Juan Carlos Peláez es un hombre de campo, cazador y cocinero autodidacta. Como hombre de campo que es, gusta de incluir en sus recetas esas joyas –níscalos y espárragos– que los aficionados recolectamos con afán en cada temporada.
Como cazador, centrado en los conejos y zorzales, o en los cochinos y venados, que pueblan las sierras andaluzas, alegra al lector con una serie de breves narraciones familiares de caza, clasificadas por especies, igual que las recetas. Finalmente, como cocinero, manifiesta una notoria inquietud, tanto en la inclusión de algún elemento exótico en sus recetas –la cerveza negra o la fulful bhar para alguna salsa–, como en la cuidada presentación de sus platos.
Ese maridaje clásico del ajo, la seta silvestre o el fino de Montilla, alterna con la cohabitación –nada forzada– del foie, el oporto, las avellanas o la torta de granos de anís y amapola, que revelan imaginación y gusto por la variedad. Si añadimos a ello una dosis de humor como la presente en el relato de “Santiago, el cocinero canario”, o “el mejor arroz de mi vida”, tendremos compuesto un libro que pasa por las manos del lector despertando sonrisas y anotaciones –para probar qué tal sale el próximo guiso con esa variante–, finalizando en una treintena de páginas didácticas, llenas de útiles consejos acerca de las características de las carnes de caza y la aplicación a las mismas de variadas técnicas culinarias, desde las más tradicionales –escabeche, ragú– a las más modernas –papillot, glaseado–.
Una acertada maquetación del editor combina la imagen y la palabra, la foto en sepia de recuerdo familiar con la fuertemente iluminada del plato listo para servir.
Juan Carlos Peláez,
La caza en la cocina
Ed. Almuzara, córdoba, 2006; 270 pp.,
fot. color; papel ahuesado; 24 x 22 cm.;
pedidos@editorialalmuzara.com;
PVP: 35 euros