Tico Medina
Última actualización 26/01/2011@11:42:42 GMT+1
Es el tiempo de la becada, cazadores. De la escopeta y del plato. En los restaurantes manda en estas fechas de Navidad. Por cierto y antes de seguir más adelante, muchas, muchísimas felicidades en estos días, a pesar de lo que está cayendo, y también en el año nuevo, que sea mejor que el que se fue.
Tendrán que esforzarse mucho los cazadores para encontrarla, entre los que me encuentro sin encontrarme. Pero eso sí, aunque no haya disparado un solo tiro de plomo, sí que lo hice con el de papel, aunque sin tirar a matar, esto es, señalando tan sólo. Pero no pierdo la esperanza. Igual el año que estamos, ya el once, me tienen ustedes en la dura lid del barbecho y de la sierra. Rezaré en silencio a San Huberto, que para eso tengo en plan pisapapeles al ciervo del milagro con la cruz encendida sobre el hermoso candelabro de sus astas. Es la medalla del Club de Monteros, premio Jaime de Foxá, que en cuanto puedo echo como tarjeta de visita por delante. ¡Me siento tan orgulloso de él!
El pico largo de la becada me gusta mucho, que parece como si se tratara de ese narval, éste de pluma que tiene Miguel de la Cuadra Salcedo, cazador de la aventura al que quiero tanto, con el que a veces hablo y con el que siempre quedo, aunque no nos veamos nunca.
La becada, hermosa y altanera, rara y rica, que ha tardado tanto en llegar a los buenos restaurantes y sólo en temporada, como debe ser, si bien no a los ricos libros cinegéticos.
Caza de cazadores. Ya han visto como Mouriño sólo habla de cazar, de cazar goles como sea, y hasta insiste en que prefiere un buen perro que un mal gato, tal vez por que conoce el dicho –hay muy buenos cazadores portugueses–, que dice: “No hay cazador sin perro”.
Claro, claro, por eso los sabuesos de Scotland Yard cazaron al de los informes increíbles, al cazador de historias que hicieron temblar el mundo. Y es que vivimos una época de cómo cazar a los cazadores, que ahí estan los que han cazado al cazador de nazis llamado Gould. O los que cazan a los grandes de la información y la economía.
Mientras tanto se han puesto de moda hasta los trofeos de cabeza de ciervo de hasta catorce glorias, pero hechos en punto, de lana, o sea que en vez de olor a lo suyo, al campo, a la berrea, huelen a llama o a vicuña.
Es que se pretende como sea asemejarse al hermoso arte de la caza. Y si no, miren cómo se siente feliz el rey de la moda, Cavalli, al que llaman el rey del leopardo, que este año se lleva tanto en tiempo de Navidad, aunque sea tiempo de becadas, que a veces parece que tienen las rayas del tigre. Se ve mucho este tipo de elegancia, en todas partes, tanto es así que no tienen ustedes más que ver cómo se va a llevar, incluso en las grandes fiestas, sin tener que ser Lady Gaga, que la lleva hasta en las bragas.
Garabato de Dios. Vargas Llosa, por si quieren hacerle un regalo, sigue coleccionando pequeños hipopótamos. Se sabe que incluso la familia los buscó para el nuevo y merecido Premio Nobel y cazador de historias como nadie.
También se está hablando mucho últimamente de la jirafa, al que en su día este servidor de ustedes llamo el “garabato de dios”.
Bueno pues ahora vamos a ver en el cine, creo, la historia de aquélla jirafa que regaló un gran rey de Egipto a un político francés. Se la envió en un barco especial desde El Cairo hasta Marsella y desde esta ciudad de la mar a París a través de un largo y fascinante viaje.
En fin, por noticias que no quede. Las ando buscando por todos sitios, ojeando y hojeando, a todas horas, igual que ésta: he visto en uno de los puestos de navidad de la Plaza Mayor de Madrid a un pastor, de los del Belén, con escopeta. No le va mal, pero no pega, por lo que he preguntado al dueño del puesto si se vende mucho y me ha dicho: “De los que más. Ha tenido mucho éxito”.
Yo, que me ha entrado la moda de la becada, que no es ni mucho menos una de esas nenas que vienen a rendir en ausencia de los profesionales, aunque a veces sean más profesionales que los otros, ando buscando dónde puedo saber más sobre ella, de cómo “vuela” en el plato.
De momento, les diré que he descubierto un sitio pequeño, cerca del Ministerio de Defensa, que se llama así, La Becada.
Les tendré informados en la próxima cita de 2011, que la becada tiene un largo pico, como el de mi oficio, a veces más largo de la cuenta, no hay más que ver algunos programas de la tele por la tarde. Así que me despido y en esta ocasión también me firmo, con permiso de mi director, yo mismo: Pico MEDINA.