Como la iconografía es tan ilustrativa, he consultado muchas fotos viejas en las que, frecuentemente, se ve a las rehalas en reposo con los collares principales y sin collarines. Pero eso queda explicado porque, como es lógico, los perreros sólo les ponían las cencerrillas a los perros para el monte, al soltar.
Total, que la evolución es ésta: colleras (collares unidos) y collarín, colleras separables y collarín y, finalmente, collares con presilla. Los colores como divisas en el collar vinieron en tiempos relativamente modernos, siendo uno de los primeros en pintarlos Rafael Guerra, que los tuvo rojos con una chapa rotulada “GUERRITA”.
Son cosas éstas que no tienen mayor importancia pero que si no las escribimos acaban perdiéndose en la niebla de los tiempos. Y hay muchos jóvenes monteros amantes de las tradiciones a los que les gusta conocer la pequeña historia de la montería. Gracias a Dios.