Mariano Aguayo
Última actualización 27/08/2010@09:34:55 GMT+1
Echar la veda, tranquilizarse los perros y ponerse a bregar sus dueños es todo uno. Qué gente. Y si uno de los dueños se llama José Luis Domínguez, para qué las prisas. Vital, generoso, exultante, todo corazón, defiende el mundo del perro arremetiendo si a mano viene contra molinos de viento con la ilusión del chaval que acaba de echar rehala.
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Pues José Luis lidera la Asociación Española de Rehalas y en Trujillo, ese pueblo del que salió gente descomunal y heroica a la conquista del Nuevo Mundo, dio cuentas a la Asamblea Anual de sus también titánicas bregas con las vacunas, la higiene canina, los civiles, las Juntas, la Orden del “Alumbrao” y la Ley de Rehalas… casi nada.
La Asociación Española de Rehalas funciona, vaya si funciona. Y, ya puestos, ahora que estamos en paro –lagarto, lagarto– se dedica a mirarse el ombligo. ¿Por qué no, si estamos satisfechos de la labor realizada? Y llega la hora de los reconocimientos. De mirar alrededor y encontrar quién destaca para bien de las rehalas y señalarlo. Y se ha nombrado Rehalero Mayor al marqués de Valdueza. Hombre, pues claro, faltaría más. Si los perros castellanos, desde hace ya muchas generaciones, son valduezas. Miren, miren si no, cuando alguien presuma de rehala manchega qué encaste es el predominante. Alonso Álvarez de Toledo es ya historia viva en el mundo del perro.
Pero los perros hay que mandarlos y ahí está el nombramiento de Podenquero de Honor a Ignacio Fernandez “El Pija”, un perrero con mucho monte tronchado; hay que cuidarlos y se ha premiado con insignia de oro la ya larga trayectoria de mi paisano y querido amigo Pepe Millán, veterinario especializado en la rehala; es necesario cuidar los encastes y se ha reconocido la labor de Germán Álvarez con los naveños; y, porque hay que renovarse, se ha nombrado Socio de Honor a Juan Pedro Casilla, que acaba de engrosar las filas de la Asociación con el número 1.000.
Y como colofón otra insignia de oro para Luis Higuero López-Montenegro, que no se me había olvidado, no. ¿Cómo se me iba a olvidar si Luis no es montero, sino que es la mismísima montería extremeña?
Con estas y otras cosas va mi viejo amigo José Luis Domínguez pasando la veda entre el cariño de toda su gente. Su gente, entre la que me cuento como incondicional.