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Última actualización 27/07/2010@08:58:25 GMT+1
Todos sabemos que el agua es muy importante para la caza en la época estival y la mayoría de los cotos se preocupan de limpiar o restauran antiguas fuentes, construir charcas o simplemente instalar bebederos artificiales. Pero, ¿quiénes se beneifician de ellos y cuáles prefieren conejos y perdices? En este estudio se revelan algunas de estas cuestiones.

José Ignacio Ñudi
Pese a que este año ha sido uno de los más lluviosos de los últimos tiempos en España, es muy posible que al acercarse el verano nos volvamos a preguntar, ¿hay que poner bebederos artificiales para la caza menor? Por lo general, la mayoría de los cotos destinan importantes partidas de dinero y tiempo a construir e instalar bebederos artificiales (BA en adelante), si bien muchos aspectos de su uso y aprovechamiento por parte de los animales siguen siendo desconocidos.

En los últimos años se han alzado voces en el campo con opiniones dispares sobre el asunto; unas afirman que no son aprovechados por la caza, que pueden resultar peligrosos por la mala calidad del agua y la concentración de predadores en los mismos, y además, pueden inducir en los animales un acostumbramiento “a la sopa boba del bebedero”.

Otras voces, por el contrario, defienden que gracias a los BA se mantiene mucha caza durante el verano, si se saben colocar bien no hay peligro por predación y benefician a mucha fauna no cinegética, con el consecuente valor añadido para la conservación de la biodiversidad.

Un estudio realizado por el Grupo de Producción y Gestión Cinegética de la Universidad de León, recientemente publicado en la revista científica European Journal of Wildlife Research*, pone nombres y apellidos a la fauna que utiliza los bebederos y revela datos interesantes que abren el camino para un aprovechamiento racional de los mismos.

Características del lugar de estudio. El estudio se desarrolló en la “Finca Coto Bajo de Matallana”, propiedad de la Excma. Diputación de Valladolid, situado en el término de Villalba de los Alcores. La finca comprende 308 has. de superficie y puede considerarse como llana, ya que sólo el 20 por ciento de su territorio tiene una pendiente comprendida entre el 8-30 por ciento, oscilando desde los 771 metros sobre el nivel del mar, en su punto más bajo, hasta los 820 metros en la máxima altitud. La toma de datos se realizó en cuatro veranos consecutivos (junio-septiembre).

Se trata de un clima de tipo mediterráneo continental muy seco, con una pluviosidad media anual de 455 mm. y un ciclo anual de lluvias muy irregular, con años húmedos y otros, más frecuentes y encadenados, de fuerte sequía estival. La finca cuenta con varios arroyos que se secan generalmente desde finales de mayo hasta principios de octubre.

El paisaje es de tipo pseudo estepario, típico de entornos agrícolas de la Meseta española. Existen dos zonas paisajísticas claramente diferenciadas: una superficie reforestada –200 has, 68 por ciento de la superficie total– y otra de cultivo de cereal de secano y alfalfa –104.51 has, 34.84 por ciento–. Además, la finca cuenta con superficies variables de barbecho –50 has, 17 por ciento–, rastrojos –25 has, 9 por ciento–, pastos y eriales –10 has, 4 por ciento–. En principio, el hábitat ofrece las condiciones adecuadas para la reproducción de las especies de caza menor.

Estimación de fauna cinegética y no cinegética. La finca cuenta con poblaciones estables de perdiz roja y conejo, mientras que la liebre se dio casi por extinta tras la aparición de la Tularemia (1997), observándose de forma esporádica en los últimos tiempos. Como predadores más notables quisiéramos destacar el lobo ibérico, el zorro y varias rapaces, como el azor, el gavilán y águila culebrera. Otras especies de interés son la urraca, el cuervo y la corneja negra. En la finca pueden hallarse de forma permanente palomas domésticas y durante las épocas migratorias, ánades reales, codornices, palomas torcaces y tórtolas. Teniendo en cuenta los transectos y censos realizados durante el estudio (Tabla 1, en la página siguiente), la finca albergó buenas densidades de caza menor en comparación con otros lugares de similares características, sin lugar a duda por la gestión cinegética desarrollada de forma continuada desde 1995.

Bebedero utilizado y protocolo de manejo. En este estudio se utilizaron cinco parejas de bebederos artificiales en distintos entornos de la finca. Se colocó un dispositivo por cada 50 ha, con objeto de que la mayor parte del territorio dispusiera de agua durante el período estudiado. Todos los bebederos fueron localizados a una distancia mínima de 300 metros de los cursos de agua existentes, si bien estas fuentes de agua se secaron durante el verano.

Cada dispositivo disponía de un depósito central de 400 L., dos bebederos propiamente dichos que distaban 50 metros entre sí –modelo comercial hecho de hormigón–, depósitos de medición de 25 L. y tuberías plásticas que permitían el control, distribución y abastecimiento permanente de agua. Además, durante la segunda mitad del estudio se utilizaron mallas de tetracero con aberturas de 10 x 15 cm para proteger las instalaciones e impedir el paso de grandes animales, una típica protección frente a zorros, perros, ganado y especies de caza mayor. Esta protección cubrió aproximadamente la mitad de la arena de playa usada para recoger los rastros.

Con objeto de registrar los rastros de los animales que pudieran hacer uso de los BA (plumas, heces, huellas) se utilizó arena de playa blanca para registrar los rastros, apuntando también los animales avistados antes de la visita. El objeto de esta toma de datos fue determinar la presencia de animales, no el número.

Teniendo en cuenta la influencia que la cobertura vegetal circundante puede ejercer en la utilización de los bebederos, de cada pareja de bebederos uno se instaló en un entorno protegido, rodeado de arbustos de bajo porte –escobas y pinos de pequeño tamaño– en un radio de 3-5 metros, y otro en un lugar despejado, desprovisto de dicha cobertura vegetal. Dos veces por verano se procedió a tratar el agua de bebida, utilizando hipoclorito sódico (lejía).

En cada visita semanal se cuantificó el consumo de agua y se registraron los rastros hallados en la arena de playa, rellenando los depósitos de medición, limpiando la arena y realizando una comprobación de la integridad de todo el dispositivo. Se efectuaron un total de 480 visitas a lo largo del estudio.

Preguntas y respuestas. Para facilitar la comprensión de los resultados, ofrecemos a continuación una serie de preguntas y respuestas sobre los datos más relevantes:
¿Qué animales los utilizaron? Los rastros encontrados se clasificaron en cuatro grupos: perdiz roja, lagomorfos (conejos y liebres), otras aves y cánidos silvestres. Los BA fueron utilizados tanto por especies cinegéticas como no cinegéticas, si bien un 62 por ciento y 59 por ciento de las visitas, respectivamente, revelaron la presencia de lagomorfos (conejos y liebres) y perdices respectivamente. Por otra parte, en un 22.5 por ciento de las visitas pudimos ver rastros de otras aves y en un tanto por ciento más reducido (9 por ciento), evidencia de huellas y heces de cánidos silvestres (zorro, lobo y perro asilvestrado).

En el grupo de otras aves incluimos paloma bravía, lavandera blanca, alondra, alcaudón real, urraca, abubilla, verderón común y mirlo. Sólo se encontraron unas egagrópilas de lechuza común y la especie se incluyó en “otras aves” en vez de asignarle un grupo propio.
¿Qué tipo de rastros fueron encontrados con mayor frecuencia? Encontramos tres tipos de rastros fundamentales: huellas, heces y plumas. En todas las visitas (n = 480) encontramos algún tipo de rastro, si bien las perdices y los lagomorfos fueron más fáciles de identificar con la arena de playa que el grupo de aves en general, ya que las heces y huellas de conejos y plumas de perdices son prácticamente inconfundibles. ¿Fueron utilizados de forma periódica por la fauna cinegética? Según nuestros datos, pudimos observar rastros de especies cinegéticas de forma constante durante todo el período de estudio. Por lo general, los animales tardaban unos días en identificar los bebederos y, al final del verano, se observó cómo los rastros encontrados iban disminuyendo, si bien nuestra metodología sólo registraba la presencia y no el posible número de animales que habían utilizado el bebedero.
¿El consumo de agua varió en función del rigor climático del verano? Sí, registramos un mayor consumo de agua durante los momentos más duros del verano, por lo general de mediados de julio a mediados de agosto (Gráfico 1). Es más, al comparar el consumo global entre los años estudiados pudimos comprobar cómo durante el año 2005, el año más seco desde 1947, el consumo superó los 3 litros al día por bebedero. Pensamos que esta tendencia está muy relacionada con la cantidad de agua disponible en el ambiente, ya que por lo general los animales no necesitan beber agua directamente cuando la tienen en los alimentos y el agua condensada en el rocío. Por lo tanto, cuanto más calor hace y menor es la humedad del ambiente mayor será la necesidad de ingerir agua.
¿Cómo influyó la cobertura vegetal circundante? Los bebederos fueron aceptados por la caza y la fauna silvestre, con independencia de que estuvieran rodeados por cobertura vegetal. Sin embargo, al realizar los análisis estadísticos pertinentes, comprobamos que las perdices prefirieron los descubiertos y los lagomorfos los cubiertos. En ambos casos, pensamos que las estrategias de los comportamientos de huída de los animales explicarían este hecho. Las perdices, de actividad diurna, serían capaces de identificar con prontitud a sus predadores, tanto terrestres como aéreos, y apeonar o bien emprender el vuelo en caso necesario, mientras que los lagomorfos, que desarrollan su actividad principalmente durante el crepúsculo y la noche, encontrarían en la cobertura vegetal un “seguro de vida” para zafarse de posibles amenazas.
¿Qué efecto tuvo la colocación del mallazo de tetracero? No observamos ningún efecto significativo en la presencia de perdices y lagomorfos tras colocar la malla de tetracero, mientras que los rastros de cánidos silvestres se redujeron notablemente. Es más, pudimos observar directamente perdices y conejos bebiendo para más tarde, gracias al fototrampeo, confirmar estos resultados.
¿Se observó algún rastro de predación? No, ningún rastro de predación fue hallado en los bebederos –cadáveres, desplumaderos, huesos, etc.– y tampoco en la zona circundante, aunque sí registramos huellas y heces de cánidos a lo largo de todo el estudio. El único incidente registrado fue el destrozo en un bebedero completo durante la primera parte del protocolo –sin malla de tetracero–, atribuido a estos predadores, por el que todo el bebedero tuvo que ser reparado.

A día de hoy, desconocemos el origen de las visitas de los predadores. Es posible que acudieran atraídos por los rastros de perdices y conejos, pero no podemos descartar que realmente, al menos durante el período sin mallazo, fuera la ingestión de agua el motivo principal, más si cabe cuando durante el verano grandes superficies de terreno se quedaron sin puntos de agua. Una vez que pusimos los mallazos, los bebederos dejaron de ser del interés de estos predadores y no es posible saber si porque no podían beber o porque les resultaba más difícil capturar alguna presa.
¿Cuánto costó nuestro bebedero? Cada dispositivo, formado por depósito central y dos bebederos propiamente dichos, costó aproximadamente unos 450 €, desglosándose en la Tabla 2 el coste de los distintos constituyentes. Los bebederos siguen siendo utilizados hoy, luego la inversión realizada va camino de los 8 años.

Conclusiones. El modelo de bebedero propuesto en este estudio fue visitado por la perdiz roja, lagomorfos y otras especies de aves no cinegéticas durante el verano, especialmente durante los períodos más duros de sequía. El número de visitas por parte de las especies cinegéticas fue mayor que el de las no cinegéticas.

Los gestores deben considerar la importancia de colocar los bebederos en el sitio adecuado y no guiarse por la cercanía de un camino o la mera presencia de especies cinegéticas, ya que la cobertura vegetal circundante parece ejercer un efecto fundamental en la utilización por parte de los animales.

Nuestros resultados revelan que las perdices prefieren bebederos en lugares despejados, sin cobertura vegetal, mientras que los conejos optan por lo contrario, lo cual podría responder a estrategias antipredatorias, necesarias en animales sometidos a una alta presión de predación.

El uso de mallas para proteger los bebederos frente a posibles predadores y otra fauna no deseable como el ganado doméstico, no tiene ningún efecto negativo en la presencia de las especies de caza, reduciéndose la presencia de predadores.

Tabla 1. Especies cinegéticas y principales predadores durante el estudio, incluyendo los no cinegéticos, cuya densidad fue determinada por censo utilizando el método de Kelker (que estima el número de animales en una longitud de transecto concreto).

n Densidad (individuos por hectárea) 2002 2003 2004 2005
Perdiz roja 0,4 0,6 0,85 0,93
Conejo de monte 1,19 1,47 1,57 2,19
Liebre ibérica 0,03 0,02 0,03 0,024

n Control de predadores: Nº individuos capturados/individuos por 100 ha
Zorros 3/1.62 3/1.92 2/2.72 1/1.29
Córvidos 21/8.44 16/7.46 14/10.06 23/9.41
Perros asilvestrados 2/0.32 1/0.97 5/1.29 0/0

n Abundancia de predadores no cinegéticos (conteos por 7.13 km)*
Lobo ibérico 0,7 0,03 0,03 0,7
Cernícalo común 2,1 1,41 2,1 0,14
Azor 2,1 2,45 1,05 1,75
Lechuza común 1,75 4,2 3,85 2,45
Gavilán 0,7 0,03 0,03 0

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